Musica Martes, 8 de mayo de 2018

A 50 años de una obra que marcó un quiebre

María de Buenos Aires fue el título que llevó esta innovadora propuesta para la época, interpretada por los famosos e históricos músicos del tango Astor Piazzolla y Horacio Ferrer

La operita María de Buenos Aires, con la que Astor Piazzolla intentó quebrar el modelo de espectáculo de su tiempo y que además inauguró su sociedad con el poeta uruguayo Horacio Ferrer, conmemorará hoy su aniversario número 50, que presenta un balance cargado de construcción narrativa sobre aquella creación pero -al menos en la Argentina- con contadas reproducciones luego de su estreno.

Escrita en 1967 y estrenada un año después, el 8 de mayo de 1968 en la Sala Planeta, la operita expresó la vocación de Piazzolla por poner en entredicho el formato consagrado del espectáculo musical, a tono con el temperamento de la época, para horadar el lugar que -en ese circuito de reconocimiento- ocupaba la música clásica.

Astor se proponía la búsqueda particular de un género entonces inexistente con un norte: establecer una distancia con la lírica italiana y también con el musical americano.

En ese sentido, la propuesta de Piazzolla fracasó, lo que no importa un juicio negativo sobre las composiciones de aquella obra, que tiene motivos musicales de excelencia, como es el caso, por ejemplo, de Fuga y misterio, que forma parte su corpus y después tomó vida propia.

Es difícil advertir en María de Buenos Aires una acción dramática que trascienda las canciones que enhebran las dos partes de su estructura. Hasta el propio Piazzolla parece haber desautorizado en un punto su obra al editar sus partes instrumentales, un año más tarde de su estreno, en el contexto de otro disco.

La operita (la denominación ya revelaba las intenciones del autor) fue estrenada el 8 de mayo de 1968 en la sala Planeta de Suipacha y Paraguay. Estuvo en cartel cuatro meses y totalizó cien funciones. Fue grabada inmediatamente en los estudios Ion en dos discos editados por el sello Trova.

Además de Piazzolla (director) y Ferrer (en el personaje de duende), la propuesta original contaba con Amelita Baltar en el personaje de María y Héctor de Rosas como cantor. Los músicos eran Antonio Agri, Jaime Gosis, Hugo Baralis, Víctor Pontino, Nestor Panik, Kicho Díaz, Cacho Tirao, Arturo Schneider, José Correale y Tito Bisio.

María de Buenos Aires narra la historia de una muchacha de los suburbios porteños que se traslada al centro de la ciudad, donde conoce el tango y se transforma en prostituta.

El oficio la lleva a tratar con ladrones y madamas y ese camino la conduce a una oscura muerte. Su sombra es condenada a deambular por la calle Corrientes. Sobresale un fuerte sesgo surrealista.

"Piazzolla en su momento se enterró con María de Buenos Aires. Fue un fracaso comercial. Pero musicalmente la obra es maravillosa", reflexionó José María Castiñeira de Dios, ex director nacional de Artes del Ministerio de Cultura y uno de los pocos promotores de nuevas puestas con posterioridad a su estreno.

Si bien la apuesta quedó desairada en términos comerciales, mucho después fue rescatada tras el llamado "período europeo" de Piazzolla, que valorizó muchas de sus composiciones a la luz del suceso internacional.

En 1995 el eximio violinista letón Gidón Kremmer la registró para el sello Teldec, en Austria. En la Argentina tuvo pocas representaciones: la última, una versión con serios problemas de amplificación de sonido en 2016, en el teatro Colón (un camino que el coliseo porteño insiste en profundizar, a pesar de los resultados), aunque interpretada por un colectivo de músicos de jerarquía, liderados por el Quinteto Piazzolla y el bandoneón de Pablo Mainetti.

A 50 años de María de Buenos Aires, que señalaba el ánimo rupturista de Piazzolla con diferentes estéticas, queda, sobre todo, un conjunto de obras que pueden escucharse por fuera de aquel contexto original y que, bien miradas (u oídas), reafirman la estrecha pertenencia de Astor al lenguaje tanguero, cuyos fundamentos conoció -acaso- mejor que los tradicionalistas.