El mazazo que ha recibido el gobierno de Alfredo Cornejo es inolvidable.
El crash vendimial ha provocado un terremoto puertas adentro del palacio del Centro Cívico.
Y el sismo ha conmovido los cimientos de una administración que se jactaba, con razón en muchos rubros, de prolija, eficiente y previsora como pocas.
Don Seguro, preso
"La Fiesta se hace", afirmó con su habitual don de mando el gobernador Alfredo Cornejo.
Lo ordenó mientras todavía crujía el Frank Romero Day, donde cayeron la grúa y la parrilla de luces.
Y, sobre todo, cuando a los bailarines que se salvaron de que les cayera un clúster de luces sobre sus humanidades aún no les volvía el alma al cuerpo.
Sin embargo la realidad a través de la Vendimia decidió hacerle a Cornejo una Doble Nelson, aquella famosa toma de la lucha libre que deja desconcertado al que la recibe.
El peleador callejero
Este gobernador ha librado batallas ásperas y extensas con sindicalistas, jueces, políticos, empresarios y, en realidad, con medio mundo.
Se ha acostumbrado a tener a todos cortitos.
Y para decir las cosas como son, buena parte de la población percibe que Cornejo está gobernando, es decir que se está ocupando de las cosas, y "no como otro que yo me sé", por no decir Paco Pérez.
Pero fue la Vendimia, la cuestionada Vendimia, esa cosa medio apolillada, esa costumbre a la que queremos y odiamos como si fuera alguien de la familia, la que lo tiró de espaldas.
La realidad puso a Cornejo "de cúbito dorsal", como dicen los informes de la policía cuando quieren afirmar que alguien se cayó de espaldas.
Trompadón
¿Vio, lector, que la maravillosa vida cotidiana tiene esa hijoputez de darnos golpes bajos cuando menos lo esperamos?
Bueno, suplante usted "la vida misma" por "la política".
Este cross a la mandíbula que ha recibido Cornejo hay que buscarlo en, paradójicamente, un descuido político. ¿Por qué paradoja?
Porque Cornejo es el tipo de político al que le gusta tener todo bajo control. Y sin embargo se le escapó la liebre vendimial.
Preguntas a borbotones
¿Le falló al gobernador el olfato político?
¿Se confió demasiado en su secretario de Cultura, Diego Gareca (hoy el Frankenstein al que todos los pastores quieren matar), y en el equipo vendimial?
¿Hizo el seguimiento diario de las obras en el Anfiteatro, ese al que los bien hablados insisten -con ánimo de vicedirectoras- en designar teatro griego?
¿Fue en persona al Frank Romero Day y pidió datos de todo?
¿Preguntó meticulosamente por las medidas de seguridad para el público y para los artistas?
¿Tuvo debidamente en cuenta que a esta Fiesta vienen gente y periodistas (la diferenciación no es peyorativa sino necesaria) de todo el mundo?
¿Su ejército de colaboradores no le hizo llegar dudas sobre la seguridad con esas grúas tan cerca del público y de los artistas?
¿Estuvo el gobernador demasiado centrado en poner en caja las pretensiones salariales de bailarines, músicos y actores (lo cual no está mal porque él no paga de su bolsillo sino de la billetera del pueblo) y descuidó la logística de la Vendimia?Coman, muchachos
Lo cierto es que la oposición, en particular el peronismo que sigue sin dar pie con bola, ha encontrado servido en bandeja el filón que requería para hacer algo de política.
Varias de las devaluadas figuras del peronismo, ámbito donde ni por asomo aparece alguien con una nueva capacidad de liderazgo o que aporte algún aire fresco conceptual, han salido en tropel a poner el grito en el cielo.
Así han remarcado la impericia del Gobierno provincial, han calificado de desastre total la seguridad de la Fiesta, han reclamado garantías de todo tipo y han remarcado la soberbia y la mediocridad del equipo de Vendimia.
Y están en su derecho. Así es el juego político.
Ahora las redes sociales arden con los "A Paco no se le cayó ninguna grúa", "Las Vendimias peronistas se hicieron en tiempo y forma", o "Los radicales no son buenos ni para hacer fiestas".
En resumen
Ojo al piojo entonces con la Vendimia.
Podemos decirle de todo y encontrarle cucarachas por todos los rincones, pero la Vendimia está más enquistada de lo que uno cree en el cuerpo social.
Puede que tenga aspectos ridículos, como toda esa cosa de realeza, capas y coronas con penetrante olor a naftalina.
Puede que actos como la Vía Blanca o el Carrusel sigan sin modernizarse y se siga haciendo una cosa anacrónica y pobretona cuando hasta los carnavales de Lincoln ofrecen paradas más vistosas y trabajadas.
Puede que dentro de unos años ya no se elija reina, por eso de que los concursos de belleza denigran.
Pero ahí está la Señora, firme como Mirtha a los 90.
La enseñanza vendimial de este año es clara. Se puede llevar puesta a más de un político descuidado.
Con su habitual don de mando el gobernador había ordenado: "La Fiesta se hace". La realidad, jodida, lo puso de cúbito dorsal
La Doble Nelson que doblegó a Cornejo
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