La NASA puso este sábado en órbita su telescopio James Webb, que permitirá a los astrónomos ver el espacio con nuevos "ojos" y acceder a rincones del universo hasta ahora inaccesibles.
El lanzamiento del cohete Ariane 5, que transportó el potente telescopio a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra, tuvo lugar en "una ventana de lanzamiento que comienza a las 12h20 GMT" (09:20 hora argentina)" en el puerto espacial de Kourou, en Guayana Francesa, en el noreste de Sudamérica.
El telescopio espacial James Webb "está seguro en el espacio, encendido y comunicándose con los controladores terrestres", afirmó la NASA.
Durante las próximas horas, días y semanas, el telescopio realizará la secuencia de maniobras y despliegues automáticos más compleja de la historia hasta que, dentro de un mes, llegue a su destino.
Un telescopio único
El telescopio James Webb fue diseñado específicamente para ser capaz de captar la antigua luz procedente de algunas de las galaxias más antiguas. Como la luz tarda en viajar por el espacio, existe una demora entre su percepción y el momento en el que ese evento realmente pasó.
El James Webb funcionará precisamente en la longitud de onda de la luz infrarroja, que no es visible para el ojo humano y permite estudiar la formación y evolución de las primeras estrellas, galaxias y planetas de nuestro sistema solar.
Se espera que el telescopio contemple la luz emitida por las primeras estrellas y galaxias del universo, que revelará el aspecto que tenían las estrellas hace 13.700 millones de años.
"Hoy le hacemos un enorme regalo de Navidad a la humanidad", celebró Josef Aschbacher, director general de la Agencia Espacial Europea (ESA), uno de los promotores principales de la misión, junto a EE UU y Canadá. "El James Webb nos permitirá hacer nueva ciencia y ya ha permitido un gran desarrollo tecnológico", añadió.




