Mendoza Lunes, 13 de agosto de 2018

El centenario almacén del Turco donde el "tiempo no pasa"

Es de los históricos de ramos generales, esos donde el tiempo no trascurre, donde todo se mantiene.

Hay lugares donde el tiempo no trascurre. Todo es perenne y se mantiene tal cual lo preserva la memoria. Lugares donde el progreso no pasa su guadaña, su retroexcavadora, su condena al olvido. Hay en algunos sitios de Mendoza, cuyas coordenadas a veces deberían mantenerse ocultas para resguardarlos, pueblos perfectos, almacenes ideales de esos en donde todo se consigue, salvo la pena.

El almacén del Turco, en el carril Albardón, en el distrito rivadaviense Los Árboles, es uno de esos lugares.

Clásico almacén de ramos generales que "debe de tener 100 años", concuerdan después de debatir un poco la dependiente actual del lugar, Iris Mariana, y uno de sus clientes, el reconocido e histórico pediatra de San Martín Carlos Viani, que es nativo de Los Árboles pero ahora va de visita a confirmar el estado de su finca y recuperar los recuerdos de años felices.

De adobe, ubicado en una esquina estratégica y sobre el carril principal que en Junín recibe el nombre de Caballero, el almacén tiene el nombre de San Cayetano, pero en la zona se lo ubica como el almacén del Turco, por los Marón, sus dueños originales, quienes aún conservan y alquilan esa propiedad.

Desde carne hasta pan casero. Desde alpargatas hasta empanadas que permiten asegurar que Dios existe. Desde aguja e hilo hasta los "vicios", tal como se definía a la yerba, el tabaco, la harina y algún chiflete para calentar el triperío.

"Sí, todavía hay buena clientela, a pesar de que ya no vive tanta gente en la zona", contó Iris Mariana, que vive en la zona desde hace 24 años y que les alquila el almacén a los Marón.

Hay una creencia que dice que las construcciones con paredes de adobe de 60 centímetros son frescas en el verano. Mentira. "¡Noooooo! ¡Acá adentro te morís de calor en el verano y de frío en el invierno!", dijo Iris.

"En el verano, con el horno en donde hacemos el pan, las tortitas y las empanadas, acá tenemos que abrir todas las puertas (tiene tres hacia adelante y varias hacia atrás) y las ventanas e igual nos morimos de calor. Y en el invierno no hay forma de calentarse", aseguró.

Además de un buen surtido de artículos de almacén, buena verdura y buena carne, el lugar tiene artículos de bazar, de mercería, ropa, calzado, librería, regalos varios y corralón. Nada que esté fuera de un clásico almacén de ramos generales.

Y todavía, a pesar de que el carril puede llevar en forma más o menos directa a un supermercado en 30 minutos si es que uno tiene una motito, "hay buena clientela", dijo Iris. Es que es mucho más simple y rápido caminar hasta allí que viajar hasta la ciudad, máxime cuando no hay línea directa de colectivos.

Pueblo

Según el censo 2010, en el pueblo vivían 362 personas y 1.241 en el resto del distrito.

Originalmente los pobladores de la zona llamaban a su lugar El Albardón, debido a que allí están las barrancas que descienden hasta el río Tunuyán.

Y también por costumbre y debido a que la humedad del río, la tierra fértil y la buena mano de los primeros pobladores hicieron que el lugar comenzara a cubrirse de árboles los viajantes y los lugareños comenzaron a indicar: "Allá, en los árboles..." y el lugar fue rebautizado.

Hay apellidos muy conocidos entre los primeros pobladores: Lombardo, Arboit, Escorihuela, Viani, Oyarzábal, Mucarsel...

Vicente Lombardo, cuyo nombre hoy tiene la plaza principal de Los Árboles, fue una de las figuras trascendentales del lugar. Maestro rural, ubicó la escuela dentro de su propia casa (comenzó a funcionar en 1904 con el nombre de Alfonso Bernal). Lombardo creo también una biblioteca, fue corresponsal de varios diarios y presidió cooperadoras y el club del lugar en diferentes momentos y por varios años.