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Análisis y opinión

Cristina y Macri: Dos caras del largo y penoso estancamiento argentino

Ni Cristina Kirchner ni Mauricio Macri pudieron con la inflación. Tampoco con el crecimiento económico. Mucho menos con la generación de empleo genuino

Es usual leer por estos días que la pandemia fue -y es- un gran acelerador de tendencias que se venían insinuando en la Argentina. En 20 días más las PASO van a ratificar o desmentir parte de esa propensión. Y ahí podremos tener, aunque ellos no son candidatos, una idea más certera de cuál es el verdadero peso político que Crstina Kirchner y Mauricio Macri mantienen en la política nacional.

Cristina y Macri son dos caras de esa misma moneda que cotiza en las cuevas de la grieta. Por distintas graduaciones ellos representan el estancamiento de la Argentina. Pero nadie los va a jubilar por decreto. Sólo la voluntad popular y el humor social serán los que moverán las fichas.

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Como ex presidentes, los dos son "lo conocido". Ni Cristina ni Macri pudieron con la inflación. Tampoco con el crecimiento económico. Mucho menos con la generación de empleo genuino. Ni ella por izquierda ni él por derecha. Ni ella como populista ni él como liberal.

Aquel 40%

Es muy difícil que Macri vaya a tener en 2023 su Segundo Tiempo como pretende su libro de memorias. Hoy no existen chances a la vista. Sobrevuela un convencimiento de que Macri ya tuvo su oportunidad y la desaprovechó, aunque se admite que aquel 40% de los votos que logró en su intento de reelección fue un mensaje político fuerte de los votantes, no tanto para defender a Macri sino para oponerse al "vamos por todo" del kirchnerismo.

En Juntos por el Cambio (JxC) la presencia del ex presidente Macri provoca hoy cierta incomodidad. También en sectores del electorado independiente. Pero esto es Argentina. El reino de lo imprevisible. En España afirman que en nuestro país "un mes es una vida".

En 2015, cuando el kirchnerismo perdió las elecciones presidenciales con su candidato Daniel Scioli, varios analistas dijeron que Cristina Kirchner había muerto políticamente. Que había terminado su ciclo. No solo eso. Una abrumadora cantidad de pruebas se amontonaban en los juzgados donde las causas contra ella y su entorno por enriquecimiento ilícito y corrupción parecían imparables. La mayoría de las causas contra Cristina, su familia y sus socios arrancaron en los dos períodos en que ella fue mandataria. Con Macri en el gobierno se empezaron a mover más.

La renacida

A comienzos de 2018, a pocos meses de haber ganado con amplitud las elecciones de medio término, Macri vivió el crac que terminó con la ilusión de los "brotes verdes". Hubo corrida, devaluación y el país volvió a recurrir al FMI. Fue el momento que esperaba Cristina.

La viuda de Kirchner logró juntar al peronismo, desarmó los proyectos de modernización republicana del partido creado por Perón y, conocedora de que un gran sector de la clase media jamás la votaría para una tercera presidencia, trajo de vuelta al redil a los que la habían criticado sin asco, y puso de candidato a presidente a uno de ellos, Alberto Fernández, ex jefe de Gabinete de Néstor Kirchner, además de "veganizar" a La Cámpora.

La muerta había renacido y estaba de vuelta para concretar una de las experiencia políticas más raras de la historia reciente: manejar el país desde la vicepresidencia. Una especie de ayatolá con faldas por encima del presidente civil.

El factor M

Por estas horas, en la vereda de enfrente, quien lee o ve que Macri se ha sumado a la campaña de María Eugenia Vidal en territorio porteño y que la semana que viene hará lo mismo con Diego Santilli en la provincia de Buenos Aires, no puede menos que preguntarse si eso realmente sumará algo.

Mientras Macri estuvo en el exterior, en Juntos por el Cambio surgieron diferencias respecto de la necesidad o no de su presencia en la actividad proselitista. Para algunos iba a reforzar el voto en distritos importantes del país, para otros sería un efecto perjudicial debido a la imagen negativa del ex presidente en las encuestas.

Otros adujeron que las fotos de Macri al lado de Vidal obedecen a la necesidad de recuperar el voto del electorado duro de la Ciudad de Buenos Aires que, según las últimas encuestas, se estaría inclinando (dentro de la coalición opositora) por Ricardo López Murphy.

Morondanga

Alberto Fernández no ha podido escapar de su prisión pero, paradojalmente, su tabla salvadora ha sido la pandemia a la que ha tenido que dedicarse por completo. Ello ha aquietado en apariencia las aguas del cambiante peronismo y ha buscado disimular sus diferencias con Cristina.

La vicepresidenta ha trabajado con pasión para asordinar y demorar las causas judiciales que la acosan y para poblar de jueces adictos los tribunales penales. Pero no es ésta "república de morondanga" lo que más la desvela.

Macri tampoco parece tener las uñas de guitarrero ni el porte de estadista para poder encauzar la salud económica de la Nación. Pero no son ni ella ni él los que van a cejar en sus intentos de ejercer poder y de tener influencia. Ambos van a estar al salto.

Pobrismo político

Si el triunfo en las PASO es para el Frente de Todos, Cristina se calzará la corona y no la compartirá. Si el kirchnerismo pierde, la vice le enrostrará toda la culpa a Alberto Fernández y a los funcionarios que no funcionan y pedirá que rueden cabezas.

Si por el contrario los votos bendicen a JxC, Macri tratará de atribuirse el mayor porcentaje de influencia en ese resultado y seguramente pedirá revisar la conducción horizontal que hoy tiene la coalición opositora.

Desde el llano, escéptica, la ciudadanía aguardará una lectura honesta y valiente de los resultados y pedirá por la recuperación económica y ética de un país estancado en la infamia y el pobrismo.