Un tribunal de apelación sudanés ha ordenado este lunes la "liberación" de la doctora Mariam Ishaq, quien, el pasado mes de mayo, era sentenciada a muerte por negarse a retractar de su fe cristiana, según anunció su abogado.
La doctora Mariam Ishaq había dado a luz recientemente a su segundo hijo en una cárcel de la capital del país, Jartum.
Sudán anuncia la "liberación" de la mujer cristiana condenada a muerte por apostasía

Solo unos días antes, Ishaq había dado a luz a su segundo hijo en la cárcel para mujeres de Omdurman, un suburbio de la capital de Sudán, Jartum, donde se encontraba a la espera de que se cumpliera su condena a morir en la horca. ¿Su delito? Convertirse al cristianismo y negarse a volver al islam.
Entonces, a la joven, que entonces se encontraba embarazada y convivía en prisión con su hijo de veinte meses, le fueron otorgados tres días para que abandonara su fe. Sin embargo, cuando el juez Abbas al Jalifa le preguntó el pasado 15 de mayo a Ibrahim si volvería al islam su respuesta no fue esquiva: «Soy cristiana», admitió.
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Desde entonces, el caso había despertado una oleada de protestas internacionales. En virtud de ellas, el Gobierno de Sudán ya había asegurado en otra ocasión que la joven podría ser «liberada en apenas unos días». Las declaraciones fueron realizadas por Abdullahi Alzareg, subsecretario del ministerio de Exteriores, quien aseguró que el país africano se comprometía a garantizar la libertad religiosa, así como a proteger a la mujer.
No obstante, entonces, en declaraciones a ABC, Gabriel Wani, cuñado de la condenada, aseguraba que la familia desconocía los términos del anuncio.
Precisamente, el cambio de actitud se producía después de que el primer ministro británico, David Cameron, pidiera a Jartum que revocara la sentencia a muerte impuesta a la joven.
«Estoy absolutamente horrorizado por la decisión de condenar a muerte a Meriam», aseguraba recientemente en un mensaje difundido en su perfil de la red social Twitter.
Defecto de forma
La infamia del caso no solo se encuentra en la condena, también en un defecto de forma. «¿Cómo va a volver al Islam si nunca fue musulmana?», se preguntaba en los medios locales Daniel Wani, un sudanés cristiano de nacionalidad estadounidense y marido de Ishaq desde 2011. A pesar de que el padre de la joven sudanesa era musulmán, esta fue criada por su madre, quien es cristiana. En este sentido, la condenada aduce que su padre se divorció de su madre cuando ella tenía tan solo seis meses, por lo que fue educada en el cristianismo.
Por ello, no se antoja conversión posible: la doctora creció en un hogar cristiano y nunca profesó otra fe.
Junto a la condena a muerte por apostasía, la Justicia sudanesa también declaró nulo su matrimonio, ya que la «sharía» (ley islámica) no permiten que una mujer musulmana se case con un cristiano. No obstante su (ex)marido goza de un permiso carcelario para que pueda visitar a su (ex)esposa dos veces por semana y con una duración de veinte minutos en cada encuentro. En su última visita, Wani logró conocer, al fin, a su nueva hija, "Maya".