Realizar una excursión por el Zoológico suele ser uno de los tantos planes de las familias cuando los niños están de vacaciones o de aquellos turistas que vienen a en esta época. Un programa que resulta poco atractivo, ya que el paseo luce con muchas de sus jaulas vacías y con algunos de sus animales en un estado de nerviosismo inhabitual, sobre todo los osos pardos, que no paran de ir de un lugar a otro.
Quizás sea una decisión la de "vaciar" el Zoo mendocino y convertirlo en un ecoparque, como ya han anunciado las nuevas autoridades. Pero lo cierto es que los visitantes se quejan cuando caminan metros y metros sin encontrar más que carteles anunciando las especies que ya no están. Lo más lógico sería transparentar qué se quiere hacer con este sitio y no dejarlo a la buena de Dios, como se suele decir.
De hecho, se han muerto 14 animales en las últimas semanas y todavía nadie sabe qué sucedió con ellos. Después de permanecer cerrado una semana, los funcionarios a cargo del Zoo lo abrieron e informaron que están esperando los resultados de las necropsias. Una de las hipótesis que se barajó fue la de un boicot de parte de algunos empleados que no quieren los cambios que se vienen.
En este compás de espera se habló de que se había reforzado la seguridad luego de la sorpresiva muerte de tres llamas y ocho ciervos. Sin embargo, esta periodista sólo vio ayer a un guardia en todo el recorrido, quien no impidió que un grupo de adolescentes le diera de comer a unos venados a través del portón del corral.
Otra de las cosas que me llamó la atención es la cantidad de monos que estaban fuera de su jaula, en la zona donde están los mandriles. Incluso en un momento se molestaron y quisieron atacar a un pequeño cuando este intentó acercarse para jugar. A otro niño le quitaron un paquete de gomitas de las manos en un abrir y cerrar de ojos, lo que me llevó a pesar que el paso a una lesión era sólo cuestión de suerte.
En total contabilicé una veintena de monitos, repartidos entre los senderos del recorrido y los árboles lindantes. En este caso, tampoco apareció ningún cuidador para alertar a los paseantes o para ubicar a los bichos en su lugar.
También pude observar el descuido de algunos padres, que dejaban trepar a sus hijos a una pirca de piedras que resguarda el sitio donde se encuentran los leones. Unos verdaderos temerarios e irresponsables. Pero tampoco aquí apareció nadie para advertir a los visitantes.
En estas condiciones es un peligro que el Zoológico abra sus puertas, ya que más allá de la responsabilidad de cada uno, los controles deben existir para no tener que lamentar una tragedia o la muerte de más animales por ingerir algo indebido.
