Entrevista con Juan Sebastián Marroquín Santos, uno de los hijos del narcotraficante Pablo Escobar.

Del hijo de Pablo Escobar: "Es muy diferente lo que vivimos a lo que nos cuentan las series de televisión"

Por UNO

Juan Pablo Escobar o Juan Sebastián Marroquín Santos. Ambos nombres develan una misma y pesada herencia: ser hijo de Pablo Escobar Gaviria, quien fuera el narcotraficante más renombrado del siglo XX. Luego de la muerte de su padre, su hermana, Manuela, y su madre, Victoria Henao Vallejo, cambiaron sus nombres después de un proceso judicial aprobado por la República de Colombia. Finalmente, los tres pudieron iniciar una nueva vida. Hoy se ha transformado en un heraldo de la paz, pero las dificultades, los temores, los exilios que tuvo que afrontar a lo largo de sus 39 años, quedaron reflejados en el libro Pablo Escobar, mi padre.

En este diálogo que salió al aire hace dos semanas en el programa La Conversación, que se emite los sábados por radio Nihuil, el hijo del narcotraficante contó detalles de su inusual relación fraterna con Escobar, a quien no menciona con eufemismos, pero tampoco deja de valorar su franqueza: jamás ocultó la verdad a su familia y se hizo cargo de cada uno de sus crímenes.

-¿Con qué nombre te gusta que te llamen, Juan Pablo Escobar o Juan Sebastián Marroquín Santos?

-Es indistinto el nombre. Lo importante son las acciones que realizamos. Si me dices Juan, les pegas a los dos. Para mí el nombre es la identidad, es importante, con algún arraigo frente a su apellido. En mi caso, ha sido una limitante. Ha hecho que las aerolíneas no nos vendieran pasajes simplemente por llevar el apellido Escobar.

-Después de toda tu historia y del libro "Pablo Escobar, mi padre" que escribiste, te has transformado en heraldo de la paz y esto es un proceso difícil. ¿Cuál es tu opinión sobre el "no" que sucedió en Colombia?

-Estoy muy triste. No se puede entender que un pueblo quiera vivir en la guerra y no darle permiso a la paz. Los colombianos estamos labrándonos nuestro propio futuro muy negro. Algunos votaron que no y dijeron que no era un no a la paz, sino al acuerdo. Creo yo que de pronto esta casi paridad en la votación está abriendo una puerta para que los sectores en pugna se puedan unir y darle prioridad a la paz. La paz es una obligación de las personas, en Colombia la necesitamos hace 30 años.

-Me llama la atención la cantidad de colombianos que no votaron.

-Si bien nos jactamos de ser la democracia más antigua de Latinoamérica, creo que nos está faltando muchísimo en el compromiso y en la participación como latinoamericanos. No ganó el sí o el no, sino el abstencionismo. La pereza de la gente de salir a buscar su propio futuro. Las personas de las ciudades no perciben las guerras porque muchas de esas guerras se llevan adelante en las zonas rurales. Entonces la persona citadina no tiene la misma intención de participar porque ninguno de sus familiares ha pisado una mina quiebrapatas. La paz es una responsabilidad en la que todos tenemos que comprometernos y trabajar.

-Tu papá, Pablo Escobar, sentía fascinación por Al Capone, por Bonnie and Clyde. Él para, bien o para mal, terminó siendo tan famoso como ellos. Es uno de los personajes más pesados del siglo XX. ¿Cómo se siente tener ese peso?

-Uno creía ingenuamente que el mundo se olvidaría de mi padre, pero hoy se habla más de Pablo Escobar que cuando estaba vivo. Es increíble cómo este fenómeno de las series, de la narcocultura, una vez que los medios de comunicación entendieron que esta clase de personajes como mi padre despiertan una extraña fascinación en las personas, se convirtió así en un negocio muy lucrativo. No les quedaba otra que reflotar la imagen y la historia de mi padre.

-¿No reflejan la verdadera historia de tu familia?

-Parte de esto me obliga a mí a escribir la historia real. Es muy diferente lo que vivimos a lo que nos cuentan las series de televisión. Lo peor es que le están instalando a la juventud el deseo de ser narcos. Les están metiendo en la cabeza que ser narcotraficantes quizás es lo mejor que les podría pasar en sus vidas. Está de moda, es cool ser narcos.

-¿Cuál es el rol de los medios?

-Los medios de comunicación hacen un uso muy irresponsable de esto y mezclan ficción con realidad. Y se la venden a los jóvenes. Yo recibo por las redes sociales mensajes de jóvenes que te sorprenderías: desde la India, Palestina, Pakistán, Filipinas, Rusia, Ucrania, países de África. Yo tengo la oportunidad de hablar con ellos y persuadirlos, decirles que la realidad es muy diferente y que esa es una historia para no ser repetida. Las series muestran una realidad que no ocurrió y que solamente está en la cabeza de los guionistas. A la hora de hacer negocios, les venden a los jóvenes la verdadera historia de Pablo Escobar y a la hora de los reclamos dicen que era pura ficción.

-¿En qué aspectos creés que las series sobre tu padre, "Narcos", la original de Netflix, y la de producción colombiana, como también las películas sobre tu padre no le hacen honor a la verdadera historia, en dónde fallan?

-Fallan en las bases. Las dos series están basadas en libros escritos por personas que jamás se tomaron un café con mi papá. Tú me conoces más a mí y a mi familia, por lo que hemos hablado, que lo que nos conoce Netflix o Caracol Televisión.

-¿Cómo viviste como hijo el tema de las continuas infidelidades de tu padre hacia tu madre y el hecho de que él mandara a matar a tanta gente? ¿Cómo lo ibas sufriendo?

-En cuanto a la violencia, mi padre desde muy pequeño me abordó a mí, me dijo a los 7 u 8 años: "Mi profesión es ser bandido. A eso me dedico". A esa edad no tienes la capacidad de entender la palabra "bandido". Pero con el paso del tiempo me fui dando cuenta y él ya no tuvo ningún inconveniente en reconocer lo que hacía y lo que no hacía. Por ejemplo, cuando veíamos las noticias, de repente aparecían personas muertas o noticias sobre explosiones y demás, y él decía: "Estas bombas las puse yo. A este lo maté yo, a este no". Es difícil, es una cosa que parece de ciencia ficción. Nunca te terminas de acostumbrar escuchar a tu padre decir esto.

-¿Pero lo has superado?

-Si tengo que elegir entre tener un papá que me hablaba con tanta franqueza o tener otro padre, como les tocó a los hijos de los miembros del cartel de Cali, que les juraban que eran dignos empresarios y nobles personalidades del país, yo prefiero haber tenido al padre que tuve. Por lo menos, me reconocía la violencia que ejercía. Me daba la posibilidad de discutirle e invitarlo a la paz. Hicimos grandes esfuerzos por que él abandonara la violencia. La única vez que nos escuchó fue cuando se entregó en la cárcel de La Catedral. Le dedica la entrega a su familia y a mí me dice "su hijo pacifista de 14 años". Yo nunca fui un adulador, fui uno de sus más grandes críticos. Yo no esperé a que Pablo Escobar se muriera para salir a hablar de paz. Yo no critico a mi padre, yo simplemente digo: "Mi padre hizo esto".

-¿En cuanto a las infidelidades?

-Con respecto a las infidelidades, quiero decir que mi padre era un tipo sumamente infiel, pero no traía a sus novias a sentarse en el comedor de la casa. Hacía lo que hacía, pero siempre se ocupó de negárselo a mi madre. Ella nunca lo agarró in fraganti.

-Pero ella sabía.

-Sabía y no sabía. Miles de cosas se decían de mi padre, Pablo Escobar vivía en la clandestinidad. Era imposible tener un control sobre su comportamiento. Lo único que hacía que mi madre siguiera a su lado es que la única mujer que él amó fue a ella. Ellos se conocieron, se casaron y se escaparon cuando no tenían un peso en el bolsillo, cuando no eran nadie, cuando no tenían ningún futuro. El amor que nació entre ellos fue un amor genuino. Un amor que se gestó en un barrio de clase media baja de la ciudad de Medellín, mi padre llegó con su familia desplazado por la violencia política de Colombia. La familia de mi madre tenía mayores recursos económicos que la de mi padre. Siempre rescataré que mi madre priorizó el cuidado y la educación de sus hijos en circunstancias tan extremas, en las que mi padre, su esposo, era el hombre más buscado del mundo. El menor de los problemas eran las infidelidades, si lo comparas.

-En el libro se puede ver una fotografía con el hijo del ministro Rodrigo Lara Bonilla, una de las personas que murió por encargo de Pablo Escobar. ¿Cómo fue encontrarse con una de las víctimas de tu padre?

-Ha sido muy esperanzador, es muy grato para el futuro de mi país. He podido llevar adelante procesos de reconciliación, no solamente con los hijos del ministro, incluso, me he juntado con los hijos de los narcotraficantes que también fueron víctimas de la violencia de mi padre, hijos de policías cuyos padres corrieron la misma suerte, familiares de víctimas del avión de Avianca, donde murieron más de cien almas.

-¿Qué sentimiento te genera?

-Me llena de esperanza porque las víctimas son los que más se podrían oponer a los procesos de paz y son los que más a favor se muestran. Por eso aquellos a los que no les ha tocado perder familiares por la violencia o que una bomba no le explotó al lado no les importa y piden guerra, porque no les ha tocado. Pero los que conocemos el horror de la guerra, decimos que a cualquier precio la paz es barata.

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Heraldo de la paz. El heredero de Pablo Escobar junto al libro que escribió sobre la historia de su renombrado padre.
Heraldo de la paz. El heredero de Pablo Escobar junto al libro que escribió sobre la historia de su renombrado padre.
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Estigma. Escobar padre e hijo. Juan Pablo eligió cambiar su nombre para empezar una nueva vida.
Estigma. Escobar padre e hijo. Juan Pablo eligió cambiar su nombre para empezar una nueva vida.
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