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Allá se preparan para la cuarta ola; acá queremos ignorar la segunda

La segunda ola de la pandemia está entre nosotros. En Europa se preparan para la cuarta. La peste, que ya se llevó puesto a Donald Trump, promete hacer lo mismo con Bolsonaro en Brasil

En Europa ya se preparan para la cuarta ola de covid-19. Acá, en cambio, algunos no creen que estemos ya en la segunda. Digo, porque ni siquiera usan tapabocas. Uno sale a caminar y mujeres y hombres te pasan corriendo y resoplando al lado tuyo y con actitud de "a mí nadie me manda".

En España las fiestas callejeras son la gran preocupación. Los bares cierran a las 23 pero los asistentes, muchos de ellos turistas en plan de "tour de borracheras", siguen la festichola en las calles o sitios clandestinos, sobre todo en Madrid, donde parece que son más permisivos que en París o en Berlín.

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"Mamarse en la calle sin mascarilla", se repite en las redes sociales ibéricas a modo de hashtag pendenciero. En Semana Santa sólo podrán trabajar los bares que tengan mesas en las veredas o terrazas; la atención en el interior de los locales no estará permitida.

A patadas con la puerta

En la web española hay fuertes discusiones sobre los fiesteros. Están los que piden que caiga sobre ellos la mano dura policial; otros les reclaman a los jóvenes que pongan criterio y ponderación a fin de que no haya que tomar medidas extremas. Y hay buenos jaleos con las fiestas clandestinas en las casas. Es que en algunos domicilios la Policía ha tirado abajo las puertas sin esperar la orden judicial.

El bicho este del covid ha puesto sobre la mesa la importancia suprema que tienen las fiestas para los más jóvenes. Es como su oxígeno para seguir viviendo. El otro oxígeno, el medicinal, posiblemente lo vayan a necesitar las personas mayores que sean contagiadas por los asintomáticos que produzcan estos benditos saraos.

Desde Barcelona especialistas en psiquiatría advierten sobre el deterioro de la salud mental durante la pandemia. "La salud mental es la hermana pobre de la sanidad", aseguran. La movida de los científicos busca que los políticos se metan en este asunto y que el Congreso legisle sobre el particular. Un detalle: "los españoles están durmiendo poco y mal", dicen en las alertas.

Chau, chau, adiós

En México el presidente López Obrador anunció al país que la tercera ola ya no es una amenaza sino una realidad para la que ese país debe prepararse ya. Y las noticias del día también dan cuenta que allí el coronavirus ha empezado a "ensañarse" con los de 30 y 40 años.

En Chile todo indica que es inminente la decisión de postergar las elecciones previstas para el 10 y 11 de abril debido a que las zonas más pobladas de esa nación han entrado en una cuarentena estricta por los aumentos de casos. En esos comicios se iba a elegir a los constituyentes que deberán redactan la reforma de la Constitución chilena, vigente desde la dictadura de Pinochet.

En Brasil, el diario Folha de Sao Paulo registra que son multitudes los jóvenes que siguen participando de fiestas en las calles y en sitios clandestinos en el peor momento de la pandemia, que viene registrando 13.000 muertos diarios en ese país. "Somos libres para todo, incluso para el riesgo", refutan algunos libertarios en las redes siguiendo la prédica del presidente Bolsonaro, quizás el mandatario más chiflado después de Maduro en esta parte de Latinoamérica.

"Incluso si hoy pudiéramos vacunar a todos los habitantes de Brasil en 3 días, la cantidad de muertos seguiría igual de crítica durante todo abril y parte de mayo", sostiene en una columna de opinión de Folha el especialista Drauzio Varella. Ahora el dato resonante es el aumento de los contagios en los grupos de 40 a 50 años con la cepa de Manaos. Los decesos desde el inicio de la pandemia en esa nación superan los 300.000.

El rechazo a la gestión de Bolsonaro ya llega al 54%, el peor momento desde que asumió. Ya no tiene traje de amianto. Las quemaduras lo empiezan a afectar. Su gestión ha sido patética por lo grosera y antipolítica. Como a Donald Trump, que parecía invencible, la pandemia puede llevárselo puesto.

Empresarios, analistas, banqueros y buena parte del establishment brasileño han salido en estos días a decirle a Bolsonaro que esto es demasiado y que ya no lo bancan.