Muy pocos días estuvo limpio el sector de muros del primer tramo de la avenida Gran Capitán, en Ciudad, recientemente inaugurado. Ya ha sido enchastrado. Los vecinos de esa zona no alcanzaron a disfrutar del nuevo paisaje en el que se mezcla el verde oscuro de la ciclovía con uno más claro para las paredes. Otra vez un bien público ha terminado apropiado, con prepotencia, por particulares, para supuestos fines artísticos o de otras índoles.
Avanzan las pintadas sobre bienes públicos y privados: ¿Dejar hacer, dejar pasar? ¿O teléfono para la política?
La lectura de la mayoría de los ciudadanos es que ahí hay mucho de vandalismo y poco de talento, en particular si nos referimos a las "firmas" o "tags", o los garabatos, o ese conjunto de letras apelotonadas que forman un nombre o un alias con el que, supuestamente, se pretende marcar territorio o presencia, y que de tan repetidas terminan significando nada. O siendo un estorbo visual.
Los afectados se lamentan y preguntan por qué no se ha generado aún una corriente de opinión importante para que la política se ocupe, de manera democrática y civilizada, de ese avance sobre bienes privados y públicos. Las víctimas del aerosol sienten que las autoridades no parecen estar preocupadas por la situación, a pesar de que hay zonas del centro mendocino donde el crecimiento de las pintadas es ya insoportable.
¿Y la convivencia?
No hay cortina metálica de los negocios que no haya sido pintada a modo de gigantografía. Otras veces las pintadas se depositan directamente sobre los vidrios de los negocios. No hay mobiliario de servicios públicos que no esté tapado de garabatos, y cada vez es más creciente el ataque a las entradas de los edificios de departamentos y las paredes de las casas.
Pareciera que de nada sirve que la Ciudad de Mendoza posea un Código de Convivencia que debería ser usado con más precisión para generar conciencia. Esa norma empezó con muchos bríos en la gestión de Rodolfo Suarez como intendente de la Ciudad, pero ahora se habla poco de esa disposición.
Aclaremos: no se trata de desconocer los fenómenos urbanos, como el arte callejero, que tienen ejemplos destacables y son valiosos. Hay verdaderos creativos entre los grafiteros y muralistas urbanos, no así entre los que firman, garabatean o enchastran con eso que algunos llaman los "grafitis-nombre" que son "obras" que terminan siendo calcos de calcos sin ninguna originalidad.
Los que se animaron
Nueva York, Londres, París y Berlín están entre las ciudades que más han trabajado para frenar el avance de los grafiteros ultras, es decir de los que actúan a como dé lugar sin interesarles si afectan intereses de los demás.
También esas son algunas de las ciudades que más gastan para mantener la imagen de las urbes y que han frenado el avance de esas facciones mínimas que no aceptan ningún tipo de pacto social.
Muchas de esas ciudades que se ocuparon a tiempo del problema de los grafiteros extremistas muestran hoy sus resultados. Han logrado preservar los cascos céntricos e históricos y el servicio público de subterráneos (estaciones y trenes). Otra cosa muy importante es que: no han relajado su actitud previsora. En algunos países, como Inglaterra, el grafiti es considerado ilegal y puede ser tratado como delito.
Pero de manera paralela, como corresponde a gobiernos democráticos, muchas de estas ciudades han abierto canales de comunicación con los grupos no radicalizados del mundo del grafiti con el fin de establecer zonas, paredones, o perfiles de edificios donde se pueda realizar muralismo y otros tipos de grafiterismo. Esto es algo que los que se venden como ultras del aerosol no aceptan ya que se plantan en su rol de ilegales anárquicos.
Una cosa y otra cosa
Un informe del diario español ABC nos ilustró que "en París sus leyes diferencian claramente entre el grafiti político radical, perseguido, y el de vocación visual y artística, aceptado con prudencia como técnica de creatividad callejera y provocación urbana". A finales de los años ´80 se realizaron en Francia unos resonantes procesos en los tribunales que llevaron a juicio a grupos que actuaban por entonces colectivamente para atacar con pintadas los vagones de trenes y ciertos edificios públicos y privados.
En Berlín, un grafiti es aceptado como legal cuando el propietario de la pared del edificio ha dado su consentimiento por escrito. Sin embargo el mayor empeño de los alemanes está en cuidar los vagones de trenes. Alemania tiene una extendida y efectiva red ferroviaria por todo el país que es una de las gemas gubernamentales.
Por eso hacen un seguimiento diario con drones sobre las formaciones para detectar a ciertas bandas que suelen aparecer para atacar con sus aerosoles el convoy, algo que también se vio en una época en Buenos Aires y fue sofrenado medianamente con la gestión en Transporte de Florencio Randazzo.
Sin embargo Berlín ha convocado en más de una ocasión a artistas del street art para que plasmen sus obras en zonas que quedaron deshabitadas tras la caída del Muro de Berlín o que habían quedado como vestigios de la Segunda Guerra Mundial.
Entre nosotros algunos gobiernos democráticos suelen pecar de falta de reacción ante hechos donde se afectan intereses colectivos. Con algunos temas tienen miedo de meterse. En realidad la buena política es la que hace respetar las leyes. Y esas normas suelen ser muy claras. Por ejemplo, en la defensa que el Estado debe hacer de los bienes públicos y de la propiedad privada. ¿Por qué temerles a las leyes?

