La fama de indestructibilidad de los vehículos fabricados por Toyota es conocida a nivel mundial, en gran parte gracias a demostraciones mediáticas previas. Muchos entusiastas del mundo motor recuerdan el episodio del programa Top Gear, donde una camioneta de la marca cayó desde una altura de 61 metros. En aquella ocasión, el vehículo resistió el impacto y su motor arrancó sin mayores inconvenientes, lo que cimentó la reputación de hierro del modelo. Sin embargo, un nuevo desafío buscó elevar la vara de la destrucción a niveles estratosféricos.
Sin embargo, en junio de 2021, un nuevo desafío buscó elevar la vara de la destrucción a niveles estratosféricos, dejando atrás los viejos récords televisivos para buscar un límite físico absoluto.
El canal de YouTube WhistlinDiesel decidió que los 60 metros del pasado eran insuficientes y organizó una demostración mucho más radical. Para lograr su objetivo, utilizaron un helicóptero encargado de elevar la camioneta hasta una altitud superior a los 3.000 metros. El objetivo central del video consistía en verificar si la maquinaria podía mostrar algún "signo de vida" tras impactar contra el suelo desde semejante distancia, llevando la ingeniería japonesa a un límite físico absoluto.
El primer impacto de la Toyota
El experimento se dividió en dos etapas para evaluar el daño progresivo sobre la unidad. En una primera instancia, el helicóptero elevó el vehículo hasta los 152 metros de altura. Durante esta fase inicial, la camioneta se precipitó en caída libre e impactó de frente contra la tierra. La fuerza del golpe resultó devastadora: el chasis se dobló completamente por la mitad y la estructura general quedó severamente comprometida, dejando en claro que esta prueba no tendría el mismo final feliz que la realizada por la televisión británica años atrás.
A pesar de que la unidad ya estaba destruida tras el primer lanzamiento, el equipo de producción decidió continuar con el plan original. Recogieron los restos deformados de la Toyota Hilux y procedieron a cargarlos nuevamente para el evento principal. La curiosidad por ver el efecto de la gravedad desde una altura de aviación superó a la lógica de preservar lo poco que quedaba del automotor.
Un final aplastante
La segunda caída se realizó desde una altura de 3.048 metros. El descenso de los restos metálicos duró aproximadamente 29 segundos, tiempo suficiente para que el objeto alcanzara una velocidad terminal considerable. Al tocar el suelo, la camioneta aterrizó sobre sus ruedas, pero la energía cinética acumulada generó una compresión instantánea. El vehículo quedó totalmente aplastado, con una apariencia similar a la que tendría si una aplanadora le hubiera pasado por encima.
Como era de esperarse tras semejante castigo, la Toyota Hilux no emitió ninguna señal de funcionamiento posterior. El motor y los sistemas eléctricos quedaron reducidos a chatarra compactada. Si bien esta demostración funcionó más como un espectáculo visual de destrucción que como un test técnico de durabilidad, sirvió para confirmar que, aunque estos vehículos son robustos, existen límites físicos que ninguna ingeniería puede superar cuando la gravedad entra en juego de forma tan extrema.




