Decisiones ante el fin de la vida

La sedación terapéutica es un camino para no sentir dolor ante una enfermedad terminal

En Argentina, si bien la eutanasia no es legal, sí lo es el proceso para sedar a las personas en estado terminal. Cuáles son las situaciones en las que se puede poner en práctica

En Argentina, si una persona tiene una enfermedad terminal y no hay fármacos que alivien su dolor físico o existencial no puede elegir cuándo morir, pero sí cuándo dejar de sufrir.

La sedación es un derecho al que puede acceder un paciente terminal tal y como lo determina el artículo 2° inciso C de la ley 26529, conocida como “Derechos del paciente” y su modificación, la 26.742 “ley de Directivas Médicas Anticipadas”. y su Decreto Nº 1.089/12,

Además, así quedó plasmado en el fallo de la Corte D.M.A s/ Declaración de Incapacidad, que data del 19 de abril del 2013.

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En Argentina se puede optar por la sedación cuando todos los otros métodos para aliviar el dolor ya no dan resultado en un paciente terminal.

En Argentina se puede optar por la sedación cuando todos los otros métodos para aliviar el dolor ya no dan resultado en un paciente terminal.

Diario UNO consultó con los médicos Alejandro Díaz Masa, especialista en cuidados paliativos y Marcelo Álvarez, oncólogo, quien fue coordinador del equipo de cuidados paliativos del Hospital Central.

Ambos especialistas explicaron cómo y por qué puede realizarse entre procedimiento.

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La diferencia entre sedación y eutanasia en una enfermedad terminal

Desde lo médico, pero también desde lo legal, eutanasia y sedación no son sinónimos. Así lo explicaron Álvarez y Díaz Masa.

Esto porque, mientras la eutanasia es un proceso por el cual se le aplican al paciente terminal drogas en dosis letales, la sedación es una forma de ayudar a la persona enferma y cuyos síntomas ya no pueden aliviarse con ninguna medicación o tratamiento, a entrar en un sueño, que evita el dolor, tanto físico como existencial.

En Argentina, por las leyes mencionadas y por el fallo de la Corte de la Nación el proceso de sedación es legal.

Sin embargo,debe realizarse siguiendo protocolos.

Protocolos para decidir la sedación

Uno de los aspectos indispensables es el de haber probado otros tratamientos para que la persona enferma no sienta dolor o mejore su calidad de vida, y que éstos ya no dieron resultado.

Los tratamientos para aliviar dolencias extremas se realizan con opioides y otros medicamentos mucho más potentes que la morfina, como el ventanilo. Esta droga es tan fuerte que precisa una internación en terapia intensiva para monitorear a la persona que la recibe.

Hay casos en los que ya se ha hecho uso de todos los medicamentos inhibidores del dolor existentes, inclusive el de utilizar la llamada “bomba de dolor”, aunque correctamente debería mencionársela como anti-dolor, porque lo que hace es liberar dosis de morfina por goteo, en forma permanente, para que la persona se siente aliviada. En las situaciones extremas, puede no lograrse el resultado esperado.

Si el panorama para la persona en estado terminal de su enfermedad es el descripto anteriormente y está consciente, o bien lo ha dejado indicado en sus Directivas Médicas Anticipadas, tiene derecho a solicitar la sedación y el sistema de salud no puede negársela.

Para sintetizar: esta determinación es parte de la privacidad de la persona que sufre las dolencias. Solo en el caso en el que el paciente no lo haya determinado y ya no esté en condiciones de decidir al respecto, puede ser un camino por el que opten sus seres queridos o una sugerencia del médico tratante.

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Derecho a rechazar tratamientos

Otro de los derechos inalienables de un paciente terminal es no recibir tratamientos cuyo objeto sea prolongar la vida aunque esto implique agonía.

Son las medidas de soporte vitales, la resucitación y hasta la alimentación y la hidratación.

Ninguna de estas decisiones debe judicializarse porque no representan una práctica eutanásica, sino una abstención del tratamiento médico.

Además de las leyes antes mencionadas, está vigente el fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación en el caso D.M.A.

En el 2013, se pidió la desconexión de todas las medidas de soporte vital para un hombre que sufrió un accidente en 1995 y permaneció 20 años viviendo a través de la utilización de esas técnicas específica.

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