Mundo Lunes, 15 de octubre de 2018

Murió Paul Allen, cofundador de Microsoft

Tenía 69 años. Sufría de cáncer desde el año 2009.

Paul Allen, cofundador de Microsoft y uno de los grandes nombres de los orígenes de la revolución tecnológica, falleció este lunes en Seattle a la edad de 65 años como consecuencia de un grave y largo cáncer. El fallecimiento fue comunicado por Vulcan, al empresa a través de la cual Allen canalizaba sus inversiones y filantropía, en nombre de la familia. El escueto comunicado cita como causa de la muerte "complicaciones del linfoma no Hodgkins" que padecía.

El nombre de Paul Allen pertenece a la leyenda de los pioneros de Internet y la revolución digital. Fundó Microsoft en 1975 junto a Bill Gates. Allen abandonó la compañía en 1983 debido a su enfermedad, antes de que se convirtiera en el gigante que dominó la informática en los noventa, pero mantuvo parte de la propiedad de la empresa, lo que acabó siendo el origen de su fortuna. El año pasado, Forbes calculaba la fortuna de Allen en 20.000 millones de dólares y lo situaba el número 21 en la lista de los hombres más ricos de Estados Unidos.

Además, Allen fue un importante inversor en el deporte de Estados Unidos. Era dueño de un equipo de la NBA, los Portland Trail Blazers, otro de la NFL, los Seattle Seahawks, y otro de la MLS, los Seattle Sounders. A través de Vulcan también invirtió en el campo inmobiliario, documentales y películas independientes.

Allen se había tratado el linfoma en 2009 y había logrado que remitiera. Este mismo mes de octubre había dicho que pensaba luchar contra ello con todas sus fuerzas. "Mi hermano era un individuo extraordinario en todos los niveles", dijo su hermana, Jody Allen, en nombre de la familia en un comunicado citado por CNN. "Era un hermano y tío muy querido y un amigo excepcional".

Su autobiografía, publicada en 2011, se titulaba Idea man (el hombre de la idea). En ella recordaba el momento de 1983 en el que, tras serle diagnosticada la enfermedad que ha acabado con su vida este lunes, decidió abandonar la compañía que él había ayudado a crear y que cambiaría para siempre la relación del mundo con los ordenadores. "Si recaía, no tendría sentido, además de ser peligroso, volver al estrés de Microsoft. Si me recuperaba, ya había comprendido que la vida era demasiado corta como para gastarla siendo infeliz".

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