ver más
Análisis y opinión

Columna no apta para políticos: matar la muerte y envejecer activamente

Editado por Andrés Gabrielli

Desde la radio se percibe mejor el mundo. Siendo un medio “tradicional”, la ubicuidad que permiten las tecnologías de la comunicación modernas, sumada a la empatía que se logra con el oyente, dotan a esta vieja y querida herramienta de una sensibilidad muy fina, muy artesanal, para detectar el humor colectivo.


Sensibilidad que el grueso de la dirigencia política tiene embotada, embarrada por las exigencias que le plantea su masa societaria, su club de amigos, ávido por hincarle el diente a los recursos públicos.

Cada uno habla desde su propia experiencia, se entiende. Y lo que nos pasó esta semana a quienes hacemos la mañana de Radio Nihuil, en el programa Primeras Voces, fue la honda repercusión que causó una charla, desde Barcelona, con Manel Domínguez.

Domínguez es, entre otras cosas, coordinador del Máster Universitario en Comunicación Digital y Nuevas Tecnologías de la Universidad Abat Oliba y autor de la tesis “El envejecimiento activo en la sociedad del conocimiento. Análisis del caso Citilab de Cornellá”.

El motivo inicial de nuestra entrevista nos lo dio una nota en el diario ABC titulada “Envejecer con actividad digital alarga la vida”. Lo cual concentraba dos de los grandes asuntos de este tiempo de pandemia: el destino de los adultos mayores, hoy por hoy víctimas principales del coronavirus, y la digitalización forzada que envuelve a nuestra existencia encuarentenada.

Dos temazos, para decirlo en criollo. A años luz de distancia, por ejemplo, del empecinamiento del gobierno nacional por forzar una Reforma Judicial que, lejos de atemperar los ánimos, va a llevar a un extremo de tensión y enfrentamiento a la ya fatigada, abrumada, embroncada sociedad argentina.

En fin. En otra nota del ABC, el divulgador científico Eduard Punset se pregunta, desde el título: “¿Qué causa el hastío político en la sociedad?”.
La respuesta está servida.

Volvemos a ser jóvenes


Vamos a lo que nos interesa. A los conceptos vertidos por Manel Domínguez, quien, para empezar, recordó que hoy nuestro planeta acoge a 7.800 millones de habitantes. Los mayores de 65 años suman unos 1.000 millones. En el año 3000 esta última cifra se triplicará.

¿Qué está ocurriendo aquí?, inquiere Domínguez. Que hay una fase de envejecimiento, o sea que se va “creando un proceso de esperanza de vida en el que vamos a pasar de los 83,4 años a los 100 años”.

Lo positivo del asunto es que en la universidad están estudiando el llamado triángulo neotécnico. Es un concepto más bien antropológico que apunta a un nuevo proceso de aprendizaje que se traduce en un alargamiento de la vida.

Como si volviéramos a ser jóvenes”, resume el doctor en Comunicación Social.

Biogerontología: matar la muerte


Las expectativas se potencian a través de una disciplina, la biogerontolgía, que trabaja en la medicina regenerativa bajo del liderazgo de algunos referentes como el doctor Aubrey de Grey desde Mountain View en California o José Luis Cordeiro desde la Singularity University, para quien, lisa y llanamente, “se trata del fin del envejecimiento o la muerte de la muerte”.Con cual, dice Domínguez, “en pocos años, 30 o 40, los científicos especializados en esta disciplina nos anuncian el final del envejecimiento y de la muerte”.

¿Demasiado bueno? ¿Demasiado espectacular para ser cierto?
Desde la comunidad científica se ha alzado una multitud de voces para calificar a De Grey, Cordeiro y otros compañeros de ruta suyos como David Wood y Ray Kurzweil de “charlatanes, mentirosos, anticristos”, entre otros dulces epítetos.

Cordeiro no se amilana. Suele replicar con argumentos como este: “Me llena de orgullo que a mis amigos y a mí nos llamen de esa manera. Pero nosotros no pensamos morir. Es más, en 30 años pensamos ser más jóvenes que hoy”.

Polémicas doctorales aparte, la cuestión es lo suficientemente atrapante como para entender la fascinación de nuestra audiencia cuando saltó el tema en la mañana del jueves.

El envejecimiento activo


Inmortales o no, eso lo dirá la ciencia (o la ciencia ficción), hay algo que está más al alcance de la mano: el envejecimiento activo.

La biotecnología es una punta del triángulo. Otra es el envejecimiento activo. La tercera punta es la sociedad del conocimiento, o sea, los living lab, la era digital, las redes, internet, etcétera

“Si unimos todo esto -explica Domínguez-, aparecen los SeniorLab; aparece la primera generación de personas nacidas en los años cuarenta y cincuenta, en Europa, que vuelven a innovar, que vuelven a participar en lo co-creación a la que nos predispone el mundo de internet”.

Son los nuevos jóvenes, podríamos decir. Se llaman también city labers, quienes, por ejemplo, en un citylab como el de Corenllá unen el talento y la experiencia de un electricista, un abogado o un médico,

“Independientemente de la formación académica o profesional de cada uno, para generar nuevos conocimientos en favor de la sociedad”. En otras palabras, se trata de una nueva era. Un mundo que deja atrás el “fordismo” que constituyera la base nuestra sociedad industrial y que tiraba a un costado a los individuos en edad de jubilación.

“Hoy hay menos diferencia entre una persona de 65 y otra de 100 años, que entre una de 5 y otra de 35. Esto quiere decir que nuestro proceso generativo está evolucionando de una forma extraordinaria”, explica Domínguez.

En este nuevo entorno digital, dice, “nace un nuevo patrimonio inmaterial de la humanidad que es la memoria”.

La memoria ha de ejercer un poder ahora desconocido sobre nuestra existencia, nuestra visión, nuestro futuro y nuestra experiencia como seres humanos.

La cuádruple hélice


Finalmente, mientras se van sumando los aportes extraordinarios de la inteligencia artificial y de la inteligencia de los valores cuánticos, la sociedad del conocimiento se completa con el flujo de la llamada cuádruple hélice. Esto es aplicar el conocimiento por primera vez al ser humano. Manel Domínguez lo resume de manera sencilla.

Una hélice son las políticas que hacen los gobiernos, las administraciones en políticas TIC, o sea, tecnologías de la información y de la comunicación.

Otra hélice es lo que hacen las empresas, es decir, I+D+I (investigación, desarrollo e innovación).

La tercera hélice es la que elaboran los Lab: los laboratorios urbanos y las universidades como la Abat Oliva de Barcelona.

Finalmente, la cuarta hélice “es donde aparece, por primera vez, la persona; el talento de la persona como un eje central de la evolución del conocimiento”.

Y aquí está la clave, porque es donde “entran las personas mayores que, en este momento, con 65, con 75, con 80 años están en procesos evolutivos de innovación tecnológica o creativa”.

No hay envejecimiento activo si no tenemos mente activa, subraya Domínguez. Es fundamental. Porque, además, aleja a las personas mayores de los procesos asistenciales y evita la exclusión social. Iguala socialmente.

“Eso es igual para el empoderamiento de las personas de 7 a 100 años, porque en el Citylab, al lado de los mayores, están los niños de 7 y 8 años haciendo robótica avanzada con Arduino y otras plataformas”. Hasta tal punto se acercan las edades que hoy, según constata Manel Domínguez, Instagram se está posicionando de una forma sorprendente entre los adultos mayores, a la vez que algunos están entrando ya en la línea de Linkedin como profesionales de innovación.

“Por lo tanto -concluye-, podemos decir que el Facebook se queda fuera de lo que entendemos por envejecimiento activo”.


Bienvenidos al sueño de la vida eterna.

MÁS LEÍDAS

Temas relacionados