Mendocinos Domingo, 14 de octubre de 2018

Ítalo, el chico que camina 17 kilómetros para ir a la escuela

Vive en Costa Anzorena, de Rivadavia, y estudia en Tunuyán, donde reside con su abuela. Cada tres meses vuelve a su casa.

Va el niño por el camino. Polvo adelante y más polvo detrás. Son 4 horas de polvo, de una nada sin sombra. Son 17 kilómetros, tranco a tranco. Va en silencio. Vuelve a su casa, después de casi tres meses. Tiene como 13 años y esa es poca edad para tanta ausencia. Viene de Tunuyán, va al paraje de Costa Anzorena. Viene de la casa de su abuela, donde se aloja para hacer la secundaria. Va a la casa de sus padres, de sus hermanitas, a su casa.

Va el hombre en su auto. Viene de Rivadavia y va al paraje de Costa Anzorena. Tiene que inaugurar una red de agua potable para las 16 familias del pueblito y para la escuela de 29 alumnos y dos docentes.

"Nosotros estábamos entrando por Battistoni, un camino que nace de la Ruta 40, antes de llegar a Tunuyán, y que va hacia el paraje de Costa Anzorena. Como al kilómetro y medio iba un chico caminando, con una mochila. Cuando uno ve a alguien de a pie en medio del campo, lo primero que hace es pararse y darle servicio, preguntarle para dónde va, si necesita que lo lleve, si necesita algo...", cuenta el hombre del auto. Es Miguel Ronco el hombre, intendente de Rivadavia.

El niño caminante, el de la mochila a cuesta, es ausente, es Ítalo Godoy. Cuatro años antes el niño llegó a la escuela 1-545 Miguel José Pérez sin leer ni escribir y con una historia escolar discontinua. Uno de cinco hermanos y el sexto en camino, Ítalo es integrante de una familia vulnerable.

Extremadamente tímido, sus respuestas son monosílabos. Cuando terminó la primaria, el año pasado, sus padres decidieron que fuera a la casa de sus abuelos en Tunuyán y continuara la secundaria. Para eso debe estar períodos largos fuera de casa. Apenas regresa cada tres meses, cuando puede. Y, sin transporte, debe caminar 17 kilómetros. Cuatro horas.

"Esa familia es muy humilde. Ítalo quiere estudiar. Si le va bien en la secundaria, quiere seguir. Nosotros ahora vamos a hacerle un seguimiento y ayudarlo. Ojalá que pueda seguir, esa gente hace mucho esfuerzo", dice Ronco.

Cuando el auto llegó al paraje, a la escuela que es el centro de casi todo, Ítalo se bajó y dos niñas y un pequeño salieron corriendo hacia él y lo abrazaron, llorando. Eran tres de sus hermanos. "Debés ser muy buen pibe para que tu hermanos te abracen así...", le dijo Fernando, un colaborador del intendente, cuando vio la escena.

La escuela Pérez tiene 51 años de historia, en este paraje, que se fue formando por la actividad petrolera de la zona, por algunas chacras y especialmente porque el agua no está muy lejos de la superficie.

"Nuestros alumnos, cuando egresan, la única posibilidad de continuar estudiando es en una escuela secundaria de El Carrizal, en Luján. Hay un de transporte de la DGE que llega hasta el río Tunuyán, pero no a la escuela y los alumnos deben hacer el resto a pie, que son unos 6 kilómetros. Ítalo optó por irse a Tunuyán", cuenta Virginia Torrejón, maestra /directora de la escuela.

Hay sólo dos docentes en esa escuela y ambos hacen 90 kilómetros diarios para dar clases. Pero, contra lo que puede suponer una mente citadina, "para nosotros es un placer dar clases acá", dice Virginia.

Costa Anzorena tiene 16 familias, la escuela y un centro de salud que es visitado cada tanto por algún médico. "Las familias de acá no tienen movilidad, todo se hace a pie o a caballo", cuenta la docente.

Es el paraje más austral del departamento de Rivadavia y la última escuelita.

La historia se conoció porque Miguel Ronco la tuiteó. Escribió, junto con algunas fotos: "Camino a la escuela Pérez, a pocos metros de dejar la Ruta 40 para ingresar por el camino enripiado hasta la misma (17km) encontré a Ítalo que caminaba, lo llevamos hasta su casa, hubiese caminado 4 horas de no haberlo encontrado...".

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