Desde mediados del siglo pasado convivimos con la inflación. Para la mayoría de los argentinos ha sido así durante toda su vida. Acostumbrarse a vivir con la suba permanente de los precios no es resignarse, es encarar el día sabiendo que lo que era complicado lo será más, y mañana peor.
Lo incierto es la magnitud, el ritmo de crecimiento de los precios, la angustia de percibir que los ingresos van quedando rezagados.
Y así productores, industriales, comerciantes, profesionales y todo tipo de emprendedores arman estrategias para cubrirse ante la rueda sin fin. Los sufridos consumidores también.
En búsqueda de la rentabilidad
Como no es lo mismo 211% que el treinta y pico interanual, las empresas han quedado al desnudo en sus ineficiencias. Ahora deben adecuar sus planes y procedimientos en busca de una rentabilidad genuina, lo que cuesta conseguir en las condiciones actuales.
Los precios regulados, la quita de subsidios a tarifas, el valor de los combustibles, el mercado cambiario, los productos estacionales, los reclamos sectoriales, las paritarias, las medidas de fuerza, la actualización de contratos y un sinfín de pujas entre partes conforman el combo de un mal endémico que incentiva los conflictos.
La inflación oficial de febrero marcó 2,9%, sensiblemente más baja que la de los últimos meses del gobierno de los Fernández y Massa, pero aún lejos de ser doblegada. Y ya son nueve meses sin desacelerar, mientras que el rubro alimentos ha subido 8 por ciento en el primer bimestre.
Marzo viene más complicado por la guerra
Marzo también viene complicado, más todavía por los efectos de la guerra y la presión del aumento del petróleo. Imposible de cumplir con la meta anual de 10,1 fijada en el Presupuesto 2026. No obstante, el gobierno se da ánimo y Javier Milei sigue augurando que el número de la inflación empezará con cero para julio o agosto.
Es una empresa compleja de cumplir por causas externas, pero más por los históricos factores internos, aunque es crucial el equilibrio fiscal logrado para quebrar la tendencia. En tanto, el FMI presiona por la acumulación de reservas y la población se preocupa por la problemática del empleo y el desaliento al consumo.
Se trata de otros dos frentes que también deben ser atendidos. Como están las cosas, el gobierno tiene un estrecho sendero para no azuzar el fuego inflacionario. Sin embargo, algunos expertos advierten que existe capacidad ociosa y hay formas de crecer sin generar inflación. De una forma u otra, son varias batallas simultáneas que librar.




