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Francisco, el de la primera vez

Por Juan Arias/El PaísEspecial para UNO

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Nunca un papa acumuló sobre sí tantos “por primera vez”. Es la primera vez que, en 2.000 años, un Pontífice escoge el simbólico nombre de Francisco.

Es la primera vez que un papa es latinoamericano.

La primera vez que un papa es jesuita.

La primera vez que llega a papa un cardenal que se cocinaba.

La primera vez que ese cardenal viajaba en metro o a pie.

La primera vez que un cardenal que va a un cónclave del que puede ser papa (casi lo fue cuando fue elegido Ratzinger) les pide a sus fieles que en vez de ir a Roma usen lo que van a gastar para darlo a los necesitados.El primer papa que al aparecer por primera vez en San Pedro, antes de dar la bendición a los fieles, les pide a ellos que pidan por él a Dios y se les inclina en silencio.

La primera vez que un papa se presenta en la Plaza de San Pedro llamándose “obispo de Roma”, que es lo que significa el papa, pero que se había olvidado desde hace siglos.

El primer papa que apareció vestido sólo de blanco, sin púrpuras ni oros.

El primer papa con un solo pulmón.

El primer papa que cuando fue cardenal les besó los pies a enfermos de sida.

Hasta aquí lo que recuerdo de su “primera vez” hasta hoy.

¿Y a partir de mañana?Tendremos que ver si va a ser también el papa de la primera vez de aquí en adelante.

Podría ser, por ejemplo, el papa que por primera vez se fuera a vivir fuera del Vaticano. Quiso hacerlo Juan Pablo I, pero murió o lo murieron a los 33 días de pontificado. No le dio tiempo.

Podría ser, como Juan XXIII, a quien se parece en algunas cosas, el papa que convocase un nuevo Concilio Vaticano II, convidando a participar a toda la cristiandad.

Podría ser el papa que cambiara la forma actual de elección del obispo de Roma para que pudieran participar en ella más voces.

Podría ser el primer papa que abriese a la mujer las puertas del sacerdocio.

O la primera vez que un papa rehabilitase a los teólogos condenados al silencio.

El primer papa que, en vez de halagar, bendecir y dar la comunión a poderosos y dictadores, se colocara de verdad al lado de los más necesitados y olvidados y reservase sus flechas contra los verdugos y no contra las víctimas.

Francisco fue el santo más parecido al profeta de Galilea. Su máxima era que bastaba como regla de vida el Evangelio y nada más.

Fue el santo que gritó contra la riqueza de la Iglesia a finales del siglo 12 y contra una Iglesia también entonces implicada en contiendas e intrigas entre cardenales.

Llamarse papa Francisco compromete al nuevo pontífice, en este momento que vive la jerarquía, más que todos los discursos que pueda hacer.

Un jesuita que se apellida a sí mismo Francisco podría parecer una paradoja.

Quizás sea un símbolo de que algo puede empezar a cambiar en la anquilosada y aún medieval Iglesia del Vaticano.

Ah, y para mis lectores, amigos de los animales, Francisco de Asís fue el santo de todos ellos a quienes llamaba de “hermanos”.