Lo personal es político en un Presidente de la Nación. Una de las características que concibe a los gobiernos monárquicos es que la familia que ocupa el trono debe guardar recato en sus acciones. No siempre se cumple, claro. Pero es un aspecto aspiracional del sistema democrático cuya cumbre es ejercida por un hombre o una mujer sacados del pueblo.
Alberto tapó a Maduro con un notición: las redes y los memes estallaron
La versión de Fabiola Yañez fue tomada por todo el mundo como un hecho incontrastable: no hay tiempo para no creerle a la víctima de violencia de género, ese es un avance de la sociedad
¿Todo va demasiado rápido? El martes a la mañana se comenzó a ventilar un asunto que, según aseguran desde fuentes tribunalicias, se sabía desde el mes de junio: el ex presidente Alberto Fernández maltrataba a su ex mujer y hay fotos que certifican el tormento de golpes físicos que la ex primera dama habría sufrido a manos del dirigente caído en desgracia.
Fernández fue finalmente imputado por violencia de género el viernes después de tres días de instalado el tema en los medios de comunicación. Los datos de la crónica los habrán seguido por todos lados.
Apenas el caso se supo, las guardias periodísticas montadas en la puerta del edificio donde Fernández se encontraba recluido, daban por hecho que había consumado lo que la Justicia aún no ha probado.
Fue inmediata la reacción de todo el arco político condenando con firmeza al ex presidente y la tuitósfera, entre otras redes, se convirtió en un hervidero de opiniones que lo acribillaban. El principio de inocencia garantizado por la Constitución Nacional, bien gracias: hasta los delitos más aberrantes deben ser probados antes de quitarle a un hombre su inocencia.
Acá viene una virtud del sistema actual: no hay tiempo para no creerle a la víctima de violencia de género. La versión de Fabiola Yañez fue tomada por todo el mundo como un hecho incontrastable, un avance de una sociedad que hasta hace poco aplaudía canciones de ‘Cacho’ Castaña con frases del tenor “si te agarro con otro ¡te mato!”.
O a Midachi bullyneando a Pablito Ruiz -y el pueblo tentado en sus butacas- a quien le arruinaron la carrera artística. Somos tremendos los argentinos pero hemos avanzado.
Quienes postulan el reduccionismo del tipo “Alberto creó el Ministerio de la Mujer para pegarle a su esposa”, son carcamanes que se opusieron toda la vida al avance de derechos individuales por los cuales millones de mujeres y hombres lucharon décadas. Ergo, pretenden con este episodio dramático arriar banderas de conquistas fundamentales en los últimos años del país como identidad de género, tipificación del femicidio, matrimonio entre personas del mismo sexo y aborto. Que el hombre denunciado por violencia de género, deba ser inmediatamente aprehendido, es también un avance de la época.
No se puede pensar que todos quienes bancan las luchas colectivas de derechos sociales e individuales son personas oscuras o violentas, eso es un gran disparate que una parte de la sociedad rancia que no soporta ni a la diversidad ni a las minorías, quiere imponer. Si no fuera por esas conquistas, el horror que ha sentido la sociedad en estos días no se hubiera manifestado.
Viejo verde
También aparecieron videos que el propio Presidente grabó. Nadie pide que un presidente no tenga sexo o no disfrute de placeres mundanos pero la dimensión del poder público debe pesar en las acciones de quien ocupa el sillón político más importante del país.
Quizás más de un presidente puede haber tenido sexo o recibido amigas en Casa Rosada en tiempos de ausencia de redes sociales, pero resulta increíble que Alberto Fernández haya sido el camarógrafo de lo que se convirtió en su propio escarnio.
Son imágenes con una periodista en Casa Rosada. Ella es libre de hacer lo que desee y aceptar las invitaciones que le plazcan, el problema ético moral es sólo achacable a la figura del Presidente onanista.
“Las acciones privadas de los hombres que de ningún modo modo ofendan al orden y a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero, están sólo reservadas a Dios, y exentas de la autoridad de los magistrados”. Artículo 19 de la Constitución Nacional Argentina.
¿Pensó Fernández que la impunidad lo perseguiría de por vida? ¿Se puede ser tan iluso? Otra diferencia con las monarquías es que el rey muere Rey, mientras que los presidentes vuelven a la vida ciudadana como uno más cuando culminan su mandato.
Otro problema de Fernández es que cuando cometía esos excesos fiesteros, el país atravesaba una crisis económica fenomenal. Bill Clinton fue reelecto presidente de los Estados Unidos después de que estallara su affaire con la joven adulta Monica Lewinksky, el motivo era simple: la economía funcionaba.
Covid y la fotito del cumple
Con Alberto Fernández creímos haberlo visto todo. Su gestión representó para él en el inicio de su mandato una oportunidad para construir un liderazgo sólido. Sus acciones subieron al máximo cuando impuso las restricciones durante la pandemia de Covid y consiguió vacunas cuando -en casi todo el mundo salvo los países ricos, desarrollados y grandes- estaban vedadas.
Las fotos del festejo de cumpleaños de su por entonces mujer le costaron caras: el peronismo perdió las elecciones de medio término en 2021 y la caída fue imparable. La sociedad se empalaga rápido de las ostentaciones o burlas de quienes gobiernan si encima cuando abren la heladera tienen un limón partido en dos y una botella de agua.
¿Para qué sirven los jueces?
Ya no hace falta el fallo de un juez para dictaminar la culpabilidad de alguien, con que salga publicado en redes sociales y se convierta en meme desde el cual descuartizar al supuesto culpable, basta y sobra en la era de lo líquido.
Lo de los jueces y fiscales que hacen tiempo sin que nadie les saque tarjeta amarilla para operar sobre otros factores vinculados con el poder, los medios y la agenda pública es una constante. Sobran en esta época magistrados que guardan una causa judicial para usarla en “el mejor momento” como quien acopia soja para especular con una devaluación.
La existencia de las redes sociales y la usina interminable de producción de memes y burlas para reenviar en segundos, convierten a las pruebas, el debido proceso y las garantías constitucionales en papel higiénico usado.
La paradoja de las redes como garantes
Si el papa Francisco no hubiese sido ungido en la cumbre del poder de la Iglesia Romana en el Siglo XXI, quizá estaría muerto. A los díscolos se los limpiaban en un santiamén en otros tiempos.
La irrupción del mundo digital en la vida de las personas y la rapidez de la información hacen que el magnicida la piense dos veces. No todo entonces es malo con las redes, es una paradoja.
Las imágenes de cuerpos sin vida desnudos amontonados en camiones del régimen de Nicolás Maduro, quien pareciera en un callejón sin salida, son tan atroces que cuesta creer que sean ciertas. Pero ni la prohibición de X por parte de Maduro ni su odio a Whatsapp pudieron frenar la difusión de las imágenes por todo el mundo.
El propio Adolf Hitler se encerró a él mismo y no le quedó otra -según cuenta la historia oficial- que terminar con su vida en el búnker montañés que había montado para pasar sus últimos días descansando con sus perros. Ilusos con y sin redes sociales hubo toda la vida.







