Mendoza Lunes, 22 de octubre de 2018

Sin el poder de los caciques, el PJ de Mendoza se redefine

Tras el giro –necesario o desesperado– ante la inminente campaña, los peronistas movieron las piezas. A esta etapa se la podría llamar "la hora del poder k" o también "el ocaso de los intendentes".

"Esperando al Mesías" se llamó una película del director argentino Daniel Burman, estrenada en el 2000. Su argumento gira en torno de la búsqueda constante de la identidad, en medio de las crisis existenciales y sociales de sus personajes. Esta podría ser una buena definición para el peronismo mendocino, de cara al 2019 y estas últimas semanas han sido una clara muestra de ello.

Es que hace mucho tiempo que no existe un líder que comande el barco, que parece andar sin timón desde las sucesivas derrotas de 2015 y 2017, y la muerte de Juan Carlos Mazzón, el padre del sector azul y quien enderezaba los renglones torcidos donde se escribía la interna del partido en Mendoza y la terminaba ordenando.

En definitiva, y a pesar de que han buscado la forma de remplazar a esa figura fuerte y con vocación de gobernar, no lo han conseguido. Mientras, han perdido tantos espacios de gestión (7 departamentos) como los que pondrán en juego el próximo año (las 5 comunas que les quedan), sólo que en este último caso, de perderlas, se quedarían sin peso territorial.

Está claro que el Mesías no vendrá. ¿Pero quién, qué clase de alianzas, qué acuerdos pueden reemplazarlo? En esto trabajan a destajo algunos líderes de espacios tradicionales y representativos -los que van quedando- del PJ mendocino, que esta semana recibieron un tiro de gracia: el retiro voluntario de Alejandro Bermejo de la carrera por la reelección y el "ungimiento" de Matías Stevanato, un ex colaborador de Celso Jaque, como posible candidato a comandar Maipú. Un extraño juego de tronos del que nadie sale ileso.

La hora del poder K

Todos los que componen la estrambótica geografía peronista local lo saben: el momento de cambiar autoridades y definir los lugares de las listas suele ser una partida de ajedrez, en la que se si se juega una pieza, otra puede fortalecerse o debilitarse. Esta vez no fue la excepción. A esta etapa del peronismo local se la podría llamar "la hora del poder k" o también "el ocaso de los intendentes".

Fuentes del PJ contaron que hubo primero una especie de acuerdo, que data de hace por lo menos dos meses, para colocar a Guillermo Carmona como autoridad máxima provincial. La intención fue moderar el discurso y representar a ambas alas del PJ: la nacional y popular, y la tradicional.

En principio parecía un acuerdo cerrado por los dos sectores. Pero no fue tan así, puesto que cuando se sentaron a definir las cabezas del partido y pensando en la unidad, los peronistas tradicionales pidieron la vicepresidencia. Pero desde el sector K, que ahora opera en conjunto con el ciurquismo, les bajaron el pulgar. Al parecer, el motivo es el distanciamiento del kirchnerismo local y el carmonismo.

Desde esta perspectiva, Unidad Ciudadana no se hizo cargo de Carmona como presidente y pidió la vicepresidencia primera, que finalmente ocupó Florencia Décima -del riñón de Anabel Fernández Sagasti-.

Entonces, el PJ tradicional negoció la conducción de la Juventud Peronista, un rescoldo que no quiere perder.

¿Pero qué ha fortalecido tanto a los kirchneristas en Mendoza, si antes era sabido que no conseguían que se los tuviera en cuenta? Un conjunto de factores son importantes a la hora de explicar este fenómeno. En primer término, los resultados de las PASO 2017: el kirchnerismo, armado por Lucas Ilardo y Fernández Sagasti, y llevando en primer lugar a Juani Jofré, ganó en dos distritos electorales (el primero y el tercero) y perdió en el segundo y en el cuarto, frente al peronismo tradicional, expresado en la línea Nueva Conducción (de los intendentes y Omar Félix).

Además, hay que tener en cuenta que si a esos votos se les hubiera sumado una parte de los que fueron para el sector Construyendo, que armó Jorge Tanús -ahora integra el sector k-, Unidad Ciudadana habría corrido con ventaja.

Jorge Tanús
Jorge Tanús

El segundo aspecto es la situación de los intendentes, que han dejado de ser un frente fuerte para ser un ala un tanto desmembrada de poder. Algunos peronistas dicen que si bien ya venían debilitados por los avatares propios de gestiones larguísimas -el radicalismo espera frenarlas con el proyecto de ley de límite a sus reelecciones- e intentando no asumir como propia la derrota de Francisco Pérez, el golpe final se los dio el alejamiento de Bermejo de la conducción.

Jorge Omar Giménez, intendente de San Martín
Jorge Omar Giménez, intendente de San Martín

Con El Pulga fuera de carrera, los demás no pueden levantar cabeza. Jorge Omar Giménez (de San Martín), más aliado al intendente radical Mario Abed (Junín) que a los propios peronistas; Roberto Righi (de Lavalle) y Martín Aveiro (de Tunuyán) no son figuras populares. El único que podría jugar fuerte es Emir Félix, pero sólo tiene resto para hacerlo en el Sur, no tiene influencia en los demás distritos.

El tercero es que, a nivel nacional -y por ende, a nivel provincial- el PJ sabe que no puede ganar sin Cristina Fernández de Kirchner.

Y el cuarto es que la figura de Anabel Fernández Sagasti se ha destacado por sobre la de los demás peronistas. De hecho, fue la única que se sentó a negociar con el gobernador Alfredo Cornejo, algo que no hizo ninguno de los intendentes -al menos en este último año de gestión-.

Este fue el cúmulo de situaciones que hizo que el kirchnerismo pudiera negociar lugares que de otra manera no habría obtenido.

-Candidato nacional. El candidato a presidente puede definir alianzas en Mendoza. Felipe Solá podría representar la unidad mendocina y Juan Manuel Urtubey la separación del partido.

-Gabrielli, anotado. Entre tantas idas y vueltas, el que se anotó para la carrera a la gobernación es Rodolfo Gabrielli. El problema es que no aglutinaría a los K, porque está más cerca de Urtubey.

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