Diario Uno Opinión Diego Fischer
Análisis y opinión

Diego Fischer rescata la historia de las dos únicas beatas uruguayas, muertas en la guerra civil española

Escritor, guionista y periodista, el uruguayo Diego Fischer, es autor de "Cuando todo pase", que cuenta la historia de dos beatas que fueron asesinadas durante la guerra civil española

La historia de las hermanas uruguayas Dolores y Consuelo Aguiar-Mella Díaz era poco conocida en su propio país, pese a haber sido beatificadas por el papa Juan Pablo II en 2001.

Diego Fischer, escritor, guionista y periodista de fecunda trayectoria dio con ella de manera tangencial, cuando juntaba algunos apuntes sobre un asunto cercano. Primero supo de otro joven uruguayo, Daniel Cibils Salvañach, relacionado con el famoso colegio español de El Escorial. Luego entró en escena la familia Aguiar-Mella Díaz.

Seguir leyendo

Todos ellos desembarcaron, por distintas rutas, en la España de los años treinta, cuando estaban a punto de alumbrar la República y, a renglón seguido, la sangrienta guerra civil que provocaría el martirio de Dolores y Consuelo.

Esos destinos conforman el núcleo narrativo de Cuando todo pase, “una historia verdadera que emociona y conmueve”. Una historia de amor y solidaridad, pero también de miserias del alma y de egoísmo. Sobre el telón de fondo de esa España convulsionada desfilan personajes de la talla de Carlos Gardel, Ortega y Gasset, Unamuno, Machado, García Lorca y hasta Santiago Bernabeu, el ídolo futbolístico del Real Madrid.

Fischer, autor de casi una veintena de libros con base documental, dialogó, desde Montevideo, sobre su nueva novela y, de paso, sobre el envidiable vigor institucional del Uruguay, con el programa La Conversación de Radio Nihuil.

-Hola, Diego. ¿Queda lugar para ustedes, los uruguayos? ¡Parece que los argentinos nos estamos yendo todos para allá!

-(Ríe) Hay muchos. Bienvenidos son. Estaba viendo que, después de 18 meses, un avión de Aerolíneas Argentinas había aterrizado en el aeropuerto de Laguna del Sauce, cerca de Punta del Este. O sea que comienzan a abrirse las fronteras lentamente. La pandemia nos da una tregua, ¿no?

-Hablando con otro colega, el británico John Carlin, nos decía que las migraciones acompañan a la humanidad desde sus albores. Tu libro, Cuando todo pase, cuenta de dos familias uruguayas que viajan a España en los años treinta. Hoy, nos toca a los argentinos ir para allá. Andamos siempre de un lado al otro, ¿no?

-Sí. Sobre todo, en el Río de la Plata en los últimos cincuenta años. Ocurrió cuando muchos uruguayos, por razones económicas, buscando un horizonte que el Uruguay no podía darles, se fueron para la Argentina; o han sido los argentinos que, a veces por razones políticas o por buscar una mayor calidad de vida, un mayor contacto con la naturaleza, se vienen para aquí.

-¿Cómo apreciás el fenómeno actual?

-Está viniendo mucha gente, sobre todo, de Capital Federal. Muchos porteños que buscan la serenidad de la costa uruguaya. Eso ha sido muy evidente en Punta del Este donde los colegios han recibido un número realmente importante, primero de consultas y luego de inscripciones para el año lectivo próximo.

-¿Y en Montevideo?

-También se ve. Pero mucho más en la costa de Maldonado.

-Debido a nuestras recurrentes crisis políticas, hemos envidiado durante estos años la seriedad y la regularidad institucionales de dos países limítrofes, pese a ser más chicos, como Uruguay y Chile, aun reconociendo los conflictos recientes de este último. ¿Cómo han hecho? ¿Cuál es la clave?

-En Uruguay hay una tradición democrática muy fuerte, por sobre todas las cosas. No puede haber estabilidad económica si no hay estabilidad política. Eso está en la tapa de los libros.

-¿Cómo ha sido, grosso modo, el itinerario?

-Salvo el paréntesis, por cierto, doloroso, prolongado y muy triste de la dictadura militar entre 1973 y 1985, Uruguay tuvo, a lo largo del siglo XX, desde comienzos de la década del diez, una estabilidad política que permitió un crecimiento económico muy importante. Y, a la vez, tuvo un proceso de reformas sociales que instalaron, afortunadamente, una clase media muy poderosa.

-La clase media es un segmento muy activador, ¿no?

-Cuando la clase media se vio afectada en sus derechos fue cuando las instituciones cayeron. Pero, evidentemente, en Uruguay se mantiene esa clase media vigorosa y eso ha sido reflejo, también, de políticos serios, con un grado de corrupción acotado. Y hay una educación cívica.

-¿Cómo lo ejemplificarías?

-Si vos me preguntás cuál es uno de los días más felices que uno pueda vivir, te diría que es el de las elecciones. El día en que uno va a cumplir con el deber cívico, en silencio, sin aspavientos, de poner el voto en la urna y decidir con la conciencia el futuro que uno quiere para el país.

-¿Esa conciencia cívica ya es parte de la idiosincrasia uruguaya, entonces?

-Eso está muy arraigado en los uruguayos, así como está muy arraigado el respeto a las instituciones políticas o a las investiduras, como la investidura presidencial, fuere quien fuere el presidente.

-¿Es así también hoy?

-Afortunadamente ahora tenemos un presidente que goza de una enorme popularidad. Un hombre joven. Y, más allá del doctor Luis Lacalle Pou, está la investidura presidencial, como decía.

-¿Cómo se ha llegado a este punto, contando desde la dictadura?

-Desde el retorno a la democracia, en 1985, todos los partidos políticos se han alternado en la presidencia. Hubo dos periodos del doctor Luis María Sanguinetti, del Partido Colorado, un hombre de una experiencia política extraordinaria, un verdadero estadista y de una cultura excepcional. Luego, el padre del actual presidente, el doctor Luis Alberto Lacalle, del Partido Nacional. Otro hombre de una vasta cultural, proveniente de una familia patricia, fundadora del Uruguay; de una familia política, sobre todo.

-Quien vino después también pertenecía a una familia política, ¿no?

-Sí. El doctor (Jorge) Batlle era integrante de una familia política del Partido Colorado que dio al país cuatro presidentes de la República, desde el siglo XIX hasta el siglo XX.

-Y después hubo un cambio de rumbo…

-Llegó la izquierda con el doctor Tabaré Vázquez. Luego, quizás lo que más nos llame la atención haya sido el gobierno de José Mujica. Y ahí fue la prueba de fuego.

-¿Cómo les fue?

-Las instituciones soportaron a Mujica en la presidencia, con todo lo que su historia y su historial significan.

-Claro, porque él estuvo ligado a la guerrilla.

-Sí, sí, sí. Fue uno de los primeros hombres que se levantaron en armas contra el gobierno democrático. Los Tupamaros dicen que ellos defendieron la democracia y lucharon contra la dictadura.

-¿Y no fue así?

-No, no, no. Eso es un disparate, contrariamente al discurso que anda por ahí en muchos lados. Ellos caen presos, en su mayoría, dos años antes de que los militares tomaran el poder. Estuvieron detenidos en condiciones infrahumanas. Eso es parte de la historia, también. Pero el país atravesó el gobierno de Mujica, que fue el peor de la era democrática en el Uruguay, pudiendo superar esa instancia sin mayores sobresaltos.

-La atravesó hasta llegar, ahora, a Lacalle Pou.

-Este es un gobierno de coalición de cinco partidos, que le ha tocado bailar muy feo con la pandemia. Fíjate tú que la coalición asume el gobierno el 1° de marzo de 2020 y el día 3 estaban anunciando el presidente y el gabinete entero la llegada del covid.

-¿Cuál es la situación actual?

-Hace ya unos meses que estamos saliendo, afortunadamente, debido a un muy serio manejo de la pandemia y de una vacunación que nos ubica hoy en el segundo o tercer lugar en el mundo.

-¿Cuál ha sido el saldo de las medidas adoptadas? En Argentina todavía se discute eso.

-No ha sido gratis todo esto. Ha implicado un esfuerzo muy grande de todos los ciudadanos; una colaboración muy importante; pero, sobre todo, una seriedad y una transparencia por parte de la gestión del gobierno de coalición.

-En suma, esa alternancia política razonable en la conducción del país es la que nosotros envidiamos.

-Hay una cosa que a los uruguayos nos pone muy orgullosos: que los expresidentes habitualmente se sientan a una mesa y conversan. Y tienen un diálogo telefónico permanente. Eso hace que la institucionalidad sea muy vigorosa y fuerte. Y poco tiene que ver un José Mujica con el actual presidente o con el doctor Julio María Sanguinetti.

-Tan simple como eso: espíritu de colaboración…

-Cuando se tiene que decidir sobre un problema o algún tema fundamental que implique una política de Estado, cualquiera sea el presidente de la República que esté ocupando el sillón, convoca a sus colegas para conversar. Y ese diálogo es permanente, más allá de las cámaras.

-Pasemos a tu nueva novela. Se nota que, para hilvanar toda la trama, has debido hacer un pormenorizado rastreo periodístico y documental.

-Sí. Todos mis libros se sustentan en investigaciones periodísticas. Siempre destaco eso porque hace 41 años que ejerzo la profesión. No soy historiador, pese a que me encanta la historia.

Beatas uruguayas.jpg
Consuelo y Dolores Aguiar-Mella Díaz

Consuelo y Dolores Aguiar-Mella Díaz

-El caso que motiva esta trama es muy caro a ustedes, los uruguayos.

-Se mueve en torno a las primeras y únicas beatas que existen en el Uruguay, Consuelo y Dolores Aguiar-Mella Díaz, si bien hay otros procesos de beatificación en curso, que llevarán muchos años.

-¿Era un hecho muy conocido en tu país?

-Prácticamente nada. Un poco, sí, entre la grey católica. Como periodista, cuando trajeron las reliquias, sus restos, recuerdo haber leído un par de notas. Pero no me despertaron demasiado interés.

-¿Qué pasó que te hizo cambiar de actitud?

-Hace tres años, una hija de otro de los protagonistas de la historia, Daniel Cibils, me cuenta una anécdota sobre padre estudiando en El Escorial en 1931. Ahí dije, ¡caramba! Por lo pronto, había una historia por investigar.

-El Escorial, con el Colegio Alfonso XII, termina siendo un personaje más de la novela.

-Sí. En un telón de fondo, pasa a ser un espacio protagónico. Recordemos que El Escorial es esa maravilla que queda en la sierra de Madrid, muy cerca de la Capital. Es un patrimonio de la humanidad. Allí funcionaba y ahora vuelve a funcionar el Alfonso XII, colegio característico de príncipes, reyes y señoritos.

-Adonde llega, justamente, un uruguayo.

-Daniel Cibils Salvañach, sobrino y ahijado del embajador uruguayo en Madrid de aquellos años.

-Un uruguayo, dicho sea de paso, que, apenas llega, se gana el afecto de todos sus compañeros porque la rompe jugando al fútbol. ¡Hasta despierta el interés de Santiago Bernabeu, nada menos!

-Claro. Que lo ficha. Santiago Bernabeu era ya una gloria del fútbol español, pero estaba retirado. Y como era exalumno de El Escorial, solía ir cuando se disputaban partidos entre alumnos y colegios, justamente para fichar nuevas figuras. Ahí es cuando lo ve jugar a Daniel.

-Que desembarca con toda una marca en el orillo…

-Llega con el halo de venir del país que había ganado, meses antes, el primer campeonato del mundo.

-Más allá del halo, jugaba bien de verdad.

-Era un excelente jugador porque había aprendido en el Colegio Seminario de los jesuitas, en Montevideo.

-Fuera de esa anécdota personal, el joven Cibils se encuentra con una España en un momento muy particular de su historia.

-La historia se enmarca en la década del treinta cuando cae la monarquía. El rey Alfonso XII huye, se traslada a Francia y, de un día para otro, los españoles amanecen en una república, cuando habían sido siempre un reino, con la excepción de la época de Napoleón y durante unos pocos años.

-Y, encima, una república nueva, pero muy belicosa.

-¡Claro! Curiosamente, uno de sus primeros presidentes es Manuel Azaña, que luego va a venir a Montevideo y a Buenos Aires. Era un hombre católico, como el 90% de los españoles de aquella época.

-Y en ese momento Uruguay se implica directamente.

-Uruguay es el primer país que reconoce al régimen institucional como tal. Y va a ser luego el primer país en romper relaciones con la República a raíz del destino que tienen Consuelo y Dolores en el año 36.

-Hay otro elemento importante. Tu libro nos hace recordar que aquella España era la de Ortega y Gasset, Unamuno, Machado… que tienen, también, protagonismo en el relato. Vos transcribís un discurso de Ortega que, aun hoy, es magistral. También estaba García Lorca, de visita por el Uruguay, entonces.

-Sí, sí. García Lorca estuvo viviendo, primero, cuatro meses en la Argentina, alojado en el hotel Castelar de Buenos Aires. Después vino quince días a Montevideo e hizo historia.

-Como dato adicional, te cuento que hace poco entrevistamos al escritor peruano Santiago Roncagliolo, autor del libro El amante uruguayo, donde cuenta la historia afectiva entre Federico García Lorca y Enrique Amorim.

-Enrique Amorim estaba casado con Esther Haedo, que era prima de Jorge Luis Borges. En su casa de Salto, llamada “Chalet Las Nubes”, una hermosísima propiedad que aún está, inspirada en Le Corbusier, había un cenáculo que integraban Borges y Bioy Casares, entre otros; la flor y nata de la cultura y la literatura del Río de la Plata.

-Ciertamente es en ese ambiente donde se mete el libro en cuestión.

-Un libro muy bien escrito por Roncagliolo. La cuestión es que entre las familias Haedo y Amorim la cosa cayó muy mal. Él sostiene la teoría de que Federico fue trasladado y enterrado en el monumento que se le hizo en Salto.

-Hablando de nombres famosos de la época, vos hacés una picardía. Aprovechando que Consuelo es fanática de Gardel le dejás decir, sin corregirla, que Carlitos es uruguayo. ¡Un acto de apropiación!

-(Ríe) No nos vamos a pelear…

-No. El problema es que Gardel no les pertenece ustedes ni a nosotros, porque está probado que nació en Francia.

-(Sigue riendo). Bueno, es un tema para discutir. Pero es absolutamente cierto que Consuelo estaba enamorada de Gardel; de un Gardel que ya empezaba a ser Gardel. Y ella asiste con una amiga y un galán al estreno de Luces de Buenos Aires, la primera película sonora en la que actúa Gardel. Y se muere de la emoción cuando lo ve allí.

-Además, fue un impacto su estreno.

-Esperaban que la película, estrenada en el principal cine de Madrid, durara una semana en cartel ¡Y estuvo tres meses! Lo cual habla de lo que era ya la figura de Gardel.

-Ese es, pues, el escenario donde se iba a decidir el destino de estas mujeres uruguayas.

-Una de ellas (Dolores) no pudo ser monja por una enfermedad pulmonar que la dejó con secuelas para toda la vida. Pero, ni bien pudo, hizo votos de pobreza y castidad. Y la hermana, la que estaba enamorada de Gardel, quiere conformar una familia, tener hijos y llevar una vida convencional, no religiosa.

-¿Cuáles eran sus valores?

-Son mujeres que hacen de la solidaridad, no un enunciado, sino la práctica. Lo mismo hace Daniel Cibils, que era un chico de 18 o 19 años.

-Un amigo español que nos escucha dice que no solo durante la guerra civil sino también en la revolución de Asturias se asesinaron a sangre fría cientos de religiosos y religiosas por sus convicciones. Muchos fueron declarados beatos y santos.

-Exactamente. Está muy bien informado tu amigo. Yo en el libro apenas me asomo a la guerra civil, porque la historia termina en 1936. En estos días -el domingo 19- se cumplieron 85 años del asesinato de Consuelo y de Dolores.

-La guerra había empezado poco tiempo antes, ¿no?

-Empezó con el pronunciamiento del 18 de julio del 36. O sea, que yo avanzo dos meses más. No quise, no puedo entrar al tema de la guerra civil por una sencilla razón: no tengo la información suficiente para ponerme a escribir sobre un tema tan importante. Por otro lado, a tantos años de terminada, las heridas no están cerradas. Hubiera sido una falta de respeto hacia los españoles y hacia la gente que murió y sufrió en esa guerra.

-A su vez, vos le encontraste la veta uruguaya. Eso está muy bien porque los españoles se han dedicado y se siguen dedicando a contar su propia contienda.

-¡Claro! Y con distintas miradas. Todavía hay mucho encono, ¿no? Es un tema español, entonces, que yo abordo desde esos personajes uruguayos que son testigos privilegiados, al principio, de la caída de la monarquía, de la crisis terrible que vivía España.

-Un país con una enorme historia a sus espaldas.

-No nos olvidemos que España fue la potencia universal más grande que hubo en la historia. Y no hace tanto tiempo. Tres o cuatro siglos atrás. Aquella España donde nunca se ponía el sol. Desde los Países Bajos hasta la Antártida, todo le perteneció.

-Pero es cierto que aquella España de los años treinta era algo muy distinto.

-Sí, aquella España a la que llegan Daniel y el embajador Castellanos, lo mismo que Consuelo y Dolores, era un país donde, en 1930, el cincuenta por ciento de las mujeres no sabía leer ni escribir; y los hombres, un poquito menos: el cuarenta y seis por ciento. La injusticia social era enorme.

-Una situación que la ponía a la par de nuestros países.

-Pero, por otro lado, mirá lo que son las paradojas. Estaba la generación más brillante de intelectuales que tuvo España -e Hispanoamérica, creo yo- hasta el presente. Solo superada o empatada, en el caso de España, por los escritores y poetas del Siglo de Oro.

-Exactamente. Es lo que mencionábamos recién.

-Es la generación del 98. La generación de Machado, Unamuno, de Ortega y Gasset, que juega un papel importante en el libro.

-¿Por qué? Recordemos.

-Porque ellos estaban hartos del rey, de la monarquía. Y vieron la oportunidad, a través de las vías democráticas, de cambiar la realidad. Se sintetiza en esta frase de don Miguel de Unamuno: “Me duele España”.

-¿Cómo se asociaron?

-Conformando una agrupación política que llegó a tener una media docena de diputados en las cortes. Es ahí donde José Ortega y Gasset pronuncia ese maravilloso discurso que, hoy, coincidirás conmigo, sigue teniendo una enorme vigencia para nuestros países, para el Uruguay y para Argentina.

-Sobre todo para la Argentina.

-Sería interesante, en estos días tan difíciles, que los periodistas, los colegas como tú, difundieran ese texto conmovedor.

-Vuelve a decirnos nuestro amigo español, ya que hablamos de la poca alfabetización de la época, que a aquella generación brillante de España le faltó un Sarmiento.

-Y sí. Lo cual habla también de esa injusticia social que había. Aquellos intelectuales tratan de dar batalla con convicción, con las armas que ellos tienen; dar batalla en el Parlamento, en las cortes.

-Pregunta obvia: ¿qué armas tenían?

-Las ideas y el escribir.

-Para cerrar, apelamos a Yuval Noah Harari quien afirma que este siglo es el menos violento de la historia. ¿Qué opinás vos, que te has metido de lleno en episodios tremendos, fratricidas, como la guerra civil española? ¿Se vienen otras violencias, pero no tan sangrientas como las vividas en el siglo XX?

-Si lo medimos en cantidad de muertos, sí, posiblemente lo que va del siglo XXI sea mucho menos violento que el siglo XX con dos guerras mundiales, guerras civiles, etcétera. Ahora bien, hay otras violencias que cuestan muchas vidas como el narcotráfico, la droga, la pobreza de enormes porcentajes de países y sociedades que en una época fueron muy ricas en toda América Latina. O todo lo que pasa en Europa con la inmigración, entre otros asuntos.

Temas relacionados: