ISLA REY JORGE, Antártida- Recorrieron a pie montañas nevadas. Se maravillaron con las focas a lo largo de la costa y con los pingüinos que caminaban sobre el hielo. Disfrutaron, incluso, el espectáculo de una ballena que arqueaba su lomo y que dejaba al aire su cola en medio de un mar de icebergs que se derretían.También tuvieron que armarse de paciencia cuando su crucero quedó varado literalmente en el fin del mundo y lo único que podían hacer era mirar al cielo estrellado y esperar varios días hasta que la densa niebla se fuese y pudiesen volver a casa.
Turismo antártico: un viaje a lo inesperado y lo exótico
