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Comentaristas de las redes, ese raro invento del Siglo XXI

Ahí van los comentaristas de las redes sociales, apostrofando a diestra y siniestra con felicidad y combatiendo a "lacras" y "ratas" de la sociedad

¿Ha visto usted la fascinación que tienen muchísimos comentaristas de las redes sociales por el adjetivo lacra con el que tildan al que se les ponga a tiro? Todo aquel que no piensa como ellos es una lacra.

Si esta palabra ya suena netamente descalificadora al verla escrita, mucho peor resulta al ser dicha en voz alta. Pruebe. Otro término que los vuelve locos a los webistas es rata, o su versión más clásica rata de albañal. Y no nos olvidemos de rastrero, aunque en este caso puede que denote alguna preparación del insultador.

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Lo cierto es que ahí van por el mundo los comentaristas apostrofando con felicidad y pidiendo exterminar a todas las lacras de la sociedad. La lacra es un defecto, señal de una enfermedad, o un vicio que marca a una persona, pero también se usa para designar a un sector de la sociedad con el que no se comulga. Ergo, a la lacra hay que ubicarla en las antípodas del comentarista-tipo de la web.

Hay foristas de todo color. Están los odiadores consuetudinarios. Los trolls profesionales. Los rencorosos de todo. Los militantes furiosos de uno u otro bando. Los que ponen sensatez. Los que escriben con los codos. Los brillantes. Los graciosos. Los malditos. Los insoportables. Los que marcan tendencia.

Desde el otro lado, donde están quienes cuestionan esa terminología insultante, tampoco suelen contenerse y denominan a los comentaristas como "esa ciénega" o como esa runfla. Dicho sea de paso, admito que me cae muy bien el término runfla. Los silbadores, por ejemplo, para mi son una runfla.

Moderadores, se necesitan

El diario El País, de Madrid, acaba de admitir que no da abasto con su equipo de moderadores para regular la andanada de barbaridades que recibe todas las jornadas en los foros de comentaristas que acompañan sus principales noticias.

El Defensor del Lector de ese periódico ha asegurado que "están volando por los aires los estándares de calidad" que exige ese medio y ha sugerido que dichos foros se abran sólo a sus suscriptores.

En España usan mucho la palabra muladar, término que el diccionario define como estercolero o vertedero de basura, para definir esa zona de los diarios digitales donde la gente se va de boca. Los comentaristas de los digitales vendrían a ser hijos putativos del siglo XXI, así como el de los críticos de cine es un oficio que recién se inventó en el siglo XX.

Lo que suele molestar de los comentaristas es que escriban tan mal y que pongan todo el empeño sólo en putear y no en revisar sus textos ni en acudir al diccionario o a los libros de vez en cuando.

Ojo al piojo

A veces ni me acerco a ese territorio comanche de los foristas porque, me digo, es perder el tiempo. Otras, en cambio, me dejo llevar y me interno en esa selva porque el periodismo me ha enseñado que en el barro es posible encontrar gemas.

En algunas ocasiones esas incursiones me divierten; en otras, me irrita la profusión de ideas bizarras o el desesperante nivel de prejuicios o de intolerancia, y no faltan las veces en que me río "a mandíbula batiente" como prometían en los cines al pasar las viejas colillas (hoy trailers) que anunciaban una película cómica.

Nos guste o no, los foristas existen y están para quedarse por muchísimo tiempo. Se han ganado un espacio, y valen, pero por lo general juegan a ser más de lo que son. Tienen la prepotencia del nuevo rico, pero también la poderosa fuerza de las realidades que nos cuesta digerir.