Mundo Jueves, 21 de junio de 2018

Masaya se resiste al asedio de las fuerzas del gobierno nicaragüense

La escalada de violencia por las protestas contra el presidente Daniel Ortega suman 87 muertos. La CIDH, la ONU y la Unión Europea investigarán los hechos.

Barricadas de adoquines, casas quemadas, luto, dolor y pánico: la combativa ciudad de Masaya, en el sur de Nicaragua, resistía ayer al asedio de las fuerzas del gobierno de Daniel Ortega, en una escalada de violentas protestas que dejan 187 muertos en dos meses.

Entre el llanto y la indignación, familiares y vecinos enterraron a las tres personas que murieron la antevíspera en la incursión de antimotines y paramilitares a esta ciudad ubicada 35km al sur de Managua, que el lunes se declaró en rebeldía para exigir la salida del poder de Ortega.

"Esto está horrible. La gente se está muriendo por este gobierno que no se quiere ir", dijo Ramona Alemán, ama de casa de 40 años, en un cementerio de Masaya donde sepultaron a Marvin López, muerto en una trinchera de un disparo en la garganta. Su féretro fue cubierto con la bandera de Nicaragua.

En algunas zonas de la ciudad se escuchaban aún disparos de balas y el estallidos de morteros.

Camionetas de antimotines con pasamontañas recorren el casco central, pero en los barrios de la periferia aún muchos pobladores permanecen atrincherados.

Pobladores reportaron también disparos y ataques de hombres fuertemente armados en las ciudades de Jinotepe, León, Matagalpa y Estelí, donde ayer murió una persona.

Ex guerrillero de la revolución sandinista que ostentó la presidencia de 1979 a 1990, Ortega volvió al poder en 2007 y es acusado de nepotismo, de controlar los diversos poderes del Estado y de instaurar, con su esposa Rosario Murillo, la extravagante vicepresidenta, un gobierno autocrático y corrupto.

El gobierno de Daniel Ortega aceptó finalmente la llegada de representantes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), la oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas y la Unión Europea, para investigar los hechos violentos ocurridos en el país desde el 18 de abril.

"Ortega vende Patria", dice en letras rojas sobre una enorme manta negra que cubre una barricada, donde ondea una bandera nacional -blanca y azul-. Tres muñecos la custodian, buscando engañar a la policía.

Escombros del hotel Masaya y de algunas casas quemadas ayer a la madrugada eran levantados por habitantes. "Entraron a mi negocio, regaron combustible dentro, a mi tío lo sacaron a golpes y le partieron la cabeza con culatas de AK47. Le perdonaron la vida y lo sacaron descalzo ensangrentado", narró Cristian Fajardo, dueño del hotel.

Casi todos los negocios en Masaya están cerrados por el temor a nuevos ataques, pero hay unos pocos que se arriesgan porque, dicen, si no trabajan, no comen.

"Queremos que haya paz, que renuncie. Los antimotines y los grupos paramilitares que están en la entrada de la ciudad son unos sanguinarios. Hoy (por ayer) hubo lluvia de balas en la madrugada", contó José Ramírez, un vendedor de helados ambulante.

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