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Este tipo de ataques cardícos con frecuencia son precedidos por un ataque de ira que también suele provocar ictus.

Los ataques de ira pueden aumentar el riesgo de un infarto agudo de miocardio

Por UNO

Investigadores de la Escuela de Salud Pública de Harvard, en Estados Unidos, han visto que con frecuencia los infartos de miocardio o los ictus suelen ir precedidos de un ataque de ira, con lo que estos fuertes enfados podrían servir como detonante o conllevar un mayor riesgo de sufrir sendas dolencias.

Así se desprende de los resultados de una revisión de estudios que publica en su último número la revista 'European Heart Journal', en la que han encontrado también que las dos horas posteriores a dicho ataque son el momento de mayor peligro, ya que el riesgo de infarto aumenta cinco veces y el de sufrir un ictus, tres.

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En su trabajo, los autores han visto que las personas que ya tienen factores de riesgo, como antecedentes de enfermedades cardiovasculares, son particularmente susceptibles a acabar sufriendo una de estas dolencias, mientras que en el resto de casos el riesgo es relativamente bajo.

Según sus cálculos, si se sufre un ataque de ira o rabia al mes, una de cada 10.000 personas con poco riesgo cardiovascular tendría un infarto o un ictus al año, pero la probabilidad aumenta a medida que también lo hace su riesgo cardiovascular. En personas con un riesgo elevado, estaría relacionado con cuatro casos por cada 10.000 personas.

Pero el problema está en que el riesgo es acumulativo, por lo que las personas más propensas a perder los nervios tienen más riesgo de sufrir un infarto o un ictus tras un ataque de ira.

Así, entre quienes sufren cinco episodios de enfados o ataques de ira al día, han visto que se producen unos 158 infartos por cada 10.000 personas al año, una cifra que aumenta a 657 en aquellos que además tienen algún problema cardiovascular.

Según ha reconocido a la BBC Elizabeth Mostofsky, autora del estudio, no está claro la razón por la cual la ira puede ser peligrosa, ya que estos resultados no indican necesariamente que cause problemas cardiovasculares.

Lo que sí está claro es que el estrés crónico puede contribuir al desarrollo de una enfermedad cardiaca, en parte porque puede aumentar la presión arterial y porque suele ir acompañado de hábitos de vida poco saludables, como el tabaco o el consumo de alcohol.