Análisis y Opinión

Con cada crisis radical, y por hache o por be, Julio Cobos vuelve a estar en el candelero

Julio Cobos fue el vicepresidente más mentado desde el retorno a la democracia. Como gobernador de Mendoza fue discreto, pero tuvo gran "llegada" a la gente

No es habitual que la gente común hable mal de Julio Cobos. Parece que le hubieran concedido a este político mendocino un carnet provisorio de inmunidad. En cambio, sí tiene detractores en sectores de militancia más ideologizada, tanto de la UCR como del kirchnerismo.

Lo ratifica un dato concreto: pasan los años y sigue con buen nivel competitivo en las encuestas, sobre todo para cargos en el Congreso nacional. Posee "llegada" en la opinión pública. Incluso la dirigencia radical que le tiene tirria, acepta que es un referente político que tracciona, así sea en calidad de actor de reparto. Todavía puede ayudar a potenciar una marquesina electoral. Se sabe integrante de una composición, esto es, parte de un todo.

¿Cómo decirlo? A muchos ciudadanos de a pie, no les molesta la vigencia de Cobos.

Sin ir más lejos, en las elecciones legislativas de 2021 los nombres que relumbraban en afiches y boletas de Cambia Mendoza era una tríada compuesta por Rodolfo Suarez, Alfredo Cornejo y Julio Cobos. Para diputado nacional, Cobos superó ese año por 23 puntos al candidato peronista Adolfo Bermejo y algo muy similar ocurrió en Senadores donde Cornejo batió a Anabel Fernández Sagasti.

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Lo complejo

Siempre que hay una crisis política en torno al radicalismo, como ahora tras la derrota presidencial de Juntos por el Cambio, la figura de Cobos -por hache o por be- sale a la luz. Entonces él habla y tiene una técnica especial. En medio de conceptos que buscan sugerir sensatez, él lanza algo que es motivo de comentarios y debate.

Por caso, Cobos salió a apoyar la idea de la UCR de ser neutral ante un balotaje con Javier Milei y Sergio Massa, pero pícaramente dejó caer una frase que se replicó en todos los medios: "Massa no es kirchnerista", con lo cual sugirió a los electores radicales e independientes que el actual ministro de Economía podría ser el mal menor.

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El diputado nacional Julio Cobos.

El diputado nacional Julio Cobos.

A ver: no es que la gente esté pidiendo que Cobos vuelva a ser gobernador ni que lo imagine como futuro presidente de la Nación. Nada de eso. Para ese tipo de cosas ya cumplió un ciclo. Además su momento de gloria fue haber frenado, con su voto "no positivo" la guerra de Cristina con el campo cuando en 2008 él era vicepresidente de la Nación.

Cobos se niega a ser un adorno de esos que, luego de haber exhibido algunos fulgores, no se sabe dónde ponerlo. Por el contrario, y sin ir más lejos, en el living legislativo Cobos no ha desentonado. Además siempre le queda otra cosa que le gusta mucho: atender en su consultorio de referente partidario. Muchos de los radicales que han querido escalar han recalado ante el consejo cobista.

La marca

¿De dónde les viene a algunos políticos esa impronta, esa marca de la que personajes como Cobos hacen gala? Dicen algunos sabihondos que esas características se forjan en la superación de momentos difíciles. Pero es más que eso. Hay un halo, un plus, un don que muchos políticos de los que perduran ya lo traen puesto como sello de origen.

No siempre lo imprescindible es una inteligencia superior, ni una audacia inusual, ni un poder de gestión fuera de lo común. A veces es un detalle de su carácter, un modo de ser, una forma de sonreír.

Cuando el gobernador Roberto Iglesias lo eligió a Cobos para que fuera su ministro de Obras y Servicios, rápidamente se percató de que no era uno del montón. Cobos, que venía de la cantera política de la Muni de Capital y que traía experiencia como decano de la Universidad Tecnológica, tenía un mérito imprescindible para el político: sabía relacionarse, se le daba fácil el trato con la gente. Con la prensa, por caso, le salía como algo natural.

Hombres en pugna

Todos los políticos que hacen carrera tienen su lado denso, sus piojos, pero algunos lo manejan mejor que otros. A Cobos se le daba con fluidez la parte de contemporizar. Son rasgos constitutivos. A Cornejo, por ejemplo, le obsesiona mucho más tener clara la estrategia que va a desarrollar.

Desde hace bastante tiempo Cobos está enfrentado con Alfredo Cornejo, pero ninguno de los dos ha maltratado al otro con saña. Se recelan fuerte y portan facturas para pasarse recíprocamente, pero se frenan a la hora de sacar trapos al sol. Cuando Cobos fue gobernador, Cornejo fue su funcionario estrella, una especie de comodín.

Entre 2003 y 2007 Cornejo fue ministro de Gobierno y titular de Seguridad del Cobos gobernador. Le tocó a ambos apagar incendios por hechos delictuales resonantes que impactaron en el corazón de la gestión cobista. Se acaban de cumplir 18 años de aquella noche en que unas 300 personas se agolparon frente a la casa de Cobos para protestar por el asesinato de Susana Cruz de Rubino, ultimada de un balazo en la cabeza en plena Quinta Sección para robarle la camioneta. Cobos no pudo soportar esa presión espontánea de los que seguramente eran sus votantes y cayó desmayado.

Fíjese, lector, que en otro político eso hubiese sido una mancha en su historial. Sin embargo, en Mendoza el patatús de Cobos no fue leído así; es más, generó una corriente de comprensión hacia el Gobernador. He ahí una de esas marcas de suerte que suelen acompañar a nuestro personaje.

El aborrecido

Cobos estuvo proscripto por su partido. Fue luego de que se asociara con Néstor Kirchner en aquel proyecto supuestamente "transversal" con que el santacruceño lo enganchó al mendocino y a otros tantos radicales del país.

A los 7 meses de pertenecer al primer Gobierno de Cristina Kirchner, ocurrió lo del voto "no positivo". Contra todos los pronósticos, Cobos siguió en su cargo de vicepresidente de la Nación. Se rompieron las relaciones con el matrimonio Kirchner, pero el mendocino entendió que la institucionalidad mandaba que él debía seguir en funciones "

"Yo tengo un contrato con los votantes. A mi me votó la misma cantidad de personas que a Cristina", argumentó. Sobrevinieron tres años y medio en que el kirchnerismo libró una batalla cotidiana para hacerle la vida imposible, socavarlo y hacerlo hocicar. No pudieron.

Cuando en 2015 la Convención nacional de la UCR aprobó en Gualeguaychú integrar Cambiemos con el PRO de Macri y la Coalición Cívica de Carrió, Cobos que perdió la votación ante la propuesta acuerdista de Ernesto Sanz, intentó machacar que ahora la UCR hacía lo que a él le habían rechazado. Pero rápidamente entendió que llorar sobre la leche derramada no era productivo.

Concluimos con una perlita bien cuyana: el ex gobernador peronista de San Juan José Luis Gioja tenía una frase muy graciosa que se la decía en off a cuanto periodista mendocino le pidiera una nota. "Hay que cuidarse de Cobos. Te convence con esa carita de huevón, pero apenas te descuidás te la pone".

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