Análisis

Moisés Naím llama a defender Ucrania, pero sin olvidar la maldición del cambio climático: "Va a cobrarse muchas vidas"

Naím es escritor, columnista de los diarios más prestigiosos, fundador y presidente del Grupo de los Cincuenta, miembro de los directorios de varias empresas y doctor por el Massachusetts Institute of Technology

Caprichos del destino. Con la guerra en Ucrania, producto de la invasión rusa, en su punto máximo de ebullición, llega a nuestras librerías La revancha de los poderosos, nuevo título de Moisés Naím, un experto en economía y política internacional que suele motivar el elogio de los presidentes.

En 2013, tras publicarse otro de los ensayos de Naím, El fin del poder, Bill Clinton, al aconsejarlo, señaló que “cambiará su manera de leer las noticias, su manera de pensar en política y su manera de mirar al mundo”.

Y el mundo que analiza ahora, justamente, La revancha de los poderosos es de los líderes problemáticos de nuestro tiempo a los que llama “autócratas 3P”. Las tres letras “pe” aluden al populismo, la polarización y la posverdad que definen a estos caudillos, con Vladimir Putin como uno de los más notorios y preocupantes.

Hablar, por lo tanto, hoy con Naím nos lleva tanto a su flamante libro como a la crisis en Europa del este que está angustiando al planeta.

Naím, escritor, columnista de los diarios más prestigiosos, fundador y presidente del Grupo de los Cincuenta, miembro de los directorios de varias empresas y doctor por el Massachusetts Institute of Technology, entre muchas otras calificaciones, fue ministro de Industria y Comercio de Venezuela.

Desde Washington, donde tiene su residencia habitual, dialogó con el programa Primeras Voces de Radio Nihuil.

-Hola, doctor, ¿cómo está usted?

-Muy bien. Gracias por la invitación.

-¿Cómo está el tiempo en Washington?

-Hoy, está precioso. Está muy bonito. Creo que pronto se nos acerca la primavera. Tuvimos un invierno frío.

-¿Y cómo está el tiempo político? Suponemos que bastante más borrascoso, ¿no?

-Candente.

-Se entiende, porque Estados Unidos se halla en un momento clave de su liderazgo mundial frente a lo que está sucediendo.

-Así es. Y hay mucha confusión. Las cosas pasan a gran velocidad. Situaciones que uno pensó que nunca iban a ocurrir están ocurriendo y otras que estaban ocurriendo han desaparecido. Lo permanente se ha hecho transitorio y lo transitorio tiene mucho de permanente en estos tiempos.

-Con su nuevo libro usted pretende dar un campanazo sobre la problemática de nuestro tiempo. Pero, también, usted ya ha venido publicando una abundante obra sobre política y economía con sucesivas advertencias. Sin embargo, el mundo pareciera no tomar nota. ¿Por qué? ¿Qué le pasa?

-Es que mucho de lo que está sucediendo en este ámbito específico es el de los líderes políticos que llegan a gobernar gracias a un sistema democrático. Pero, apenas están en el gobierno, socavan ese mismo sistema limitando los pesos y contrapesos, las instituciones, las formas y las leyes que garantizan la democracia. Eso está pasando de una manera muy sigilosa, muy poco transparente, opaca, lo cual es difícil de discernir. Entonces, tú no puedes alarmar a la gente con algo que es tan difícil de ver, pero la esperanza es que cada vez haya más personas tocando esas campanas, dando los campanazos de alerta de que hay un atentado mundial contra la democracia que se basa en debilitar los controles al poder; y, en este caso, el poder que tienen los autócratas.

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-Escuchaba el otro día a una argentina que fue embajadora muchos años en Ucrania y decía que, en este caso de la invasión, Occidente estaba llegando tarde. Pero Occidente siempre llega tarde, subrayó. Usted advierte algo parecido. Escribe, en la página 27, que “cuando cae el manto del sigilo, a menudo es demasiado tarde”. Como que nos quedamos dormidos, ¿no?

-Así es, tienes mucha razón. Pero ha habido buenas sorpresas. Es inédito lo que ha pasado en Europa. Se pusieron de acuerdo muy rápidamente, tomaron decisiones muy arriesgadas. Y siendo, a veces, muy impopulares, las llevaron adelante. Las grandes democracias europeas trabajaron entre ellas para fortalecerse y para responder de una manera unitaria al salvaje ataque de Putin. Se asociaron de una manera mucho más eficaz con Estados Unidos. Es decir, hemos visto en los últimos tiempos cosas que no habíamos visto nunca. O sea, la embajadora en Ucrania tiene razón. Siempre han llegado tarde. Pero en este caso no ocurrió. Llegaron rápido. Biden anunciaba cada noche concretamente lo que estaban planeando hacer los rusos. Luego, cuando estos lo hicieron, tal como habían dicho, actuaron con unas sanciones inéditas que tienen postrada y van a tener postrada a la economía rusa. En esta situación de flujo, en donde no sabemos qué está pasando, algo que sí va a pasar es que Rusia y los rusos van a ser mucho más pobres en los próximos cinco años.

-A propósito de esto, usted coincide con otros analistas respecto de que la tensión social va a ser muy difícil de sobrellevar para el Kremlin.

-Así es, porque lo que va a pasar es que la situación económica, el estándar de vida de la gente, va disminuir. Va a haber mucha más pobreza, como acabo de decir. Pero Putin les tiene más miedo a los rusos en las calles y plazas, que a los demócratas fuera de Rusia.

-¿Qué miedo, específicamente?

-Una amenaza importante para él son los rusos en la calle pidiéndole que se vaya. Y esa amenaza para él es mayor que la de tener a las democracias del mundo sancionándolo. Pero puede estar utilizando, y va a utilizar sin duda también, este conflicto internacional para afincarse mejor hacia adentro. Claramente está luchando en dos frentes: uno interno, contra los rusos que repudian su horrible gestión y otro externo, contra las democracias del mundo que no aceptan el uso de la fuerza para cambiar fronteras.

-En su libro usted afirma que los autócratas de este tiempo configuran un nuevo poder, un poder maligno. Quizá lo positivo de esta crisis en Ucrania sea que su responsable ha quedado al descubierto. No lo protege ningún velo. Vladimir Putin, a los ojos del mundo, hoy parece un villano de Marvel, el típico malo de las películas.

-Ese es un muy buen análisis. Tienes toda la razón.

-Por lo mismo, ¿esta evidencia no ayudará a que se tome cabal conciencia sobre los demás autócratas que lo apoyan?

-Bueno, cada vez menos. Hay aliados de él o exaliados que se han quedado callados o se han pronunciado en contra. Viktor Orbán, el presidente de Hungría, que era claramente un líder 3P, pues demostró no ser un aliado tan firme con Putin. Y así varios otros.

-Precisamente, en el capítulo 9, titulado “Los autócratas 3P se globalizan”, usted cuenta cómo entre ellos tejen diversas alianzas internacionales para fortalecerse en el poder. Los llama “líderes iliberales”. En este momento de la guerra, ¿cuáles son esos líderes iliberales, entre los más poderosos, que le están brindando apoyo a Putin?

-Tenemos a (Aleksandr) Lukashenko en Bielorrusia, que es simplemente una colonia manejada desde el Kremlin. Y aquí la gran pregunta es China, que tiene tres posibles roles: aliarse con Putin y formar una alianza anti-Estados Unidos y antidemocrátas; tratar de ser un mediador y servir para que haya un cese del fuego, un cese de hostilidades y que se busquen arreglos; y el tercero es esperar a ver qué pasa. No sabemos. Pero importa mucho cómo se va a inclinar China en este sentido. Va a ser muy revelador.

-Apelando a su olfato y a su experiencia, le pregunto un pálpito como si se tratara de un partido de fútbol. ¿Cuál de las tres posibilidades cree usted que tienta más a China?

-Yo no veo a los chinos abrazándose con Putin porque creo que entienden que ese es un barco que se está hundiendo. Y, a pesar de sus diferencias con Estados Unidos, que son muchas y peligrosas, también hay una necesidad de colaborar con ellos. Hace unos meses yo escribí una columna que se llama “Dos cartas chinas”. Y hay una carta donde se hace una lista de todas las razones de los conflictos y fricciones entre Estados Unidos y China, que son inevitables. Están condenados a competir. Pero hay otra carta, que son todas las razones por las cuales tiene que coordinarse con ellos. Y eso le va a hacer bien a Estados Unidos, a China y al mundo. O sea, que en unos ámbitos están condenados a competir y en otros ámbitos están condenados a colaborar. Por lo tanto, no veo a los chinos, como decía, abrazándose al Kremlin. Además, ya han hecho gestos públicos muy abiertos de que estarían dispuestos a servir de mediadores.

-Hablando de Estados Unidos, le pregunto por Donald Trump. Usted resalta, por ejemplo, cómo Trump felicitó a Putin y lo avaló en elecciones recientes sospechadas, desoyendo el consejo de sus colaboradores cercanos.

-No olvidemos que en medio de esto Donald Trump está en la historia diciendo que Putin es un genio, que lo admira. Él es gran fan de Putin. Donald Trump claramente es pro-Putin.

-El problema es que Trump amenaza con volver a ser candidato y a ganar las elecciones. ¿Cómo lo ve?

-Por ahora, si fuera una cosa de estos días, creo que Trump tomaría la decisión de postularse y tiene chances de ganar, sin dudas. En Estados Unidos, un factor determinante del resultado electoral, más que la política, va a ser la economía y muy concretamente la inflación. En Estados Unidos se está sintiendo muy fuerte. Es una experiencia que los norteamericanos no han vivido desde hace mucho tiempo, desde hace décadas. Eso puede trastocar muchas cosas. Y la gente va a votar teniendo en cuenta quién es el líder que más rápidamente va a acabar con estos aumentos de precios constantes que estamos teniendo. También la desigualdad es un tema que se ha vuelto muy importante y formará parte del debate electoral.

-Fíjese qué curioso. Estamos ahora manteniendo un diálogo un venezolano y un argentino, ciudadanos de los dos países con más inflación de toda América.

-Sí, señor. Y todos los latinoamericanos de cierta edad han tenido la experiencia de vivir en la pesadilla de la inflación y lo difícil que es erradicarla una vez que se instala. Esto es lo que les espera aquí a los jóvenes, a la generación que hoy en día tiene entre 20 y 25 años. Nunca han vivido con inflación. Y son votantes. Para ellos esto va a ser una desagradable sorpresa y va a tener consecuencias políticas.

-Los protagonistas centrales de su libro son los llamados autócratas 3. Esas tres P son: populismo, polarización y posverdad. ¿Les asigna a las tres la misma relevancia o hay alguna más determinante que otra?

-Es que vienen juntas. En primer lugar, las tres han existido siempre: el populismo, la polarización y a la posverdad la llamábamos propaganda. Hitler tenía un Ministerio de la Propaganda, donde estaba Goebbels. Hoy en día el gobierno chino tiene un ministerio de la propaganda. Pero la posverdad no es simplemente propaganda política. Es toda una creación de una percepción sobre la realidad social, política, económica, que es manipulada, tergiversada y utilizada para apoyar los intereses de los autócratas 3P.

-¿Cómo define el populismo, en este contexto?

-El populismo es muy confundido con una ideología y eso es un error. No es una ideología. Es una serie de técnicas, trucos, tácticas y estrategias para obtener y quedarse con el poder. Siempre ha existido, pero en el siglo XXI ha adquirido una nueva potencia, que es producto de la polarización, la división de la sociedad, la fragmentación, la intolerancia política, el no aceptar que quienes piensan diferente son compatriotas que tienen derecho a poseer una voz, el tratar de suprimir la disidencia. Y todo eso nutre el populismo.

-¿Y qué magnitud la asigna a esta polarización?

-Esta polarización también ha existido siempre, pero ahora ha sido amplificada y potenciada por las redes sociales, por internet y por todo lo que sabemos. Entonces, son tres fenómenos políticos que ahora están entrelazados, de manera que se magnifican entre ellos y forman parte de las estrategias que tienen muchos de estos autócratas 3P para obtener y retener el poder.

-En el capítulo 11, sobre el final, habla de las cinco batallas que debemos ganar. Ellas son contra la Gran Mentira, contra los gobiernos convertidos en criminales, contra las autocracias, contra los carteles políticos que ahogan la competencia y contra los relatos iliberales. Esos cinco blancos parece concentrarlos hoy Vladimir Putin, ¿no?

-Claro que sí. De hecho, el libro, desgraciadamente, pronostica y explica esto que está sucediendo.

-¿Por qué desgraciadamente?

-Porque le da vigencia al libro, pero, al mismo tiempo, es una lástima que dichos pronósticos se estén cumpliendo. Pero, es verdad. Lo que Putin está trazando en Ucrania está perfectamente pronosticado y explicado en el libro.

-Por último, doctor, hay un tema que lo desvela a usted, por encima de la crisis coyuntural en Ucrania y es la grave amenaza del cambio climático. ¿Hay alguna esperanza de que el mundo reaccione de manera adecuada? ¿Podrá haber alguna acción conjunta de los gobiernos, así como la hubo para afrontar el drama ucraniano o estamos lejos?

-Desde mi punto de vista, no hay que abandonar la lucha por la defensa de Ucrania. Hay que mantenerla, expandirla y garantizar que Putin sea derrotado de varias maneras. Pero no hay que hacerlo a expensas de que no se hable del cambio climático. El mundo tiene derecho de exigirles a sus líderes que manejen dos o tres crisis a la vez.

-¿Dónde ponemos el acento, en este tema puntual, entonces?

-Acaba de salir un informe importantísimo de miles de expertos, de lo más granado de la ciencia del mundo hoy en día, que explica que el cambio climático está acelerándose a niveles que nadie había anticipado, que están ocurriendo cosas mucho más rápido de lo que se había pensado. Y es gravísimo. Va a haber áreas enteras del planeta que serán inhabitables. Eso va a cambiar la agricultura, la forma cómo comemos y trabajamos, dónde vivimos, etcétera. Y va a cobrarse muchas vidas. Va a haber un paso muy grande y van a aumentar la pobreza y la desigualdad. Es una maldición que nos pase esto, ¿no?

-¿Qué esperanza nos queda?

-La buena noticia es que todavía podemos contenerla. Todavía se pueden hacer cosas para impedir que esto ocurra. Sin embargo, no hay el apoyo popular. De lo que estamos hablando es de aumentar los precios de los combustibles que están haciendo que, con el cambio climático, el planeta se caliente y se produzcan catástrofes con gran frecuencia. Parte de lo que hay que hacer es disminuir el consumo de hidrocarburos, de estos productores de gases de efecto invernadero. Y eso tiene costos. Eso le toca los bolsillos a la gente, a todo el mundo. Entonces, los políticos no se atreven a hacerlo con la profundidad que es necesaria.

-¿Entonces?

-Desgraciadamente, la trayectoria es una, en la cual esto seguirá agravándose. Aumentarán la frecuencia y los daños materiales y humanos de estas catástrofes, hasta que llegue un momento en que algunos líderes, apoyados por coaliciones importantes, empiecen a tomar las decisiones que sirvan para detener la caída a este precipicio.

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