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Control de precios, descontrol político

Después de las elecciones será necesaria una contribución de toda la dirigencia para evitar mayores penurias a la población

Cuando se llega a la instancia de congelar la suba de una canasta de productos en un contexto inflacionario, es porque se fue de control el manejo de la economía.

La política, que encabeza el jefe del Ejecutivo y cabeza del gobierno de la Nación, es la que diseña la gestión económica, por acción u omisión.

Si se ha llegado a una situación donde la inflación se acelera, pese a que están pisados combustibles, tarifas, y demás precios regulados; y aunque hay atraso cambiario y cepos que alcanzan a las importaciones y exportaciones, es señal clara de que no existe un rumbo cierto en la marcha de la economía.

Sin entrar en la discusión no saldada al interior de la coalición de gobierno en torno de si arreglar o no, ni cómo con el FMI, está claro que la economía necesita una administración coherente, previsible, con metas precisas, en plazos pautados y herramientas conducentes. O sea, eso que se llama plan y que Alberto Fernández desecha, por convicción, por debilidad o por ignorancia.

Hoy estamos todos metidos en un problemón y con la duda de cómo saldremos de la crisis que los niveles de pobreza ya no toleran. No queda margen para desaciertos con un mercado cambiario nervioso y con una economía real que no termina de arrancar por la incertidumbre política.

El golpe de la pandemia está aflojando por estos lares, la actividad económica salió de la cuarentena forzada y el turismo nacional e internacional se presenta como una gran oportunidad. Como contracara, un gabinete disgregado, las tensiones en el frente, la oposición que se frota las manos, y un presidente errático marcan un escenario político que boicotea toda posibilidad de sostener un proceso ordenado y convincente.

Los 1.432 productos que incluyen el congelamiento por tres meses, son una gota en el mar de bienes y servicios que seguirán su derrotero de aumentos, sin enterarse de la polémica en que están todos involucrados respecto de una medida que dista de ser eficaz para controlar la inflación, ni mucho menos las causas que la generan.

Un fenómeno endémico en la Argentina que se ha hecho carne por generaciones en todos los actores económicos no se revierte con el congelamiento temporario de una módica canasta, según nos indican otros experimentos que terminaron en el fracaso. En el mejor de los casos, si se cumpliera la disposición sin faltantes en las góndolas, al final del recorrido el problema seguiría con nosotros.

El plan "platita" y el congelamiento como ejes de campaña

El Frente de Todos sabe que además de la renovación parcial de las cámaras del Congreso y de las provincias, se juega el poder que apuntala la toma de decisiones.

En este momento la dirigencia oficialista y la militancia que le responde están empeñadas en instalar que la puja contra los empresarios formadores y "abusadores" de precios, a la que la oposición sería funcional, es crucial para combatir la suba de precios.

La tesis es que el gobierno no tiene la responsabilidad directa porque no sería un tema de índole macroeconómica, sino un asunto de puja política con el capital concentrado y todos sus intereses, al que es necesario doblegar.

Ni la emisión descontrolada, ni el déficit fiscal, ni la carga impositiva tienen que ver en esto -dicen en el oficialismo-, sino el mercado que se encuentra a merced de los oligopolios y los medios que los amparan. Hay que salir a proteger a los consumidores de los abusos de los que tienen espaldas y cuidar la "platita" que el gobierno les está poniendo en el bosillo, claman.

En el foro industrial organizado por la UIM, Daniel Funes de Rioja, sostuvo que los empresarios no son especuladores sino inversores. El dirigente titular de la UIA y además presidente de la COPAL -nuclea a empresarios de la industria de alimentos-, dijo que lo que necesitan para invertir es que haya reglas claras y estables. Y diálogo.

Es cierto que el Estado debe contar con herramientas para evitar la especulación e instrumentos para controlar o sancionar las prácticas monopólicas, porque a río revuelto ganancia de pescadores. Pero no por eso debe dejar de promover la inversión, la innovación, el desarrollo y la multiplicación de oferta de bienes y servicios. Las políticas de generación de empleo genuino traen consigo la capacidad de consumo en un contexto de inflación razonable.

La pequeña y mediana empresa, prioritariamente, son motores estratégicos en el crecimiento para lo que se necesita sanidad y buena praxis económica, que incluye financiamiento y estabilidad en las políticas macro.

Lo que está a la vista es la carencia de una conducción política capaz de establecer un plan económico sostenible y consensuado que genere confianza en metas y prioridades.

En cambio, además de los manotazos del Gobierno que pueden darle o no réditos para hacer una buena elección en tres semanas, se vislumbra que la gestión de Alberto Fernández está empeñada en autoinfligirse mayores complicaciones en cuestiones de por sí complejas.

Valga como ejemplo el conflicto suscitado en la Patagonia, sobre el que el Presidente eligió la peor respuesta posible: lavarse las manos. Lo hizo a través de una carta pública para descalificar el pedido de la gobernadora de Río Negro, Arabela Carreras. Se ve que aprendió de la lección y los modales de Cristina cuando lo reprendió en público y tuvo que renovar el gabinete Sin embargo, Fernández no le ha quedado otra que recular y disponer la presencia de fuerzas federales para sostener la seguridad en la región.

Así las cosas, independientemente del resultado de las elecciones, será indispensable una contribución del conjunto de la dirigencia para evitar mayores penurias a la población, sin desconocer que la mayor responsabilidad le cabe al Gobierno, o desgobierno.