Desde hace 20 años la pobreza estructural crece año tras año en la Argentina. Todos los gobiernos colaboraron para que millones de familias vivan con todo tipo de privaciones.
En este espacio hemos analizado varios veces los datos de la pobreza e indigencia tomando algunas veces las mediciones del INDEC, otras de Unicef y también del Observatorio de la Deuda Social de la UCA. Y aunque ya sabemos que la situación se presenta cada vez más alarmante no deja de sorprenderme la pasividad de la clase dirigencial que no atina a esbozar algún indicio de solución.
A mitad de febrero les contaba que según Unicef dos de cada tres chicos en la Argentina son pobres o están privados de derechos básicos. En esa oportunidad los datos hablaban de que el 66% de nuestros niños, niñas y adolescentes se está desarrollando en condiciones vulnerables.
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La última medición del INDEC, corresponde al último semestre del 2022 y arrojó una suba en la pobreza de 2,7 puntos con respecto a los primeros seis meses del año pasado. A nivel nacional sabemos que 18 millones de personas no cubren sus necesidades básicas, lo que corresponde al 39,2% del total de habitantes del país. Mientras, casi 4 millones de personas están en la indigencia, es decir, que no cubren los requerimientos mínimos de alimentación y representan el 8,1% del total de habitantes.
En Mendoza la pobreza ya afecta al 41,7%de la población. Se ubica por encima de la media nacional. Y en términos reales estamos hablando de que más de 435 mil personas son pobres en la provincia conformando 105.150 hogares. Es decir, que entre el primer semestre de 2022 y el segundo 34 mil individuos más quedaron por debajo de la línea de la pobreza.
Peor aún: el 7 por ciento de la población del Gran Mendoza vive en la indigencia. Esta cifra habla de que 73.586 personas de 17.358 hogares. También hubo un crecimiento importante de personas que no alcanzan a cubrir sus necesidades de alimentarias: más de 26 mil entre un semestre y otro.
Pero esta medición del INDEC es una foto vieja porque corresponde al año pasado que cerró con una inflación récord con pérdida del salario y caída del consumo. Y este año empezó peor: los precios se aceleran mientras más personas van cayendo en el flagelo de la pobreza.
Con el fuerte aumento de los precios de las canastas en estos tres primeros meses, en especial de los alimentos básicos, se descuenta que los porcentajes de indigencia y pobreza ya son superiores antes de que conozcamos el dato de este semestre en septiembre.
De los 18 millones de pobres a nivel nacional, el 40% es menor de 17 años
La pobreza entre los niños y jóvenes subió del 51,8% al 54,6 por ciento. Esto es porque estos chicos viven en hogares que no tienen recursos para alcanzar a pagar la canasta básica.
Siempre según el INDEC, de 6 a 11 años, la pobreza trepa al 56,5%. Entre 12 y 17 años llega al 56,3 por ciento y de 0 a 5 años al 49,5%.
Y la indigencia en esas edades es del 12,2 porque sus familias no reúnen los ingresos suficientes para la canasta alimentaria. Como verán el deterioro de los indicadores de este sector de la población es alarmante.
Y a pesar del aumento del empleo, la pobreza de los niños, niñas y adolescentes aumentó porque los empleos de sus familias son informales o precarios, a pesar de los planes sociales o ayudas como la AUH (Asignación Universal por Hijo), Tarjeta Alimentaria, entre otros, cuyos montos aumentaron por debajo de la inflación.
Incluso se calcula que sin las ayudas y planes sociales la indigencia infanto-juvenil estaría entre el 25% y 30% y la de pobreza superaría el 65 por ciento.
Eduardo Donza, investigador del Observatorio de la Deuda Social de la UCA (Universidad Católica Argentina) analizó en el programa Mediodía de radio Nihuil que “la proporción de niños pobres de 14 años a 18 es mayor que la gloabalidad de las personas. Lo que indica también que las transferencias del Estado tienen que seguir existiendo. Si no, los niveles de indigencia, que son los más pobres entre los pobres, del 8 por ciento se iría a casi el 20%. Estas transferencias del Estado son eficientes para contener el nivel de indigencia, pero la pobreza la están amortiguando en un 5 por ciento”.
El sociólogo explicó que los argentinos tenemos muy introyectada la idea desde hace décadas, de que si una persona consigue trabajo sale de la pobreza y eso ya no es así en este país: “Un 30 por ciento de los trabajadores ocupados está en situación de pobreza en sus hogares. Y eso aumenta mucho cuando vemos trabajadores con empleos precarios”.
Donza explicó que ya hay una tercera generación que vive en situación de pobreza. Pero no solo pobreza por ingresos sino multidimensional porque siguen acumulando privaciones por la vivienda, por falta de salud, en el atraso escolar de los niños y adolescentes, en los servicios que no tiene el hogar. Y en la periferia van quedando muchísimas familias en la exclusión. Los hijos hoy son más pobres que sus padres y que sus abuelos. La movilidad es descendente, digamos...en caída libre.
Vidas hipotecadas
Como venimos analizando, los sectores de la población más vulnerables son los niños, niñas, adolescentes y adultos mayores quienes dependen de terceras personas para alcanzar su derechos básicos.
El fenómeno de la pobreza no es solo de la Argentina. En Sudamércia la mayoría de los niños son pobres y la mayoría de los pobres son niños. Por eso, es urgente la efectiva aplicación de políticas que protejan los derechos de estas poblaciones más vulnerables.
Como explicó Donza: “Es una hipoteca al futuro hasta triple en la vida de esa persona. Si no se alimenta en los primeros meses, en los primeros años se complicará su desarrollo cerebral. Ya después ese niño va a pertenecer a un entorno que no lo va a favorecer lo suficiente como para que pueda igualarse. Una segunda hipoteca con respecto a la familia. Familia en la cual tiene que colaborar, conseguir ingresos y lo tercero a nivel social. Si se generan puestos de trabajo, posiblemente esa persona no esté capacitada para insertarse. Pero en los niños y los que todavía no nacieron es donde tenemos que hacer acciones para que no queden tan retrasados y romper esa reproducción de la pobreza que antes se rompía con la movilidad social ascendente pero esa es otra idea que nos quedó a los argentinos de décadas pasadas de bonanza”
El sacerdote Mauricio Hadad, vicepresidente de Cáritas Mendoza, también en una charla con radio Nihuil se lamentó de la profundización de la pobreza. Admitió que reciben más pedidos, más solicitudes de ayuda.
“Nosotros no trabajamos tanto con los números, no somos tan de la cuestión estadística, pero sí en lo cualitativo y lo que vemos a nivel de sensación de crecimiento, de profundización” puntualizó el cura.
“Las escuelas hacen un gran esfuerzo por ayudar. En los merenderos nosotros recomendamos que no se dé solo comida, sino que haya trabajo de apoyo educativo. Lo que más nos preocupa es que en algunos ambientes uno pasa, en algunos barrios a las 11 de la mañana y los chicos no han ido a la escuela. Tienen todo en la escuela, hasta comedor y los padres no llevan a sus hijos a la escuela y eso ya es parte de lo estructural de la pobreza. Es lo más problemático que vemos, una desconexión en lo social donde los padres con los niños no se sienten vinculados a la escuela, es muy grave, muy serio. Algún grupo de padres adolescentes o muy jóvenes o que no han terminado su escolaridad o no tuvieron formación escolar y eso a veces está vinculado al delito. ¿Qué se está gestando en el corazón de esos niños, qué perspectivas, que futuro? Ahí hay que trabajar fuertemente”, apuntó Hadad
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Si hay voluntad la pobreza disminuirá en diez años
Para el investigador Donza si hay voluntad el flagelo de la pobreza podría comenzar a resolverse en 10 años.
Hasta acá las medidas que tomó este gobierno se rigieron por una lógica neoliberal que solo trajo más pobreza. Claro que no podemos olvidar que la pandemia hizo lo suyo. Hay familias que no lograron recuperarse de los cierres de sus comercios o del despido ocurrido por esos meses del 2020-2021.
Este mal endémico de la Argentina, expresión de la mayor desigualdad social en educación, ingresos, calidad de vida, acceso a la salud, está asociado con la exclusión y marginalidad como bien analizaron Donza y Hadad.
Este año se elige un nuevo presidente. Oportunidad para que la clase política planifique medidas urgentes. Porque ya no se puede seguir teniendo paciencia mientras millones de personas sufren. Ya no son “focos de pobreza” sino que más de la mitad de la población de chicos es pobre. Esos chicos serán nuestro futuro. ¿Lo serán?
Claro que se necesita crecimiento económico pero con eso solo no alcanzará. ¿Hay que generar riqueza? Sí, pero también hay que distribuirla. La desigualdad obstaculiza el desarrollo. Y difícilmente haya desarrollo con tanta desigualdad social. Como hemos visto llevamos 20 años de fracasadas políticas sociales.
La pobreza es la vergüenza de quienes gobernaron y de nosotros como sociedad.
La pobreza no es un tema más. Es EL tema a resolver
Aún no se ha escuchado a ningún precandidato a presidente hablar de medidas para combatirla porque da la sensación de que no solo no saben cómo hacerlo, no hablemos de erradicarla, sino que cuando fueron gobierno la aumentaron. Y los que no han llegado nunca al Ejecutivo, ni siquiera tienen alguna política para combatir la pobreza porque pareciera que quieren gobernar para una mitad de la población.
En esta lucha tienen un rol decisivo la políticas en educación, salud y empleo. La educación es el desafío más importante para forjar las capacidades humanas, quebrar la disparidad de ingreso y mejorar la calidad del trabajo.
Por eso, no hay tiempo que perder. Para encontrar soluciones se necesitan acuerdos políticos para el corto, mediano y largo plazo, con asignación de recursos sobre todo para la población de niños, niñas y adolescentes. Sólo de esta manera se los podrá rescatar de la penosa situación en la que se encuentran y darles un cambio de vida con dignidad y mayores expectativas.
Si no se actúa rápido nuestro país se quedará sin futuro. A nuestros niños y adolescentes no los estamos preparando para conducir los destinos del país. Por el contrario, están cada vez más expulsados del sistema.
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