Un periodista cuenta su impresión al recorrer las calles de ese país, donde esta cirugía se ha puesto de moda.

Los implantes en Cuba son gratis

Por UNO

"Yo no me lo puedo creer, le pregunté a mi hija que quería que le llevara de regalo y me pidió unpar de tetas", me comentó, escandalizada, una emigrada. Le expliqué que era normal, que los

implantes de silicona son la última moda entre las chicas cubanas.

La demanda es enorme y no es extraño, debe ser el único país donde las operaciones de cirugía

estética son gratuitas. Pueden recortarse los párpados, quitarse un poco de barriga, mejorarse el

perfil con una bella nariz o remodelar los senos.

No hay que ser muy observador para ver el cambio en las calles. Empezó siendo exclusividad de

la farándula, pero ya la moda se extendió al resto de la gente. Entre mis amistades hay varias

operadas: una ingeniera, la dueña de una cafetería, una abogada y un ama de casa.

Los médicos me cuentan que es tal la lista de espera que el Ministerio de Salud Pública ha

decidido "protocolizar" los implantes mamarios, los cuales hasta ahora utilizaban los espacios de

tiempo libres en los salones quirúrgicos de los hospitales.

Las operaciones se realizan desde hace mucho tiempo atrás. Incluso en mi barrio vive un

cirujano plástico que perdió su título hace 10 años por ponerle implantes a un travesti, sin la

debida autorización del hospital en el que trabajaba.

Los médicos empezaron introduciendo el implante a través de un corte realizado debajo del

seno pero ya en la actualidad varios lo hacen en el mismo pezón, con lo que se disimula mucho más

la herida y por ende mejora la estética.

En Cuba no hay donde comprar estas prótesis así que se están importando. Las traen los

emigrados desde EE.UU., los cooperantes cubanos en Venezuela, los viajeros que van y vienen al

Ecuador y, los más adinerados, las buscan en Francia o España.

La demanda es tan grande que se ha montado un negocio en el que no pocas personas viven de

traer tetas desde el exterior. En la aduana del aeropuerto las dejan pasar sin abrirlas porque

deben llegar al salón en su envoltura aséptica original.

El costo es relativamente alto. Un par de implantes en el mercado negro cuesta alrededor de

US$700 si es de fabricación china y US$900 si es europeo. A eso hay que sumarle algún que otro

regalito para que el cirujano encuentre rápidamente un espacio en el quirófano.

Me acerqué a una de las consultas postoperatorias y me senté a oír las conversaciones. Casi

todas las chicas hablaban de los espantosos dolores de los primeros dos días pero ninguna dijo

arrepentirse, muy por el contrario encontré hasta reincidentes.

Llegó una mujer que hacía años se había puesto ya implantes mamarios de 300cc como la mayoría

de las cubanas que estaban allí. Sin embargo, esta señora de 40 y tantos y de muy buen ver, buscaba

una nueva operación para ponerse 500cc de silicona.

La fisonomía de la cubana está cambiando, las "criollitas" dibujadas por el caricaturista

Wilson con piel de caramelo, grandes fondillos, muslos gruesos y escasos senos podrían pasar a la

historia por nuevos cuerpos moldeados a base de silicona y bisturí.

Oficialmente el comunismo proclama que lo importante es la ideología de la mujer mientras que

los religiosos afirman que los implantes son un pecado contra la obra de Dios. Sin embargo,

marxistas y cristianos pierden los ojos tras la belleza de esos poliméricos sintéticos.

Pero no todos aprueban la operación, un cirujano amigo mío se opone radicalmente. Afirma que

"hay que estar loco para entrar a un salón por gusto, la gente no sabe el riesgo que corre". Se lo

dice a todas las chicas pero hasta ahora no ha tenido mucho éxito en su campaña.