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Análisis y opinión

Ariel Magnus tradujo la biografía de Hobsbawm, "el historiador más importante del siglo XX"

Ariel Magnus, investigador y escritor argentino, tradujo la biografía de Eric Hobsbawn, considerado el historiador más importante del siglo pasado

Eric Hobsbawm nació en Egipto y tempranamente se radicó en Alemania, de donde pudo emigrar, por circunstancias azarosas de la vida, justo cuando el régimen de Hitler iba alcanzando su mayor virulencia.

Eso, probablemente, le salvó la vida, dada su ascendencia judía.

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Desde su juventud fue consolidando una vigorosa formación intelectual, una curiosidad insaciable por cuanto lo rodeaba, un intenso impulso por participar, en vivo y en directo, de cada uno de los acontecimientos de su tiempo.

Todo lo cual terminó convirtiéndolo en un historiador de envergadura mundial. Para muchos, como nuestro entrevistado, el más importante del siglo XX.

Hobsbawm falleció en 2012, a los 95 años de edad. Requería una biografía que hiciera honor a su trayectoria. De eso se ocupó un calificado colega británico, Richard J. Evans.

Por fortuna para los lectores -y oyentes- de habla hispana, el traductor de este concluyente volumen de más de 800 páginas, Eric Hobsbawm-Una vida en la historia, es el argentino Ariel Magnus, escritor e investigador de temas histórico-políticos.

A Magnus, justamente, lo habíamos entrevistado en diciembre pasado por la edición de El desafortunado, la historia novelada del paso por Argentina de Adolf Eichmann, el jerarca nazi conocido como El arquitecto del Holocausto.

En el programa La Conversación de Radio Nihuil hablamos ahora con Magnus desde Berlín, donde se encuentra viviendo en estos momentos y donde está próxima a aparecer la traducción alemana de su libro sobre Eichmann.

-En Alemania se está dando una novedad llamativa frente al panorama electoral en desarrollo. El partido ecologista, Los Verdes, tiene posibilidades ciertas de llegar al poder. ¿Cómo está la cosa?

-Arrancaron muy bien y ahora bajaron un montón porque encontraron que la candidata de Los Verdes (Annalena Baerbock), una mujer muy joven, de 40 años, escribió un libro y plagió algunas partes. Eso aquí es importantísimo. Han caído ministros porque plagiaron sus doctorados y ese tipo de cosas. Entonces, en las encuestas han bajado 20 puntos.

-¿Las graves inundaciones que se han producido en estos días también pueden tener un impacto electoral?

-Las inundaciones ya han logrado cambiar las elecciones en otros momentos en Alemania. Recuerdo, de cuando vivía aquí, a principios de los 2000, que (Gerhard) Schröder iba por su segundo mandato y estaba por perder frente al otro candidato de los democristianos, (Edmun) Stoiber, quien, a su vez, le había ganado la interna a Merkel. Pero hubo unas inundaciones tremendas y Schröder inmediatamente fue a los lugares y estuvo ahí con la gente.

-¿Y Stoiber?

-Trascendió que estaba en un seminario de retórica, porque tenía problemas para hablar. Y perdió por eso. No se lo perdonaron.

-Has dado una clave. En sociedades como la alemana se pagan caro la mentira y la deshonestidad intelectual. Son cosas que por aquí no pasan.

-Los otros países europeos se burlan bastante de esa obsesión alemana con respecto a no plagiarse. Hay un problema con el copyright importantísimo.

-¿A vos te ha alcanzado ese fenómeno, en algún momento?

-Mi novela El desafortunado sobre Eichmann sale el mes que viene en Alemania. Recordarás que tiene varias citas. Encima aluden a cosas que solamente conocen los alemanes. No sé cómo me las dejaron pasar en la edición castellana. Y en la edición alemana no sale ninguna.

-¡Mirá vos! ¿Qué pasó?

-Es que por cada cita tenés que pedir permiso y lo más probable es que te hagan pagar por el uso.

-¿Es para tanto?

-Fijate: si vos agarrás un libro y querés poner de lema, adelante, qué sé yo, por ejemplo, I can't get no satisfaction, de los Stones, no lo podés hacer. Tenés que pagar. Y mucha plata, a veces.

-Ya que estamos en torno a Eichmann, ¿cómo vive hoy el alemán promedio el peso que tienen este tipo de personajes? ¿Qué le significan Hitler, Goebbels, Himmler, etcétera? ¿Cómo lleva eso la sociedad?

-De manera distinta de acuerdo con la generación. Es una de las cosas que quiero ver cuando se publique mi libro acá. Estoy más expectante que en Argentina, te digo la verdad. Pero cambia mucho. Los más jóvenes no tienen ni idea, como siempre; mucho no retienen, por más que se lo enseñen en la escuela.

-Pero el asunto seguirá en agenda, suponemos.

-Sí. Los han machacado con el tema. Por lo tanto, saben lo que es. Saben que estuvo mal, pero no se ocupan de eso ni es una gran cosa para ellos. Por otro lado, podés visitar los lugares.

-¿Cómo cuáles?

-Justo el otro día me encontré con una chica argentina que hace las visitas guiadas en Sachsenhausen, que es un campo de concentración que está cerca de Berlín. Y las visitas son en inglés, alemán y español, nada más.

-¿Por qué solo el español como tercera lengua?

-Porque es muy importante la cantidad de gente que viene y habla castellano. En Berlín es impresionante. Yo viví allí hasta 2005 y acabo de volver, con la idea de quedarme. Y la cantidad de castellano y de argentino que se escucha es notabilísima.

-¿Antes no era así?

-Antes, cada tanto uno se cruzaba con alguien. Pero ahora es una invasión. ¡Invasión española!

-¿Por qué decidiste radicarte en Alemania?

-Me invitaron como escritor en residencia a una ciudad, Mülheim, que está cerca de los lugares de la inundación.

-¿Para hacer qué?

-Era una residencia de un año en la cual yo tenía que escribir un libro en alemán sobre la cuenca del Ruhr, que es, para mí, la zona más interesante de Alemania. Es la zona carbonífera y de industria pesada que, en las últimas décadas, tuvo que reconvertirse porque dejaron de extraer carbón. Una zona gigantesca, llena de minas; toda como un queso gruyere por debajo de lo agujereada que está. Y ahora se tiene que reconvertir en otra cosa.

-Una región con mucha población, ¿no?

-Es la zona más densamente poblada de Alemania. La conforman muchas ciudades que, en parte, se odian entre ellas, como River y Boca. Además de industria pesada, es una zona de fútbol. Gran parte del fútbol alemán viene de ahí con clubes como el Dortmund o el Schalke 04. Zona de trabajo, de cerveza, de automotrices.

-¿Y ahora que tu residencia se termina qué pasa?

-La idea es quedarnos un tiempo más. Con mi mujer volvimos a la Argentina en 2005, pero extrañábamos a Alemania y, bueno, ahora estamos acá y nos vamos a quedar un rato.

-Pasemos a tu experiencia como traductor de la biografía de Eric Hobsbawm, el gran historiador de nuestro tiempo; un libro muy potente, de más de 800 páginas…

-Es un poco llamativo que quieras hablar conmigo, que solo soy el traductor. Es cierto que me pusieron en la tapa de la edición, lo cual también es llamativo porque, de última, se trata de una biografía y no de una obra literaria. Es, sí, un trabajo de largo aliento, pero no tiene la dificultad de una novela.

-Claro, pero se trata de un personaje muy especial.

-A mí no me interesa tanto traducir no ficción, pero, siendo Hobsbawm, sí me parecía interesante.

-¿Por qué, puntualmente, para vos?

-Sobre todo porque se trata de un historiador (Richard J. Evans) hablando de otro historiador. Hablando, además, de Hobsbawm, que, por un lado, es el historiador más importante del siglo XX; y, por otro lado, es un comunista.

-¿Qué significa esto último?

-Eso siempre es problemático para otro historiador en Inglaterra. De hecho, Evans empieza distanciándose, como diciendo: “No porque escriba sobre un comunista yo soy comunista”. Una aclaración, quizá, innecesaria.

-Volviendo a tu parte, decías más arriba que se trató de una tarea no literaria, sino más bien técnica. Pero Hobsbawm era una muy buena pluma, un tipo de una cultura extraordinaria. Queda la duda, incluso, de porqué no fue narrador o poeta.

-Está bueno eso porque Evans cuenta que empezó escribiendo poemas y hasta una novela u obras de teatro, no recuerdo bien. Tenía ese élan literario, absolutamente. Lo notás como traductor y, supongo, como lector también, cuando pasás de Evans mismo, que es un escritor correcto, a Hobsbawm que, como decís vos, es un tipo que dominaba la narrativa.

-Ciertamente. Se trata de un valor añadido no menor.

-Por eso es tan importante como historiador. Un historiador no es solamente alguien que sabe dividir bien el tiempo y sacar buenas conclusiones de los datos que tiene, sino que también es alguien que sabe escribir. Nosotros necesitamos que sepan contarnos una historia. Y eso lo hacen los escritores, por más que se decidan por la no ficción.

-Teniendo en cuenta que Hobsbawm, como vos destacás, escribió mucho y sobre sí mismo, ¿cómo abordó la tarea Evans?

-Evans trata de alejarse y aportar otros materiales, lo cual me parece un hallazgo. Tuvo la “suerte” de que a Hobsbawm lo vigilara el servicio secreto inglés y de que existan todas las grabaciones de esas escuchas ilegales que le hicieron. Por lo tanto, cuenta con un montón de ese material, que es fabuloso. También es peligroso, porque uno se queda muy enganchado.

-¿Por qué peligroso?

-Porque es como que termina contando la historia de una vida a través de los ojos de un servicio secreto que tiene una mirada muy sesgada. Pero, repito, se trata de un material invalorable y muy sorprendente para el lector. Sería uno de los highlights de la biografía.

-¿Y qué otro?

-El otro es el jazz.

-Fue un amor temprano el suyo.

-Hobsbawm tenía una relación mucho más íntima con el jazz de lo que, incluso, pueden suponer los que conocían sus libros sobre este tema, que no son muchos.

-Introducido, de joven, por uno de sus primos, será un amor creciente a lo largo de su vida.

-Todo lo que el libro cuenta de la parte jazzera de Hobsbawm es fabuloso; y no solamente por la parte de su crítica musical, que va interesar a los melómanos y a los que saben más de música, sino también por todo lo que eso implicó para su vida.

-Claro, le fue demarcando un territorio.

-En su visita a los clubes de jazz también está toda su relación con las prostitutas. Y esa es una parte de su vida que casi no se conocía. De hecho, Evans creo que es el primero que descubre que tenía hijos extramatrimoniales, que frecuentó prostitutas muy jovencitas, etcétera. Para quien guste de las biografías, es superinteresante.

-Además, ya de adolescente, se sentía feo, poco agraciado, le costaba ligar con las chicas… por lo que iba buscando a través de los caminos laterales, ¿no?

-Bueno, esa es otra de las sorpresas de la biografía. No es que no se sintiera lindo, sino que sabía fehacientemente que era una de las personas más feas sobre la Tierra. ¡No hay foto de Hobsbawm en donde salga bien! A pesar de eso, tenía bastante levante.

-Exprimiendo otras habilidades…

-Él sabía que no era agraciado, pero, a la vez, sabía cómo encarar chicas. Es algo que vemos mil veces en hombres que, en principio, parece que no son lindos, pero que, no por eso, dejan de tener un montón de relaciones.

-O sea, entonces, que no ves ahí el origen de su acercamiento a las prostitutas.

-Puede ser que lo de las prostitutas tuviera que ver con eso. Pero yo lo veo de otra manera. Realmente él se involucraba en la vida de la gente. No tomó la historia desde afuera. Por eso también fue del Partido Comunista y se mantuvo allí, pese a los problemas tremendos que tuvo con ellos, con el Comintern. Creía en la historia como un mecanismo de transformación del mundo y no solamente como descripción del mismo.

-Su origen judío pudo ser fatalmente crucial en su vida.

-Él escapó de suerte de Alemania, casi. Por eso devino un escritor inglés. Su relación con el judaísmo es muy lejana, en principio. Pero, al igual que con el comunismo, incluso cuando ya estaba enojado, nunca lo negó; lo reivindicó siempre y lo tenía presente.

-El suyo no era un judaísmo practicante, ¿no?

-Tenía, por supuesto, parientes más o menos religiosos, pero él no lo era para nada; ni llevó una vida tradicional ni nada por el estilo. Sin embargo, esto siempre estaba presente y, siendo alemán, era más conflictivo todavía.

-Una combinación bastante irritante…

-La relación de los judíos alemanes con su propio país es de las más conflictivas que hay y se traspasa por generaciones.

-Vos lo has experimentado en carne propia.

-Yo doy fe de eso porque, incluso, viviendo de vuelta ahora en Alemania no deja de ser un tema. Yo no tengo hijos; pero tengo hermanos que viven acá y tienen hijos alemanes.

-¿Y por qué sigue siendo un tema?

-Porque ya casi no quedan judíos alemanes como eran mis abuelos o como, en algún punto, puedo ser yo. Hace unas semanas di una charla en una sinagoga de la cuenca del Ruhr, en Gelsenkirchen, para contar toda la historia de mi abuela. Y al terminar, le pregunté a la persona que me había llevado que cuántos judíos había en el público. “Ninguno”, me dijo. Los presentes eran alemanes, pero no judíos. Los judíos de esa sinagoga son todos rusos.

-¿Es un fenómeno general?

-Es así en toda Alemania. El 95% de todos los judíos que hay ahora en el país son rusos o cuyos padres vinieron de Rusia.

-¿Y quiénes son los pocos judíos alemanes que todavía hay?

-Algunos muy viejos, que quedan en algunas comunidades y siguen estando ahí y ocupan alguna posición de poder. Y algunos hijos y nietos, que se quedaron acá y que son muy pocos. Por lo tanto, es una relación problemática y en extinción.

-Para despedirnos, pregunta personal: ¿hay algún título nuevo de Ariel Magnus para el público argentino?

-Se acaba de publicar uno, en una editorial muy chiquita, Tren en Movimiento, que se llama La vasectomía y es la continuación de otro, El aborto, con temas sensibles de otro tipo.

-¿Y estás escribiendo algo ahora?

-Sí, siempre. Pero de lo que estoy escribiendo trato de no hablar porque nunca sé qué es lo que se va a publicar primero o si se va a publicar, etcétera; más en tiempo de pandemia. Yo escribo muchas cosas en paralelo y después veo.

-Es una cábala común a casi todos los escritores: no quieren anticipar mucho lo que están produciendo. Por lo tanto, respetamos tu secretismo.

-Y, sí, porque si te cuento lo que estoy escribiendo, termina la conversación y me queda la sensación de ya haberlo escrito. Y después me tengo que sentar a escribirlo.