El arquitecto japonés Shigeru Ban (Tokio, 1957) fue galardonado este lunes con el Premio Pritzker 2014, considerado el Nobel de la disciplina, por sus proyectos "elegantes e innovadores para clientes privados" y también por usar "el mismo diseño inventivo y habilidoso para sus amplios esfuerzos humanitarios".
Así lo anunció en Chicago Tom Pritzker, presidente de la Fundación Hyatt, que desde 1979 otorga este premio y que en esta edición ha querido destacar la labor humanitaria de un profesional que es un "caso raro en el terreno de la arquitectura".
El ingeniero, jurado del propio Pritzker entre 2006 y 2009 y reconocido como uno de los más innovadores del mundo, es autor, entre otros edificios, del Centro Pompidou-Metz.
De su labor solidaria da fe, por ejemplo, la reconversión de un antiguo campo de béisbol en un barrio construido con contenedores de barco para dar un techo a casi 500 desplazados tras el tsunami que asoló su país en 2011.
Ban también construyó medio centenar de viviendas provisionales para familias de Puerto Príncipe que quedaron sin hogar a causa del terremoto que sufrió el país caribeño.
Sus construcciones sencillas con materiales humildes como el cartón y su labor humanitaria en situaciones de emergencia definen a un arquitecto que no intenta minimizar el resultado sino el procedimiento.
Él mismo se define como un hombre modesto, que odia el desperdicio y que por ello utiliza lo que está disponible en cada lugar.
La búsqueda del equilibrio
Su implicación social y los materiales que utiliza para la construcción le han convertido en uno de los arquitectos más singulares de los últimos años y es para la revista 'Times' uno de los personajes más de actualidad del mundo.
No le gustan los detalles sofisticados ni le interesa el uso superficial de un material. Para él, lo importante es la investigación de las características propias de ese material para descubrir otras posibilidades en su utilización.
Ban empezó a usar papel reciclado en sus construcciones en 1986, al ver que era de bajo coste y con la idea de demostrar que los materiales débiles tienen una vida más duradera.
Además, el galardonado ha defendido durante su intensa trayectoria que las personas que viven en construcciones temporalmente "no quieran salir de ellas".
Para él, la arquitectura debe contribuir a mejorar la sociedad, pese a que tradicionalmente los arquitectos trabajan para "enseñar el poder y el dinero de la gente privilegiada a través de sus construcciones", manifestó durante una entrevista hace unos años, en la que aseguró: "Eso no era lo que yo realmente quería hacer, así que tuve que buscar mi propio equilibrio".
En 1995 llevó su filosofía y su modo de hacer a Ruanda. Al enterarse de las míseras condiciones de los desplazados en este país ofreció una ayuda que se materializó en refugios y viviendas, con materiales extraordinarios, especialmente cartón, material que volvió a usar en Japón tras el terremoto de Kobe, donde no solo construyó viviendas en una semana sino que enseñó a los ciudadanos a hacerlas.
Con cajas de cerveza llenas de arena, sobre las que se levantaban las paredes de papel, formadas por tubos de 108 milímetros de diámetro y 4 milímetros de grosor, y un tejado en lona con un sistema sencillo de movilidad, las cabañas no sólo eran estéticamente bonitas, sino también fáciles de transportar almacenar y reciclar.
Ban, que para ganar tiempo en situaciones de emergencia creó una ONG, sorprendió también en Christchurch (Nueva Zelanda), ciudad duramente golpeada por un devastador terremoto, donde construyó una increíble catedral con estructura de cartón, en forma de triángulo y resistente al agua, el fuego y los terremotos.
"La fortaleza de un edificio no tiene nada que ver con el material. Los edificios de hormigón se caen con los terremotos, pero no los de papel", defiende Ban, cuya iglesia de cartón en Taiwán, construida tras el seísmo de Kobe, continúa en uso después de más de 20 años.
Fuente: EuropaPress.com



