Mendocinos Domingo, 2 de diciembre de 2018

Teresa Barbera, toda una vida dedicada a la cocina

La conocida dueña de restoranes, nacida en Ancona y con un programa en El Siete, celebró sus 70 años en el país.

En civilizaciones antiguas, los ancianos eran venerados y sus consejos respetados. Con el tiempo eso fue cambiando y se le ha dado protagonismo excesivo a la juventud y su dinámica. Esto hizo que la sabiduría empírica de los mayores fuera descartada e, incluso, denostada. Una mujer con una historia larga de vida, a principios del mes pasado celebró los 70 años de su llegada a la Argentina y el próximo viernes cumplirá 84 años. Se llama María Teresa Corradini, pero en Mendoza todo el mundo la conoce como Teresa Barbera, la de la cocina mágica.

Lejos de la pasividad, es bueno escucharla y aprender lecciones de las que no salen en los libros, si no las que se grabaron a sangre y llanto. La edad no la limita y nada parece detenerla. Con 68 años en la gastronomía, atiende la cocina de su restorán Francesco y tiene su programa de TV Aromas de Vida, que se ve los sábados por El Siete, a las 13.30.

El dolor y l'América

Llegó al país a los 13 años en el barco Santa Cruz, junto con su familia, escapando de la pobreza de posguerra en Italia, invitados por un tío que había venido en 1928, huyendo del fascismo. Arribó con sus padres, Lucio Corradini y Fernanda Torresi; sus hermanos Giuseppe, Gabriela y el cadáver de su querido hermano menor, fallecido durante el viaje a l'América, donde se iban a atrever a soñar, tras vivir la cercanía diaria de la muerte.

Sobre el dolor dice: "Es algo que te corta en dos, pero te deja siempre una ensañanza, un mensaje. Los muertos sirven para que seamos mejores. En el vapor que nos traía a Argentina, vimos morir a mi hermano menor Angelo. Faltaban dos días para llegar a Buenos Aires y por eso no lo tiraron al mar. Murió por un enema que le pusieron cuando tenía peritonitis. En medio de tanta tristeza, mi hermano mayor, Giuseppe, juró que iba a ser médico (para que no muriera nadie más por ignorancia). Lo logró y salvó muchas vidas".

Mirando la crisis hoy

Desde una mirada comparativa, habla de la crisis social y económica actual, y achaca mucha culpa a gobernantes y sindicalistas, y dice que en vez de ayudar al trabajador, se preocupan más por su propio beneficio. "Hace falta mucha inversión en el país para salir adelante. Pero no vienen porque les tienen miedo a los sindicatos. De chica aprendí que todos tenemos que ganarnos el pan trabajando, pero ahora cuesta mucho conseguir gente que trabaje y le ponga cariño, algo fundamental en este rubro", aclara.

También Teresa le pega al Gobierno actual explicando que se está generando una brecha muy grande entre los que pueden estudiar y quienes no. "En poco tiempo va a haber una separación muy grande y eso no lo pueden permitir los gobernantes, porque es injusto". Y agrega: "A la gente hay que enseñarle cosas, para que pueda defenderse, no darle subsidios. Mi hijo, Joaquín, fallecido muy joven, me decía que ayudara a la gente y enseñara a cocinar. Al morir él, eso me quedó grabado y he tratado de enseñar lo que sé", dice.

La mujer que comenzó a cocinar a los 14 años con su mamá, aprendió lo que es luchar en la vida. Apenas llegaron a Mendoza, en 1950 (tras un año en San Juan) abrieron una pensión en calle Patricias Mendocinas 1550, que era su casa y donde toda la familia vivía en una sola habitación para alquilar el resto.

"Era difícil hallar trabajo, desconociendo el idioma. Mi papá daba clases de música, pero no alcanzaba, y mi mamá comenzó a cocinar para los clientes. Nunca voy a olvidar aquello: fue un chupín de pescado y le costó encontrar pescados pequeños, como los del Adriático. Así entré al mundo de la gastronomía", rememora.

Teresa afirma que hay que tener humildad y cariño al trabajo que uno hace. "Hay crisis y yo beso el piso cuando llegan turistas al restorán. Les damos la mejor atención, queremos que sientan que están en su casa. Yo no soy chef, cocino como lo hace una mamá, como me enseñó la mía. Trato de mirar la cara del cliente cuando se retira. Si no saluda y se va sin mirarnos, es que no quedó conforme. Si apenas sonríe, es que se conformó a medias y tenemos que esforzarnos más. Pero si vemos una sonrisa con todos los dientes, eso es la gloria. Sabemos que va a volver", sostiene la mujer nacida en Ancona, Italia.

María Teresa se casó con Francesco Barbera, "mi víctima, ya que siempre discutimos, pero me deja hacer lo que yo quiero". Tuvo siete hijos: Santina, Angelo (fallecido como su tío del mismo nombre), Beatriz, Joaquín (también fallecido joven), Fernando, María Luisa y Bernardetta. "Con mi esposo nos propusimos que debíamos darles a los hijos estudio. En casa habían aprendido lo que es el trabajo, ayudándonos a nosotros, el respeto y cariño hacia todos", cierra.

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