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De la negra pesadilla de Dady al candor del padre Horacio Verbitsky

Verbitsky juega a ser un vicario vaticanista de la moderación mientras Dady Brieva descarrila antes de subirse al camión con el que sueña matar a opositores

Digamos que tiene parte de razón el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, cuando dice que quienes participaron de los recientes banderazos no son "la" gente ni "el" pueblo ni "la" Argentina", es decir que no son el conjunto de la argentinidad. Pero digamos también que esos manifestantes nunca dijeron representar esa totalidad. Los que sugieren "ir por todo" son otros.

Al funcionario le faltó especificar entonces que, a pesar de que las protestas son críticas de la gestión de gobierno, los aludidos manifestantes son ciudadanos, parte del pueblo y argentinos. Tenemos un gobierno que usa un lenguaje inclusivo, pero que diferencia a los "argentinos de bien" (los que no protestan) de los otros, los supuestos odiadores seriales.

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Hoy en la Argentina no es fácil seguirle el discurso al oficialismo. El ministro bonaerense Sergio Berni reveló que a los referentes de los derechos humanos, afines a la Casa Rosada, se les ofreció hacerse cargo de Asuntos Internos, el organismo que controla el buen accionar de los policías de la Bonaerense, pero que salieron disparados porque los sueldos eran bajos. El cristinista Berni explicó que a esa dirigencia le gusta viajar, dar charlas por el mundo y ganar bien, no trabajar. Nadie sensato de la oposición se hubiera animado a ir tan lejos.

Gusto a rancio

El kirchnerismo setentista hace aspavientos para fustigar a la clase media. La llama "la clase mierda". Y el Partido Justicialista bonaerense lanza comunicados contra los banderazos donde insiste en hablar con un lenguaje de los años '50 del siglo pasado. Denuncia "el odio oligárquico y mendaz". Y fue el peronista Eduardo Duhalde, no un opositor, el que batió el parche de un posible golpe de Estado y el que adelantó que peligraban las elecciones legislativas de 2021, dos disparates soñados.

Ahora es el bueno de Dady Brieva quien nuevamente pone en palabras las peores pesadillas de los fanáticos al reconocer que si por él fuera el 12-O hubiera salido con camiones a aplastar a los manifestantes de la 9 de Julio "como si fueran bolas de bowling". Dicho deseo ya lo cumplió un extremista musulmán el 14 de julio de 2016 cuando mató con un camión a 86 personas por las calles de Niza mientras celebraban el Día nacional de Francia.

Esa vetusta estupidez de mofarse de la clase media, cuando no hay sector más dinámico en el entramado social, es tan incomprensible como la insistencia del gobierno en mostrar a Hugo Moyano y a su hijo Pablo como ejemplos de dirigencia sindical, y en mantener un discurso anti empresario, siendo que sin el empuje de la actividad privada no habría otra forma de generar empleo genuino.

La ley de la calle

Hay un núcleo significativo de la clase media que está movilizado. Es un hecho interesante de la política argentina. Pero el gobierno se niega a tratar de entenderlo. Que Lázaro Báez no pueda volver a su casa en un country porque los vecinos acomodados consideran que es un corrupto, no es un dato para soslayar.

Lo que no pueden terminar de aceptar en las usinas de gobierno es que el medio pelo se dedique al ejercicio constitucional de la protesta en la calle. La concepción es que están aburridos porque por la pandemia no pueden ir al club, ni al cine, ni la costa atlántica.

Montonerismo beato

Llama la atención que mientras la ex montonera Miriam Lewin anuncia la creación de un nuevo organismo estatal para controlar las noticias falsas y la "violencia simbólica" de la prensa independiente (¡como les gustan los términos como observatorio!), otro de los sumos sacerdotes del montonerismo, Horacio Verbitsky, haya asumido la función vaticanista de vicario general del dogma kirchnerista a fin de denunciar "la radicalización" de la oposición.

Vertbisky dice ahora cosas como que "es increíble la prepotencia y la provocación de esta gente" (los de los banderazos) y la contrapone a la moderación con que, según él, se maneja el oficialismo.

Cuesta pensar que es la misma persona que en la tercera presidencia de Juan Domingo Perón se alzó como parte del grupo terrorista Montoneros contra el orden constitucional al pasar a la clandestinidad y declarar la guerra revolucionaria.