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Análisis y opinión

A 47 años de la muerte de Perón, ¿por qué aún no generamos riqueza?

Perón se murió hace 47 años y el principal "activo" de la Argentina sigue siendo la fabricación de pobres. ¿Cómo desembarazar a nuestra psiquis social de esas anomalías?

Tengo tres años. Unos soldados van y vienen. Desde mi mínima estatura lo que veo son unas armas que esos hombres llevan colgadas apuntando hacia abajo, hamacándose. Calzan botas muy grandes y ropa verde, de fajina. Estoy parado en la vereda de mi casa en la avenida del Libertador, Palmira. Es el 16 de septiembre de 1955. Juan Domingo Perón ha sido derrocado y los militares patrullan las calles. Palmira es un sitio estratégico por ser un nudo ferroviario y por sus puentes sobre el río Mendoza. Ese es uno de mis recuerdos más lejanos de la infancia.

Tengo veintidós años. Mi familia vive ahora en otra casa de Palmira y estoy parado frente al televisor. Es el 1° de julio de 1974. Hace poco que retorné del servicio militar. En el televisor blanco y negro una demacrada y lacerada Isabel Martínez anuncia que su marido ha muerto y que ella, vicepresidenta de la Nación, asumirá la responsabilidad institucional. A su lado, la figura siniestra de José López Rega, su secretario privado y ministro de Bienestar Social, controla todo. Es la hora del almuerzo. Salgo al patio y pienso en ese peronismo que es un campo de batalla entre la izquierda montonera que ha pasado a la clandestinidad y la ultraderecha de la Triple A convertida en maquinaria represora del Estado. ¿Quién puede añorar ese infierno?

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Ese hombre

El reciente jueves 1° de julio de 2021, a los 47 años de la muerte de Perón, los títulos de los sitios digitales referidos al ex presidente alertaron mi memoria y otra vez fueron aquellos dos recuerdos personales los que me anduvieron rondando. Es raro que a veces piense tanto en ese hombre que marcó a fuego el siglo XX en la Argentina. No soy peronista. A comienzos de los '70 intenté una aproximación al personaje. Busqué simpatizar con el peronismo como hacían tantos jóvenes de la clase media.

Pero en realidad yo quería ser periodista, leía de todo, a favor y en contra de Perón. Y lo hacía con desesperación. Un sector de la intelectualidad que había sido opositor a Perón planteaba la necesidad de revisar esos puntos de vista. Empecé a concurrir a reuniones partidarias, a actos masivos. Iba a escuchar a peronistas pero también a radicales, y me internaba también por las ideas de izquierda. Leí a Marx al mismo tiempo que veía Música en Libertad en la tele. Y me puse a investigar sobre el anarquismo, quería entender a esa gente que con frenesí buscaba la ausencia de autoridad y de gobierno.

Recuerdo haber visto personalmente a Ricardo Balbín. El acto fue en una playa de estacionamiento que estaba al lado del cine Lavalle, donde hoy está la Galería Independencia. El mismo Balbín que en ese inicio de julio de 1974 homenajearía a Perón con el inolvidable "este viejo adversario despide a un amigo". En la facultad un militante de Montoneros me trató de convencer para que me acercara a ellos. Le expliqué que lo mío era el periodismo y no la militancia. Y menos la violencia en un gobierno constitucional.

Misericordiosos

En todas estas cosas pensaba cuando leí lo que el presidente Alberto Fernández, que es también titular nacional del PJ, había dicho en un homenaje a Perón por el nuevo aniversario de su muerte. El mandatario compartió el escenario con el escritor y conductor de radio y TV, Alejandra Dolina, de conocida afinidad peronista, más la funcionaria Bernarda Llorente, titular de la agencia estatal Télam, el periodista Patricio Barton y el músico Gillespi.

Le pidieron que definiera al peronismo y Alberto dijo: "Es un movimiento tan maravilloso que recuerda a su fundador con esta alegría, con valores como la compasión por los que menos tienen, con el compromiso, con entender la necesidad de un Estado, el sentirnos cerca, todo eso fue posible por el peronismo".

Para Alejandro Dolina el peronismo es "la misericordia, el condolerse ante el mal ajeno: el peronismo es lo contrario a la superioridad moral que sienten algunos; no se es feliz si la felicidad no está replicada en el otro, si hay gente que sufre, ese es el legado principal del peronismo, el humanismo, la misericordia, la empatía por ver sufrir al otro".

El Presidente agregó que "eso somos los peronistas, un movimiento esencialmente humanista. Esa es la esencia ética del peronismo, la misericordia para el que está olvidado".

El pobrismo

Uno lee esas reflexiones de gente que tiene altas responsabilidades públicas y se pregunta: ¿se puede gobernar un país sólo con actitudes de misericordia? Eso puede lucir en la boca de un cura o de un poeta, pero no en la tarea diaria de un político elegido por el pueblo y que está obligado a sacar a un país del estancamiento y la pobreza.

¿Cómo transformamos esa compasión peronista, en acciones concretas de gobierno, en planes de mediano y largo plazo que cambien la decadencia económica argentina? ¿Por qué nos negamos a entender que si no generamos riqueza nunca la vamos a poder derramar? ¿Por qué insistimos con medidas estatistas y de control que han fracasado en los últimos 70 años? ¿Por qué prohibimos exportaciones si necesitamos dólares como el agua? ¿Por qué despreciamos tanto al campo si es el sector que nos salva en cada crisis con el pago de las millonarias retenciones por la exportación de granos?

¿Por qué llevamos 10 años de estancamiento en la generación de empleo privado y sin embargo seguimos machacando con las actitudes anti empresas? Está claro que tenemos que poseer un Estado eficiente, moderno, que regule los excesos y favorezca la competencia, pero no al punto de sofocar y trabar la actividad privada.

¿Por qué si el Presidente dice admirar las democracias escandinavas, que son una sabia combinación de capitalismo y de Estado de bienestar, de libre mercado y de responsabilidad social, no trata de ir por ese camino?

¿Por qué lo escuchamos decir que el capitalismo ha fracasado siendo que la economía mundial demuestra que los países con mejores resultados económicos son capitalistas, y que incluso la China comunista aplica el capitalismo y la economía de mercado para alimentar a sus mil cuatrocientos millones de habitantes porque todas las demás experiencias de estatismo económico fracasaron?

Ahora bien: ¿cómo transformamos la misericordia en medidas políticas concretas?¿Solamente sintiendo empatía por el que sufre?

Misericordia es un término de iglesia, de cofradía. El misericordioso no resuelve problemas comunitarios, suele adormecerlos. Y llega a un número muy determinado de personas. Lo que realmente resuelve problemas son las acertadas decisiones políticas, no la compasión en sí misma, por más que ésta última sea una buena señal de humanidad.

A 47 años de la muerte de Perón aún no tenemos la habilidad, ni la templanza política, ni la audacia de gestión, para desembarazarnos de todas esas cosas e ideas, algunas muy dañinas, que el peronismo nos fue solidificando en nuestra psiquis social y que han generado nuestro mayor "activo", el pobrismo.

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