Análisis y opinión

Cuidacoches y lavadores de autos crecen sin control en el parque San Martín

Nuestro parque San Martín debe cumplir las normas de convivencia que rigen para el resto de la Ciudad y el Gran Mendoza. Y la política debe generar soluciones creativas para encauzar la falta de trabajo

Una legión crece en algunas calles del parque San Martín. Hay lavadores de autos en la vía pública, cuidacoches que se multiplican y supuestos ordenadores de tránsito, los famosos "trapitos", que invitan a estacionar en zonas no permitidas cuando hay eventos artísticos o deportivos. Cada vez son más. El horario preferido: la tarde-noche

Es como si en el Parque -uno de los ámbitos más democráticos que tiene Mendoza- se ignoraran las disposiciones con las que los municipios del Gran Mendoza y la Provincia han venido poniendo racionalidad a varias de esas actividades no formales en las calles.

Es indudable que este crecimiento de la calle cómo escenario para sobrevivir está motivado por las reiteradas crisis económicas y sociales, por lo que debe ser la actividad política la que lo enfrente con justo criterio para armonizar el debido respeto a las normas de convivencia con la falta de empleo.

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Una imagen habitual en el parque San Martín.

Una imagen habitual en el parque San Martín.

Aquellos manteros

En Mendoza en los últimos 40 años hemos visto cómo algunos de esos fenómenos callejeros fueron advertidos y tratados con buen criterio. Recordemos, por ejemplo, cuando la Ciudad enfrentó y le dio una solución acorde -a fines de los ´80- al tema de los manteros que habían ganado las veredas de las principales avenidas del Centro para ofrecer todo tipo de artículos, muchos de procedencia dudosa.

En su momento la actividad de los manteros fue analizada, discutida y prohibida porque afectaba al comercio legalmente establecido (que es el que paga, junto con los ciudadanos residentes, las tasas que permiten hacer funcionar en parte un municipio) pero también porque era una apropiación indebida del espacio público. El resultado, duradero, fueron los numerosos mercados persas que hoy funcionan legalmente en el Centro y que nacieron en aquella época al desmantelarse el comercio ilegal de los manteros.

Algo similar se logró años después cuando se desalentó la actividad de los limpiavidrios que habían copado las principales esquinas de la Ciudad y la avenida Costanera. Algunos de estos limpiadores cometieron actos de mucha violencia contra conductores -en particular mujeres- cuando no accedían a dicho "servicio" que era realizado en algunos casos a fuerza de prepos. Ese fue uno de los motivos que llevó a desalentar esa actividad que, además, entorpecía el normal fluir del tránsito y ponía en riesgo la propia vida de los limpiadores.

Arístides y "trapitos"

Más cercano en el tiempo se logró poner coto al trabajo de los "trapitos". Algunos de estos cuidacoches llegaron a tener un fuerte poder en algunas calles del Centro y del Gran Mendoza donde aún no había estacionamiento medido. Allí imponían las tarifas según los horarios y la cara del cliente, lo que daba lugar a discusiones y peleas a trompadas entre algunos de esos "trapitos" y los conductores que se negaban a pagarles determinados precios que no habían sido convenidos previamente. La zona de Arístides Villanueva fue en su momento el caso más mentado.

Con la generalización del estacionamiento medido a cargo de los municipios se logró poner orden en ese tema, permitiendo que varios de esos "trapitos" con buenos antecedentes fueran sumados como tarjeteros oficiales..Es por eso que el actual incremento de trapitos y lavacoches en el Parque debe ser analizado a tiempo para evitar que luego se desborde y sea más difícil de solucionar.

Estamos lavando

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Un peligro atravesar los líquidos derramados por los lavacoches en el parque San Martín.

Un peligro atravesar los líquidos derramados por los lavacoches en el parque San Martín.

La mayor parte de ese crecimiento se registra en la avenida de las Palmeras, ubicada al oeste del Lago del Parque. Allí hay un verdadero lavadero de autos a cielo abierto que se extiende tanto al norte como al sur del edificio central del Club Regatas.

Hacia al norte de Regatas, la Avenida de las Palmeras se divide en tres sectores. Uno vial, otro de estacionamiento, y un tercero que es peatonal y para bicicletas. El lavadero está al medio.

Los restos de la lavaza con la que limpian los coches es volcado hacia el sector peatonal lo que obliga a los caminantes y ciclistas a tener que sortear a los saltos (los que pueden) esos charcos de agua con detergente. Dicha lavaza termina acumulándose contra el sector de las tradicionales palmeras que bordean el Lago con el peligro de que pueda estar filtrándose ese líquido hacia las añosas palmeras,

¿Cómo que nada crece?

Hacia el sur del edificio de Regatas, donde se ubican las canchas de ese club para diversos deportes, los limpiadores eran hasta hace un tiempo acotados y aparentemente controlados. Pero ahora eso parece ser una pyme. Los cuidadores y "trapitos" han crecido de manera notable y han extendido su zona de influencia.

Primero fue hasta la zona de ingreso al restaurante del Golf Club y ahora ya están llegando hasta la zona del Museo Cornelio Moyano, en particular en el horario de tarde-noche que es, ahora en verano, el horario en que llegan más visitantes al Parque escapando del calor.

El parque San Martín depende de la Provincia, no del Municipio de Ciudad. En los últimos años nuestro principal paseo ha mejorado notablemente el estado de conservación con la nueva empresa que ganó la licitación a la que convocó el ex gobernador Rodolfo Suarez. Los enormes prados están limpios, hay trabajos constantes de mantenimiento, corte periódico de césped, cumplimiento del riego programado y buen estado de la iluminación.

Sin necesidad de hacerlo a la manera Milei, hay que ocuparse de este asunto. Aquí no estamos hablando de "castas políticas" sino de un problema que tiene, por un lado, aristas sociales; y por el otro, hay un uso indebido del espacio público, que es algo que está regulado y que hay que hacerlo cumplir.

Los políticos de la Provincia deberían darse a la tarea de adelantarse y encontrarle la vuelta, como ya han hecho en otras ocasiones ante problemas tanto o más difíciles que éste. El Parque se lo merece.