Análisis y opinión

Cristina opera sin anestesia: le marcó la hoja de ruta a Alberto y terminó volteando a Kulfas

Ante un auditorio de 600 personas, Cristina Kirchner desplegó algo que le fascina: darle lecciones al Presidente de la Nación

Lo hizo de nuevo, de manera amplificada y sin anestesia. Cristina reiteró la demoledora performance con que suele posicionarse ante el Presidente de la Nación. Esta vez utilizó el acto formal por los 100 años de YPF para hablar mucho, muchísimo, acerca de sí misma, y para recordarle a Alberto Fernández, todo lo que ella ya le había advertido y él no había tenido en cuenta. Hacía tres meses que no se hablaban.

A Cristina le fascina darle al mandatario lecciones sobre cómo se debe gestionar o acerca de qué cosas se les deben decir a los empresarios sin alma. Esta vez lo hizo en público, pero ¿quién puede olvidar aquellas cartas al país, esas con tono de encíclicas paganas que hacían temblar al Gobierno y de paso a todo el país? En la ceremonia de YPF no se privó de volver a restregar ante el mandatario varias cositas pendientes,

A las pocas horas tras ese acto, el mandatario le pidió la renuncia al titular del Ministerio de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, uno de los dos funcionarios albertistas (junto al ministro de Economía Martín Guzmán) a los que Cristina se la tenía jurada.

Debe admitirse que en ésta movida Kulfas cayó en su propia trampa al hacer trascender "en off" cuestionamientos a la vicepresidenta y a la Secretaría de Energía que manejan funcionarios que responden a ella. Esas críticas asordinadas tenían que ver con la licitación del gasoducto que unirá Vaca Muerta con Buenos Aires.

Previamente, en la ceremonia de YPF, la vicepresidenta había deslizado cuestionamientos al grupo Techint, que ganó esa licitación, y a su dueño Paolo Rocca, por haber utilizado una de sus fábricas de Brasil para construir las chapas de los caños del gasoducto, en lugar de hacerlo en la Argentina. Mirando a Alberto, le espetó que eso era una manera de perder los escasos dólares del Banco Central.

Y delante de todo el auditorio de Tecnópolis, con 600 invitados, agregó que "con los empresarios nunca hay que manejarse como amigos" sino que se los debe tener cortitos. Claro, hay excepciones: Lázaro Báez y Cristobal López son empresarios y siempre fueron amigos de la casa. Y en cuanto al dispendio de dólares, otro conocido funcionario kirchnerista como José López se dio el gusto de revolear bolsos con 9 millones de dólares sin que los kirchneristas dijeran ni pío.

Ojo al piojo

Cristina debe estar disfrutando la caída de Kulfas, pero habrá que estar atentos a lo que pase en los próximos días. Sabido es que cuando Cristina hace su rutina castigadora, le siguen jornadas con aumento de inflación e inestabilidad política.

Para peor, la Vice cada vez consigue menos logros del alumno de la Casa Rosada, quien ahora ha aprendido, como si fuera un adolescente rebelde, a retrucarle, con tono sobrador: "Cristina, el futuro es mejor" le dijo Alberto, con palabras de Spinetta, para sugerirle que ella se ha quedado en el pasado.

El Presidente dejó caer a su amigo Kulfas porque ese ministro se fue de mambo. Alberto consideró que era "éticamente reprobable" que los funcionarios apelaran "al off" para cuestionar a otro miembro del Gobierno, en este caso nada menos que a una vicepresidenta que tiene tanto o más poder (simbólico y real) que el jefe del Poder Ejecutivo.

Anteriormente Cristina ya había logrado que echaran a Juan Pablo Biondi, vocero de Alberto, a quien también Cristina acusaba de hacerle operaciones de prensa en contra.

Sin timing

Como tiempista político, Kulfas la pifió feo. Se largó a la pileta apenas terminado el acto de YPF y usó de manera desaprensiva el "off". Ocurre que el show de Cristina, si bien había sido duro para con Alberto, no era peor que otros en los que el Presidente ya había capeado andanadas similares.

En el entorno presidencial explicaban -antes de que se desencadenara la renuncia de Kulfas- que Alberto "no había salido peor" que otras veces y que incluso ellos esperaban que el desahogo de Cristina sirviera para aquietar un poco las aguas entre las dos líneas políticas en las que navega -a los barquinazos- el Gobierno.

Kulfas había alcanzado a decir algunos conceptos "en on" cuando se retiraba de Tecnópolis. Por ejemplo: "no tenemos amigos en el sector empresario. El Gobierno se sienta a discutir con ellos". A lo cual había agregado: "quedó claro que la lapicera la tiene el Presidente". En efecto, esa lapicera es la que usó Alberto para echarlo y que ahora Kulfas esté observando todo desde su casa.

Cristiina, en cambio, debe estar súper activa monitoreando cuál será el futuro del MInisterio de Desarrollo Productivo, ése que ella tanto quería para los suyos y que ahora va a quedar en manos de un misterio llamado Daniel Scioli.