Matías Tello tenía 21 años. Estaba preso acusado de cometer un robo. Murió repentinamente. Médicos y penitenciarios estuvieron sospechados de matarlo mediante tortura y encubrir el hecho. Pero este jueves, ocho años después del fallecimiento, la causa judicial se desvaneció.

En una oscura celda del penal de Almafuerte, allá por la noche del 31 de octubre de 2012, Matías Tello cayó desvanecido al piso. A los minutos recuperó su conciencia. Un médico de la cárcel constató que tenía un moretón en el codo y lo mandó la psiquiatra.

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Ya en la madrugada del día siguiente, su situación era más comprometida. Ingresó convulsionado al Hospital Central. Quedó en terapia intensiva y con respirador artificial. Murió tres días después. La sangre había colapsado su cerebro.

Se inició un expediente judicial que apuntó contra cinco personas. Dos agentes penitenciarios sospechados de haberlo golpeado, un médico por haber retrasado su atención médica y dos agentes de Seguridad Internas por haber falseado un acta donde Tello firmaba que se había caído sólo.

Les imputaron una batería de delitos: vejaciones, homicidio culposo, incumplimiento de los deberes de funcionario público y falsificación de documento público.

Tras ocho años de investigación y la misma cantidad de cuerpos en el expediente penal, ayer todos terminaron sobreseídos por el beneficio de la duda. Es decir, no se pudo probar que existió la tortura de los penitenciarios y el posterior encubrimiento del resto.

Para que el fiscal Carlos Torres tomara la decisión –la cual fue avalada por el juez Diego Flamant- fue clave el informe de los médicos forenses. Los peritos determinaron que Matías Tello murió por meningnoencefalitis. Una extraña enfermedad que produce varias hemorragias cerebrales en forma acelerada. Pero más importante: dictaminaron que el cadáver tenía el cráneo indemne y el cuero cabelludo no presentaba particularidades.

Esta prueba, sumada a que no hay testigos que hayan visto la supuesta golpiza de los penitenciarios, terminaron beneficiando a los sospechosos.

De todas formas, los abogados de la familia Tello podrán intentar revertir el sobreseimiento ante un juez superior. Parece que la última palabra no está dada.