Cuarentena en cuatro ruedas

La increíble pareja de argentinos que pasa la cuarentena en una casa rodante en España

Por UNO

Una pareja de músicos argentinos está pasando la cuarentena en una casa rodante en España. Cuando Carmela León y Fernando Bernstein pusieron un pie en el aeropuerto de Barcelona hace ocho meses atrás planeaban mirar a los ojos al desafío que se interpusiera en su camino. Con algunos pocos ahorros en el bolsillo, y después de haber trabajado durante un mes en la Isla colombiana Múcura como músicos, saltaron hacia el sueño de conocer cada recoveco alcanzable del planeta. Pero todo cambió con el COVID-19. De golpe, se encontraron con el confinamiento obligatorio en España por culpa de un virus que no estuvo en el imaginario de nadie.

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“La idea era viajar por Europa y de paso realizar el trámite del pasaporte de Carmela. Viajamos a dedo desde Navata, un pueblo catalán, hasta Genova, cruzando toda la Costa Azul en ocho autos diferentes y un camión. La primera noche de ese recorrido nos agarró en Frejus, una ciudad francesa a unos pocos minutos de Cannes.

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El spoiler de esta particular historia dice que el presente los tiene a ambos pasando la cuarentena en una finca en el medio de los montes de la ciudad española de Málaga, pero los capítulos previos incluyeron desde dormir en la puerta de una iglesia de la italiana localidad de Prato –"Nos habían dicho que ahí podrían darnos cama, pero Jesús no atendió el timbre, así que dormimos en la mismísima puerta de la casa del Señor", bromean–, hasta la incorporación al equipo de La Gitana, una autocaravana Ford Transit modelo 89 que le compraron a “dos nonos muy gentiles y simpáticos” en Italia y donde grabaron un disco que acaban de publicar con el aporte de tres músicos argentinos que conocieron durante el viaje.

El primer punto fijo marcado en el mapa era Pescara, en el centro de Italia, con vista al mar Adriático y donde Fernando tiene familiares lejanos por parte de sus abuelos, los mismos que le permitieron obtener la nacionalidad de ese país: “La idea era pasar unos días con la familia ahí y volar a Grecia para tramitar el pasaporte de Carmela, pero en el camino ella vio debajo de un puente a nuestra amada Gitana. Ese mismo día mandamos un mensaje de Whatsapp al número que mostraba el cartel y alrededor de las 21 fuimos a verla por dentro. Nos esperaban Osvaldo y Marissa. La vendían porque él sufría de la vista y ya no podía manejar".

Después de sacar su documento italiano, traducir su licencia de conducir y conseguir el dinero definitivo, la pareja se instaló en su nueva casa (“Una elección filosófica”, aclaran) y redireccionó los objetivos de la travesía: “Vivir viajando, conociendo sitios y personas nuevas que enriquezcan nuestras personalidades. Trabajar con la música en la vía pública o en lugares privados, llevar nuestra esencia de lugar en lugar, cambiar de paisaje y sentir que siempre pero siempre “estamos donde hay que estar” (como dice nuestra canción)”.

Pasaron un tiempo haciendo música en la Costa Amalfitana, hasta que optaron por retornar a Cataluña y allí subsistieron con el dinero que hacían con sus ritmos en el metro de Barcelona. Otra vez pusieron en marcha a La Gitana: la noche del 31 de diciembre los agarró haciendo música a la gorra.

La camioneta-casa cuenta con baño, cama matrimonial, heladera, dos mesas, ropero y capacidad para cinco personas, aunque lo que más disfrutan es la cantidad de ventanas “para mirar nuestro patio que es el mundo”. Convivir las 24 horas del día en ese espacio obviamente que expone sus complejidades, aunque para eso también están preparados: “Si tenemos un mal día, también es bienvenido. A veces simplemente sucede y no está mal. Podemos tomarnos el recreo de no hacer nada. Depende lo que necesitemos. Casi siempre terminamos charlando y alcanzamos un encuentro, donde nos disolvemos y unimos fuerza. Varias veces nos pasó antes de hacer música, que tuvimos que llorar, reír, abrazarnos mil veces y recordar lo que hacemos y el para qué".

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“Nosotros transitamos normalmente, siempre y cuando sea un traslado para hacer compras. La excepción también es que nuestro vehículo ademas de ser auto, es casa; y eso cualquier Policía lo entiende. Los cuidados higiénicos que tenemos son los mismos de siempre. Los básicos. En cuanto al virus, obvio que cumplimos las reglas que sabemos, lo del metro de distancia y los guantes en el supermercado, etc. Pero nosotros tratamos de no perseguirnos con la idea del peligro, no solo hoy… sino que siempre nos mantuvimos en ese eje”, advierten.

Con más de 10 mil kilómetros a bordo de La Gitana y alrededor de 26 ciudades visitadas, mientras comentan que el silencio en sus oídos solo es interrumpido por los pájaros y las cabras en el medio del paraíso natural que los tiene ahora como protagonistas, se despiden con su lema: “Estamos donde hay que estar. Simple y complejo. Se trata de vivir aquí y ahora. No hay nada más real que eso. El resto es proyección y suposición”.

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