El papa Francisco autorizó la promulgación del decreto que reconoce el milagro atribuido y la declarará beata a María Antonia Samá, una laica nacida en 1875 en la provincia de Catanzaro, Calabria (Italia), quien, afectada de niña por una grave enfermedad, quedó paralizada y con las rodillas levantadas. Samá quedó paralizada y con las rodillas levantadas durante 60 años

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Obligada a estar en cama en esa posición tan incómoda, María Antonia llevaba una vida de fe inquebrantable, e invitaba a quienes la visitaban a confiar siempre en Dios ante cualquier situación o problema.

La gente del pueblo la llamaba la Monja de San Bruno. Unos acudían a ella para pedirle consejos y oraciones; otros para encontrar paz y serenidad, y algunos más para rezar el Santo Rosario, que ella rezaba tres veces al día. María Antonia Samá murió a la edad de 78 años, el 27 de mayo de 1953, después de más de 60 años en cama.

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