Crónicas de la Infamia: "Operativo Mayo 1978" - Capítulo II

Por UNO

*El siguiente relato fue extraído del expediente del noveno juicio por delitos de lesa humanidad durante la última dictadura militar*

La última vez que vio a su padre tenía 6 años. Recién cuando entró en la adolescencia empezó a entender las cosas. Entendió que era militante. Entendió que lo habían desaparecido. Y entendió que la Justicia no es venganza.

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Corría 1978. Aldo Patroni era un niño. Solía alternar entre la casa de su abuela paterna y de su madre. Sus padres se habían separado hacía un tiempo. Años después se enteraría que decidieron distanciarse por motivos de seguridad.

Mendoza estaba en boca de todo el mundo. Era mayo y dentro de un mes comenzaría el Mundial de Fútbol que tenía al estadio Malvinas Argentinas como sede. Excusa militar para acabar con los "subversivos residuales", es decir, aquellos que habían zafado de los múltiples operativos ilegales del Gobierno de facto.

Fue el 17 de mayo, a las 6. Algunos uniformados. Otros de civil. Entraron en esa casa ubicada en Videla Castillo de Ciudad. Aldo Patroni (26), homónimo de su hijo, era el apuntado. Sabían que militaba en el ERP.

Los secuestradores redujeron primero a su madre. La maniataron y vendaron. Allí, en el suelo, escuchó el motor del auto que se llevó a su hijo para siempre.

Intentó recuperarlo de varias formas. Hizo una denuncia en la comisaría, donde les mostró las sogas con las que la habían atado. "Esto le corresponde al Ejército", le respondió el policía.

Aldo Patroni hijo terminó radicado en Buenos Aires. Ya en democracia, se sumó al Ejército. En un juicio explicó el motivo: "los cambios se hacen por dentro". Idealista. Algo sacó de su padre.

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