Fernando Figueroa, de 43 años, es el único imputado por el crimen de Adela Rodríguez y su pareja Cristian Ivars, quienes fueron atropellados y atacados a hachazos luego de compartir un asado en la alta montaña. La pareja del acusado declaró que sufre de brotes psicóticos y está medicado. Aseguró que jamás había tenido un ataque tan violento y desmedido.

Cuando la Policía encontró a Figueroa, de 45 años, dentro de un Renault Scenic, sobre la Ruta 52, a la altura del barrio Las Bóvedas, en Uspallata, su pareja, de 40 años contó lo que había pasado espontáneamente.

En su relato, explicó que Figueroa sufre brotes psicóticos, patología para la que está medicado y agregó que jamás había tenido una reacción tan peligrosa.

Mientras la mujer relataba lo que había ocurrido con Rodríguez e Ivars, Figueroa estaba tranquilo, como si nada hubiese pasado. O como si el hecho lo hubiese cometido otra persona, pero no él.

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Para sorpresa de los investigadores, el mismo Figueroa relató los hechos, pero siempre en total tranquilidad.

En un primer momento, fue imputado por homicidio simple, por la muerte de Rodríguez. Pero luego de la muerte de Cristian Ivars, la fiscal de Homicidios Andrea Lazo, cambió la calificación y la causa quedó como homicidio agravado por alevosía, lo que prevé una pena de prisión perpetua.

De todas formas, esperan los resultados de todos los peritajes del Cuerpo Médico Forense, cuyos especialistas deben determinar si el hombre es imputable o no por su presunta patología psiquiátrica, y si en el momento del hecho comprendía la criminalidad de sus actos.

El asado que terminó en muerte

Ocurrió en la madrugada del viernes 16, cuando una pareja fue encontrada al costado de la Ruta 7, a la altura del túnel 3, por un camionero que avisó al 911. En un primer momento se creyó que habían sido atropellados, pero no se entendía cómo las víctimas habían llegado hasta ese lugar.

En el lugar, los efectivos constataron que Adela Rodríguez, de 46 años, estaba muerta, y que su pareja Cristian Ivars, de 45 años, estaba muy golpeado y ebrio, de tal forma que poco se le entendía lo que contaba sobre lo ocurrido. La segunda hipótesis que surgió fue que había sido un femicidio.

Pero en el transcurso de esa mañana la situación cambió por completo, cuando los pesquisas encontraron un Renault Scenic en la Ruta 52, a la altura del barrio Las Bóvedas, en Uspallata, con el frente chocado, el parabrisas dañado. En el interior había una pareja.

La mujer, de 40 años, al ver a los policías contó lo que había pasado espontáneamente y dio todos los detalles.

Dijo que fueron a la alta montaña a comer un asado con sus amigos Rodríguez e Ivars, pero que al regresar, todos habían tomado mucho. Figueroa era quien manejaba, y estuvo a punto de chocar dos veces. Esto generó la molestia de la pareja amiga, quienes tuvieron una discusión, hasta que el dueño del auto detuvo la marcha y los bajó, abandonándolos en el túnel 3, sobre la Ruta 7.

Según el relato de la pareja de Figueroa, siguió su marcha, hasta que en un momento decidió regresar. Ella creyó que había recapacitado y que los buscaría para llevarlos a su casa, pero lejos de eso, al encontrarlos, los atropelló.

Como si eso fuera poco, Figueroa se bajó del auto, tomó un hacha que tenía en el baúl e hirió a hachazos a sus amigos, al parecer, para asegurarse su muerte. Luego, como si nada, se subió al auto y siguió la marcha.

La mujer quedó en la causa como la principal testigo del hecho, mientras que su pareja quedó detenido e imputado.

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