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Análisis y opinión

Baja expectativa, aunque estas elecciones definen el rumbo político

Cuando se abran las urnas, tendremos un panorama que nos permitirá avizorar los resultados de noviembre y proyectar las presidenciales de 2023

Cuando apenas restan siete días para las elecciones primarias, las especulaciones y las hipótesis sobre los resultados están a la orden del día entre los dirigentes, militantes y los bunkers de campaña.

Desde el Frente de Todos difunden que han achicado el margen de diferencia con Cambia Mendoza a un escaso siete por ciento y, de ser ratificado por las urnas, tendrían una posibilidad óptima para dar vuelta la elección en noviembre, cuando se vislumbre una mejoría de la situación económica y se acelere la vacunación.

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Como contrapartida, en el oficialismo se entusiasman con un triunfo que creen podría llegar al 25 por ciento en algunos departamentos definitorios y, hasta auguran gritar victoria en bastiones de la oposición.

En ciertas franjas de la población está primando la apatía y aún no han resuelto su voto, según las encuestas. Mientras, existe un lógico temor a los contagios, lo que podría traducirse en un mayor ausentismo que el promedio histórico. Pero en los partidos saben que no resulta anecdótico el resultado de las PASO, donde teóricamente sólo se deciden los candidatos en los espacios que tengan internas, y cuáles son las fuerzas que podrán seguir en carrera hacia las generales tras superar el piso del tres por ciento para las categorías provinciales y del 1,5 para las nacionales.

Sin embargo, la elección del domingo dice mucho más, porque deja perfilados a los espacios en pugna y a los competidores en en la línea de largada. Mucho más que las encuestas inciertas, el resultado de las PASO ofrece una información valiosa al elector sobre cómo esta viendo la sociedad en su conjunto a los contendientes y aporta un menú de opciones para reordenar su voto.

Una diferencia exigua a favor de Cambia Mendoza, le daría todas las credenciales al Frente de Todos para imponerse en las generales. Un triunfo holgado de "los tres gobernadores" resultaría lapidario para las chances de las huestes de Anabel, en una tierra donde el crecimiento del antikirchnerismo se ha hecho notorio.

El tercero en discordia

Las PASO tienen un carácter más que simbólico para los partidos que no tienen internas. En el caso de las fuerzas menores, que esta vez aparecen como limitadas por la polarización, el orden en que quede la grilla de los votos les sirve de posicionamiento ante los electores que buscan alternativas. Más allá de criterios ideológicos y de los proyectos que impulsan de cara a la sociedad, hay un voto utilitario no testimonial que busca potenciar al que ofrece un potencial concreto de crecimiento.

Allí se encuentra la lucha por el tercer lugar del podio, el que otorga un pasaje de privilegio para conseguir las bancas legislativas y de los Concejos que se ponen en juego el 14 de noviembre.

La izquierda mendocina tiene la convicción de correr con ventaja para recuperar el espacio perdido a manos de Protectora, lejos del 14 por ciento que alcanzó en 2013 pero con los votos suficientes como para multiplcar el magro 2,9 conseguido en 2019.

Pero hay otras fuerzas en competencia con datos en la mano que se sienten seguros de dar el batacazo. Igualmente, mucho se habla del "factor Ramón" que, estiman, le pondría un techo a la ilusión de posicionar a una fuerza alternativa a los poderes tradicionales. Nadie está dispuesto a otorgar un cheque en blanco después de apostar por el líder de Protectora, quien terminó arreglando con el kirchnerismo, arguyen.

Comentario aparte merece la contienda al interior de Cambia Mendoza, donde la novedosa agrupación liderada por el empresario Rodolfo Vargas Arizu anhela obtener la minoría y, sobre todo, imponer una agenda basada en reformas tendientes al desarrollo económico.

Juventud, divino tesoro

En el ámbito nacional, calculadora en mano, se están viendo los esfuerzos y movidas patéticas hacia la conquista de los nuevos votantes, que tienen el derecho de votar con 16 años a la fecha de las elecciones generales.

Por tradición, inercia o convicción habrá un número apreciable de jóvenes que inclinarán su votos a los frentes mayoritarios, pero buena parte de la juventud se está manifestando como un cuerpo inasible para los diseñadores de campaña.

Lejos de promover revueltas como la que propiciaron el Mayo Francés, o de encarnar el ser revolucionario como la de los "imberbes" expulsados de la Plaza de Mayo, buena parte de la juventud hoy se encuentra signada por la apatía respecto de la política como proyecto de cambio. "Somos la vida, somos la paz", coreaba la Juventud Radical al regreso de la democracia asumiendo un rol histórico. El "Che" como estandarte dinamizaba a los rebeldes identificados con la izquierda latinoamericana. La juventud camporista creció al calor de los liderazgos de Néstor y de Cristina. Fueron otros tiempos.

Hoy, para las franjas juveniles involucradas en el mundo de las redes y de la virtualidad todo aquello huele a rancio, y parte de su rebeldía pasa por referentes distantes de la política orgánica. Otros segmentos se sienten más contenidos por los códigos barriales, ajenos a los de antaño, con sus pros y sus contras, con un Estado que les da y los utiliza. En ese amplio espectro se desarrollan los incluidos y los excluidos, los que se quedan por decisión o resignación, los que se van o piensan hacerlo en busca de oportunidades.

Es en ese contexto donde encuentran un caldo de cultivo los abolicionistas del Estado, como Milei, quien con una crítica directa y un discurso disruptivo apunta al corazón del sistema político anquilosado y carente de respuestas.

En siete días, al abrirse las urnas, podremos sacar conclusiones y tendremos un panorama que permitirá avizorar los resultados de las elecciones de noviembre, si hay un voto por la continuidad o el cambio en la gestión de Suarez y en la de Fernández, y hasta proyectar las presidenciales de 2023.