Cuando el papa Francisco aterrice en la Base Andrews de la Fuerza Aérea, cerca de Washington, el 22 de septiembre, no sólo será la primera vez que visite Estados Unidos como el máximo jerarca de la Iglesia católica. También será la primera vez que toque el suelo estadounidense.
El excardenal de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio, nunca siguió los pasos de otros prelados que viajaban a Estados Unidos con el fin de darse a conocer en ese país, conseguir dinero para sus obras y misiones de caridad, o cabildear en la poderosa, influyente y acaudalada iglesia estadounidense.
Este hueco en su historial puede explicarse en parte por la personalidad de Francisco. Es un individuo circunspecto que aborrecía alejarse de casa, y sentía la profunda obligación de estar cerca de los fieles de su arquidiócesis. También es conocido por su oposición al arribismo, y condenaba a los "obispos de aeropuerto" que pasaban más tiempo viajando para su propia promoción o esparcimiento que para servir a su feligresía.
Aun así, su falta de compenetración con Estados Unidos llama la atención para muchos en el Norte, en especial para aquellos que tratan de tolerar su crítica hacia los excesos del capitalismo global y se preguntan si este primer papa latinoamericano siente rencor por las políticas estadounidenses hacia su región natal, Latinoamérica.
"Este viaje a Estados Unidos será el más difícil, el más desafiante y el más interesante, porque explorará un mundo que para él es más extraño que Asia, que las Filipinas", a donde Francisco viajó en enero, dijo Massimo Faggioli, un experto en historia eclesiástica de la Universidad de St. Thomas en Minnesota. "No es solo una barrera de lenguaje. Es una barrera cultural".
El obispo argentino Marcelo Sánchez Sorondo, uno de los principales asesores de Francisco en el Vaticano, refutó la noción de que al Papa le disguste Estados Unidos.
La visión del Papa de que un sistema económico global enfocado en maximizar las ganancias está destruyendo a los pobres y al medio ambiente no fue bien recibida en un país considerado como la sede mundial del capitalismo y Sánchez Sorondo insistió en que Francisco no es anticapitalista, y dijo que el Papa admira a Estados Unidos por los principios de sus Padres Fundadores.
Pero la postura de Francisco también está moldeada por otra historia, que incluye la relación de Estados Unidos con dictadores latinoamericanos, el trato que da Estados Unidos hacia los inmigrantes mexicanos y centroamericanos, y la añeja política estadounidense hacia Cuba, dijo Sánchez Sorondo.
Francisco ayudó recientemente a negociar una histórica distensión en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos que ha llevado a la restauración de lazos diplomáticos entre los países.
"No creo que el Papa tenga nada contra Estados Unidos", dijo Sánchez Sorondo en entrevista en Roma. "Lo que Papa quizá tenga es que él sintió las repercusiones de Estados Unidos en América Latina".
La situación es también completamente inédita para los católicos estadounidenses, acostumbrados a los predecesores inmediatos de Francisco: Juan Pablo II y Benedicto XVI, quienes vivieron la Segunda Guerra Mundial, cuando los estadounidenses eran consideradores libertadores y benefactores generosos que reconstruyeron un continente destrozado por la guerra.
Cuando Juan Pablo II era el cardenal Karol Wojtyla, arzobispo de Cracovia, Polonia, viajó por todo Estados Unidos, en especial hacia comunidades de polaco-estadounidenses. Como Papa, encontró puntos en común con los estadounidenses, como la lucha contra el comunismo.
Por su parte, Benedicto XVI, antes cardenal Joseph Ratzinger, de Alemania, había sido el guardián de la doctrina de Juan Pablo II por más de dos décadas, y no solo visitó Estados Unidos, sino que se reunió con líderes eclesiásticos estadounidenses de manera regular en Roma.
En 2008, en la única visita de Benedicto XVI a Estados Unidos como pontífice, el presidente George W. Bush lo recibió en la Casa Blanca, donde el Papa terminó su mensaje con la frase "Dios bendiga a Estados Unidos", la que utilizan habitualmente los presidentes estadounidenses. Esa rúbrica fue tomada por muchos europeos y otros como una sorprendente aprobación a la idea de la excepcionalidad de Estados Unidos, dijo Faggioli.
"El papa Francisco —sus raíces culturales, su formación— es completamente diferente", dijo Faggioli.
Fuente: AP.


