Mendocinos Domingo, 2 de diciembre de 2018

Un alquimista de licores que tiene su laboratorio en la precordillera

Osvaldo Furrer Vigneaux. Crea licores con flores, frutas y bebidas, y hasta con hierbas de la montaña.

Si hubiera una palabra para definir la profesión de Osvaldo Furrer Vigneaux, un suizo que se crió entre Buenos Aires y Uruguay y vive en Mendoza desde el comienzo de la crisis del 2001, sería "alquimista".

Estudió y se recibió de ingeniero industrial en la UBA, pero con el tiempo y el devenir de la vida, se quedó a vivir en las cercanías de la precordillera mendocina, puntualmente en Blanco Encalada, donde tiene su emprendimiento gastronómico. Allí ha instalado su laboratorio de brebajes exquisitos: licores de rosas, de frutas y hasta de hierbas que crecen en nuestra montaña.

Furrer Vigneaux es un experimentador. Fabrica su propio whisky, su propia cerveza y sus licores extraños que salen de su más absoluta creatividad.

Tiene un pequeño restorán y una tienda en la que comercializa lo que fabrica, pero lo hace en forma artesanal: no le interesa producir a granel. Para él, lo fundamental es inventar y no aburrirse nunca con su trabajo.

A los 15 años viajó desde Montevideo, Uruguay, a Buenos Aires, donde estudió Ingeniería Industrial. Luego una empresa alemana lo trasladó a Mendoza.

-¿Por qué elegiste Mendoza para vivir?

-Me gustó Mendoza y me quedé. En el 2001 dejé la ingeniería y me dediqué a lo que era mi hobby: la comida y la bebida.

-¿Fue muy difícil el cambio?

-No sé si difícil, pero sí muy radical. En Buenos Aires trabajaba en Suipacha y Diagonal Norte. A media cuadra del Obelisco. Venir a vivir acá es muy diferente. Cuando me ofrecieron el traslado a Mendoza, agarré viaje ahí nomás.

-¿Cómo decidiste dedicarte a esto?

-Era un entretenimiento para mí. Pese a que mi formación es de ingeniería, me gustaba cocinar. Empecé haciendo dulces para mis hijas y para mis amigos. Después me puse a fabricar licores. En la crisis del 2001, mi ex mujer trabajaba en turismo de bodegas y me dijo de poner algo en la Ruta del Vino, en Maipú.

-¿Fueron pioneros en el turismo vitivinícola?

-Todas las actividades que hoy existen en torno del enoturismo no se habían desarrollado en su totalidad. Recién se estaba armando y el negocio anduvo muy bien.

-¿Era un restorán?

-No exactamente. Era una fábrica de lo que yo producía, con vista al público, con visita guiada y degustación.

-¿Cuál es tu fuerte?

-Originalmente, mi especialidad era el chocolate. Pero fui metiéndome a fabricar destilados y ahora me dedico, fundamentalmente, a hacer whisky. La comida fue algo más bien casual. Es apenas para acompañar las otras creaciones, porque acá en la zona de Cacheuta no hay turismo receptivo extranjero, entonces, tuve que ofrecer comida también. Tengo una carta muy chica y hago tres o cuatro platos con reminiscencias suizas, pero no más que eso.

-¿Quién te enseñó a cocinar y a fabricar destilados?

-En cuanto a la cocina, es un poco aprendizaje de familia. A mi madre y a mi padre les gustaba cocinar, y un poco lo fui captando de niño. Pero tengo un espíritu científico, por mi formación me gusta experimentar. Esto fue lo que me impulsó a crear bebidas originales.

-¿Cómo se te ocurren las recetas?

-Muchas son heredadas, las que tienen que ver con tradiciones suizas o francesas. Otras son modificadas, y una gran parte son inventos y pruebas mías.

-¿Hubo personas en tu familia que se dedicaban a esto?

-No exactamente, todos eran más bien químicos locos, pero el que se dedicó a probar y a inventar fui yo.

-¿Algunas de tus bebidas son creaciones 100% tuyas?

-Varias. Tengo un licor que se llama Passion de Femme. Se lo hice a mi ex mujer cuando cumplimos 20 años de casados. Es un licor de rosas, azahares y jugo de naranja, y se toma mezclado con champán o con vino blanco frío. Otro de mis licores se llama Muerte Rusa y está compuesto por vodka, frutas y ají . Tengo uno que se me ocurrió hacer con hierbas de la montaña mendocina y se llama Elixir.

-Es casi un homenaje al lugar en donde vivís ahora.

-Es una creación muy similar al fernet, pero que está inspirado en los sabores de la tierra mendocina.

-¿Nunca se te ocurrió hacer algo que tuviera que ver con la industria del vino?

-Yo tuve contacto por mucho tiempo en ese sector, como proveedor, primero vendiendo maquinaria y tecnología, por la empresa para la que trabajaba. Más tarde tuve una tonelería Querqus (que es el nombre científico del roble). Era en un comienzo una cooperativa de trabajo. La industria del vino no era para mí, no me gustaba el ambiente.

-¿Qué fue lo que no te gustó en particular del mundo del vino?

-Es una industria muy careta y después un show. Además, produce un derrame económico muy bajo y está muy viciada. Se volvió muy snob. Decidí abrirme. El consumo de vino cae y con los jóvenes no dan en la tecla.

-¿Cuál es tu opinión sobre las nuevas estrategias para venderles vino a los más jóvenes, como el hecho de vender vino en lata?

-Creo que están desesperados y no aciertan. Es fácil: bajen los precios y van a vender más. La industria vitivinícola es muy cruel. Pagan mal, juegan con los proveedores, con los productores, al máximo. De bodegas muy conocidas he visto maltratar a los empleados.

-¿Te considerás una especie de alquimista?

-Sí, porque si no investigara y probara, me aburriría. Necesito estar siempre experimentando y probando.

-¿Cómo comercializás tus productos?

-Los hago en pequeñas cantidades, para vender en mi restorán. No me interesa comercializarlos en forma industrial. Soy un artesano en lo que hago. Solamente llevan mi apellido.

-¿Tenés gente que te ayuda?

-Trabajo absolutamente solo, creo los productos, cocino, sirvo las mesas y hasta diseño las etiquetas de los licores, whiskys y cervezas artesanales que fabrico.

-¿No te cuadra el trabajo en equipo?

-Cuando me divorcié me fui a vivir a Suiza y cuando volví me juré nunca trabajar con nadie, ni tener socios. Hago todo yo.

-Cuando has hecho un producto que te ha gustado mucho, ¿lo repetís?

-Lo vuelvo a hacer si se vende o si no lo discontinúo. Hay cosas que hago y me terminan aburriendo o me olvido. Cuando me divorcié, anoté por primera vez las recetas, en general, las tengo en la cabeza.

-¿Cómo fabricás el whisky?

-Hacer whisky es como hacer una cerveza con más graduación alcohólica. No lleva lúpulo, por el amargo. Destilás y obtenés un alcohol blanco. Ese alcohol va a una barrica quemada adentro, muy negra, mucho más quemada que la que se usa para el vino. El 80% del color y el sabor del whisky está dado por la barrica.

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