La Unión Mendocina va a seguir férreamente personalizada en Omar De Marchi. Revisar ese tipo de liderazgo no es una opción que el lujanino tenga en estudio. Por ahora no hay nadie que le haga sombra en esa surtida y diversa romería política por él creada. Es el dueño del negocio, como lo fue cuando le tocó ser intendente de Luján de Cuyo. No tiene que reportar a nadie, como sí ocurría en el PRO, o mucho antes en el PD. Ahora corta el bacalao.
Ahora Omar De Marchi corta el bacalao en su negocio y no tiene que reportar a nadie
Es más, él está convencido de que si consiguió adherentes de distintas banderías partidarias para sumar a La Unión Mendocina es precisamente porque ha demostrado liderazgo, algo que no se consigue hoy con facilidad en la política local, sobre todo en el PJ provincial. Por caso, ningún peronista lo hubiera seguido si no le hubiesen visto al lujanino exhibir hambre de poder.
Ya condujo con mano dura al PRO de Mendoza (el sector de Hebe Casado lo catalogó en su momento como "un dictador") hasta que le intervinieron la franquicia por haber desoído la orden de no enfrentar a Alfredo Cornejo por fuera de Cambia Mendoza. De Marchi desconcertó a Patricia Bullrich, a Mauricio Macri y finalmente a Horacio Rodríguez Larreta quien incluso lo había designado como su armador en el interior del país.
En el orden nacional De Marchi ha celebrado como propio el triunfo de Javier Milei en las PASO nacionales y ha tendido conexiones para que La Unión Mendocina pueda conectar rápidamente con La Libertad Avanza en caso de un triunfo presidencial del ultralibertario. Ambos son diputados nacionales y han tenido buen trato en el Congreso. También ha cultivado una buena relación con el otro candidato con chances, Sergio Massa.
Peronismo rallado
A esa mezcla de conservadurismo y liberalismo, De Marchi le ha agregado en esta última etapa abundante ralladura de peronismo, porque, como sabemos, "en la Argentina, peronistas somos todos". En política es usual que a cualquier proyecto partidario se le busque "una pata peronista" para evitar fracasar.
El peronismo está hoy para el traste en votos, pero ha dejado marcas más profundas de lo que creemos, muchas de ellas producto de relatos falsos o de verdades a medias, como aquello de que el PJ es el único partido capacitado para gobernar. La gestión de Alberto-Cristina ha terminado por hacer trizas ese eslogan.
Quizás por deformación partidaria arrastrada desde el PD, De Marchi no logró o no quiso congeniar nunca con los radicales (salvo con el desencantado Daniel Orozco, un socio que no le rindió como esperaba), y mucho menos, obvio, con los cornejistas o los suaristas a los que ya no está obligado a detestar con forzada urbanidad como le exigía su pertenencia a Cambia Mendoza.
En la reciente elección a gobernador de Mendoza no se dio el "cabeza a cabeza" ni el "resultado ajustado" que De Marchi pronosticaba para él y los suyos. Fueron 10 puntos de diferencia a favor de Cornejo. Sin embargo no puede desconocerse que La Unión Mendocina ha quedado ratificada como el principal partido de oposición. Y que a causa de la implosión dirigencial del peronismo mendocino, De Marchi será desde diciembre, sobre todo con la nueva conformación legislativa, el referente de la oposición.
Preguntamos: ¿La Unión Mendocina será un ave de paso como lo fue en su momento el partido que conformó el ex fiscal de Estado Aldo Giordano, que muchos intuyeron que por haber sacado el tercer puesto iba a reemplazar al Partido Demócrata, y que, sin embargo, se diluyó por el personalismo y el internismo que Giordano no supo manejar?
En su momento Giordano debió enfrentar, como le toca ahora a De Marchi, una tarea muy jodida: hacer algo orgánico, coherente, con una corte de los milagros llena de figuras contradictorias. El dato saliente es que De Marchi ha quedado segundo, no tercero. Lo suyo parece tener otro peso.
El líder de La Unión Mendocina cuestionó con dureza (cuando aún estaba en Cambia Mendoza) que el radicalismo tuviera como socios a Libres del Sur y a sectores vinculados al massismo. Hoy De Marchi no exhibe ese nivel de estrictez en La Unión Mendocina, que es un pastiche multicolor en lo ideológico.
En ese ámbito, por dar un mínimo ejemplo, conviven el gremialista peronista Ariel Pringles que fue funcionario de Paco Pérez; Janina Ortiz, esposa del intendente radical Daniel Orozco, que en unos pocos meses se hizo famosa al quedar vinculada a investigaciones judiciales en el Municipio de Las Heras; o el sempiterno dirigente del Partido de los Jubilados, Edgardo Civit Evans. Estos tres formarán parte, entre otros, de la nueva Legislatura provincial por La Unión Mendocina.
Los liderazgos
Va a ser muy interesante observar cómo desarrollan sus liderazgos Cornejo y De Marchi. Liderazgos que en el primer caso está consolidado; y, en el segundo, en proceso de reconfiguración. Ahí veremos, por ejemplo, la exhibición de sus recelos y escudriñaremos las tretas a las qué acudirán para adelantarse al otro o para herirse.
Tienen estilos muy distintos. El de Cornejo es esencialmente cerebral. Siente que ya no tiene que hacerse el bonito. Nunca va a ser un gran comunicador; él intuye que habla mejor a través de los hechos, es decir de lo que hace o deja de hacer. En esta segunda administración correrá con la ventaja de conocer todos los entresijos del Poder Ejecutivo (y de los otros dos poderes del Estado).
Cornejo ha generado un estilo duro, áspero, un poco impiadoso. Tiene obsesión por la gestión. Cree que las cosas hay que hacerlas y que serán mejores si es a su manera. Sin embargo, a veces acepta la conveniencia de la ductilidad, esa herramienta del carácter que permite pegar el volantazo a tiempo o pactar de manera reservada, esto último una delicatessen de la política.
De Marchi porta otros modos. Es expansivo, sonríe buena parte del tiempo. Tiene desarrollada otro tipo de labia. Es entrador. Lo cual no quiere decir que sea un pan de Dios. Es un político que no quiere ser parte del pelotón. Quiere mandar.
Tres veces fue elegido intendente de Luján de Cuyo. En su departamento es Gardel. En el Congreso nacional, donde se ha jactado de haber actuado como azote del kirchnerismo, nunca pasó desapercibido. Varias veces ha sido distinguido por su productividad legislativa. Es un político de consulta para los periodistas porteños.
Ahora los medios ya lo mencionan como "el ex macrista" pero todavía no ha prendido un mote para darle una nueva ubicación política acorde al liderazgo en La Unión Mendocina. ¿Será el unionista? ¿El mendocinista? Se verá.
Su deseo central es ser gobernador de Mendoza y ése es el terreno que seguirá abonando. Tres veces -como sus intendencias- ya lo ha intentado. La reciente intentona ha sido la más exitosa, sin duda. Ahora ya mira a 2027 para ir por la cuarta, ya con marca propia. Y trabaja para no ser una víctima de la espera.





