Mendoza Domingo, 18 de diciembre de 2016

Andorra: el pequeño país que logró vivir del turismo

El modelo que el gobernador quiere emular para aplicar en Mendoza es un destino premium para los esquiadores. Recibe más del doble de visitantes por año que toda nuestra provincia, la mayoría procedente de Estados limítrofes.

Dijo el gobernador Alfredo Cornejo que quiere que Mendoza sea en 2017 la Andorra de Sudamérica. Suena lejano, raro, desconocido. Y lo afirmó más que como una idea o una aspiración, como un hecho: licitará y explotará la montaña mendocina para reafirmarla como un polo turístico, más allá de los visitantes que ya atrae por sí sola y, por supuesto, por el Aconcagua.

La pregunta que surge entonces inmediatamente es ¿qué es Andorra? Andorra es un país independiente ubicado en el límite entre España y Francia, más precisamente en la cadena montañosa de los Pirineos. Tiene menos habitantes que la ciudad de Mendoza. Su forma de gobierno es el coprincipado parlamentario. Esto significa que tienen un copríncipe episcopal -sólo con injerencia en cuestiones religiosas-, uno francés y un jefe de gobierno. A su vez, hay un poder Ejecutivo que dirige la política nacional e internacional de Andorra, la administración del Estado, y ejerce la potestad reglamentaria.

Los andorranos -o su mayoría al menos- hablan catalán y, como la mayoría de Europa, se manejan con el euro como moneda. ¿De qué vive un país con menos población que la capital de Mendoza y más chico que Maipú en su extensión geográfica? Con 468 kilómetros cuadrados, de los cuales sólo el 1,3% es zona urbanizada, el país presenta una densidad de población inferior a la media de los pequeños Estados europeos.

Andorra es un paraíso montañoso. Es un destino premium para esquiadores de todo el mundo, ya que tiene más de 300 kilómetros de pistas. El grueso de los visitantes de Andorra proviene de sus países limítrofes. El turismo es la fuente principal de recursos económicos del país.

Las características climáticas y geográficas de Andorra, junto con la falta de materias primas y de fuentes energéticas, impulsaron un desarrollo de la economía basado en las actividades terciarias. Los servicios son el sector más importante de la economía, al concentrar el 84,1% de las empresas y el 87,4% de los asalariados.

El comercio ocupa el 28,1% de los trabajadores y el 29,5% de las empresas de servicios, y la hostelería engloba el 14,5% y el 13,9%, respectivamente. La estructura empresarial del sector servicios se caracteriza por el predominio de la pequeña empresa. Así, el 79,8% de las empresas tienen cinco o menos empleados y sólo el 3,8% cuenta con una plantilla superior a 25 asalariados.

Cuenta con tres dominios -algo así como departamentos- dedicados a los deportes de nieve: Grandvalira, Vallnord y Naturlandia, que cubren casi la totalidad de actividades de nieve, con 318 kilómetros de pistas y 3.075 hectáreas de zonas esquiables.

Este pequeño país recibe cerca de 8 millones de visitantes al año, mientras que Mendoza recibió en cuatro años casi 12 millones de turistas, un promedio de 3 millones por año.

"Otro sector estratégico para el país es el sector financiero por su significativa contribución al PIB andorrano (el sector financiero y asegurador representa aproximadamente el 21%), siendo su núcleo el sistema bancario. Este, con unos recursos gestionados de 43.966 millones de euros en el año 2014, y con unas excelentes ratios de solvencia y liquidez, avala la buena evolución del sistema financiero andorrano, así como su consolidación tanto en el mercado interno como en el extranjero", dice un informe del país.

Así es como Andorra, un pequeño país europeo, ha sabido explotar sus recursos al máximo, tanto los naturales como los fiscales.

La andorramanía ya pasó

Patricia LosadaPeriodista de Diario UNO

Llegar a Andorra en los años '90 era llegar a un paraíso deslumbrante por donde se lo mirara. Encandilaba el brillo de los Porches zigzagueando entre los Pirineos, escenario de centros de esquí inmersos en pequeños pueblos de casas de piedra y laja. Deslumbraba la avenida Meritxell (la principal, que cruza el centro del principado), por su variedad de negocios, uno pegado a otro a lo largo de 20 cuadras. En las perfumerías, con poca plata, se podía comprar un perfume francés auténtico, una campera de esquí Salomone, un bolso Fila y luego sentarse en la terraza de un bar a comer un bocadillo de jamón ibérico o una tortilla francesa. Pero esos gustos eran para los españoles o franceses que cruzaban la frontera para hacer compras en cualquier época del año porque el cambio monetario les convenía. Era la época en que este país necesitaba mano de obra barata, para atender bares, limpiar hoteles o ser conserje si hablaba catalán (lengua oficial), francés y español. Una postal de aquellos años era ver la gran cantidad de argentinos, portugueses y españoles buscando trabajo. Los que sabían esquiar probaban suerte en las pistas y el resto, de lo que viniera. Pero todos encontraban un lugar, aunque el alojamiento fuera en la famosa pensión París o en los complejos de departamentos que se alquilaban por habitación. Nadie presumía de pedir mucho.

Bastaba con lo que había, porque se juntaba una platita y a la noche se iba de marcha, aunque los huesos dolían de estar parados o de limpiar una habitación de hotel. Pero la movida no terminaba allí. Pasado el invierno, muchos de los que trabajan enseñando esquí, se iban a Ibiza para la temporada de verano.

Hoy, esos años forman parte de la época de oro de Andorra. Ya no hay colas y colas de autos los fines de semana, el perfume francés cuesta lo mismo que en Barcelona o París y sentarse en una borda (restorán típico) cuesta varios euros, que muchos -sobre todo los españoles que no terminan de salir de la crisis por las hipotecas- no están dispuestos a pagar. Pese a todo, Andorra despierta en invierno porque la calidad de sus pistas de esquí son imán para muchos turistas. Este paraíso fiscal recibe 9 millones de visitantes al año, mucho de ellos atraídos por su sistema financiero, sus festivales de jazz, su gastronomía de fin de semana y su paisaje natural, que ofrece bosques que trepan los Pirineos y hasta rutas históricas de contrabando de tabaco, otro de los puntos claves que construyeron la economía andorrana.

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