Vivimos en un país donde abundan los opinólogos y si se trata de fútbol y política, ni hablar. Todos creen tener la razón, argumentan, cada uno con sus armas de conocimiento y saben dónde está el problema.

Algunos opinan con buen criterio y otros tantos suelen irse al pasto. Por eso muchas veces no logramos ponernos de acuerdo. Con la Selección Argentina pasa algo así.

Hoy el conjunto nacional no está atravesando su mejor momento futbolístico en las Eliminatorias Sudamericanas. No juega bien y viene de caer a la zona de Repechaje después de perder en la altura de La Paz frente a la humilde Bolivia por 2-0.

Entonces las opiniones están a la orden del día y en todos lados. Diría que casi no se habla de otra cosa (el otro tema por excelencia es saber si sos o no sos K).

Todos salimos a hablar y está bueno que así sea. El tema es la manera en la que lo hacemos. Es decir, si somos constructivos o destructivos. Y en este país gana por goleada la segunda opción. Lo que antes era bueno hoy es malo.

En la semana llegué a escuchar barbaridades de la talla de: "Ojalá que Bolivia golee a Argentina", "Son todos unos muertos"; y no faltó el famoso "Que se vayan todos".

Respeto cada opinión, pero para nada estoy de acuerdo con este exitismo absurdo que no conduce a nada. Solo destruye.

Cómo uno puede pensar que Lionel Messi, Gonzalo Higuaín, Ángel Di María, Sergio Agüero y Lucas Biglia, por nombres algunos, son malos jugadores de fútbol, que no saben nada de esta disciplina y que están robando en la Selección. Es una locura total.

Estos jugadores son los abanderados de nuestro fútbol, brillan en Europa desde hace tiempo y con la Selección llegaron a tres finales (una del mundo y dos de América). Las perdieron es verdad, pero revivieron un equipo que hace tiempo no llegaba a una instancia similar. Lograron respeto en el mundo entero. Todos o casi todos nos sentimos orgullosos de una selección, algo que hace rato no pasaba.

¿Y entonces por qué este presente? Considero que como todo ciclo de trabajo, este se agotó. Lo que antes salía de memoria, hoy no sale. El tiro libre que iba al ángulo, hoy se va a fuera; y el pase perfecto, hoy sale sucio. Tan simple como eso. Se acabó la química, hay un desgaste lógico, es normal que eso suceda en un grupo laboral.

Por eso es hora de darles un respiro a los jugadores "viejos" (menos Messi) y buscar un recambio para que vengan otros jugadores que le den nuevas respuestas al equipo. Y esta será una tarea para Edgardo Buaza o el entrenador que venga a reemplazarlo.

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