"Desplegar ideas y explicarlas", así definió una vez el filósofo Darío Sztajnszrajber, uno de los máximos referentes en la divulgación argentina, a su vocación por la docencia. Algo que suena tan sencillo tiene un peso inmenso para los educadores que orientan a diario a un curso con el que conversan acerca de sus ideales y sus formas de vida.
Hablamos de aquellos que se comprometen con su profesión, que pasan horas y horas eligiendo el modo más adecuado para dar a sus aprendices las herramientas intelectuales para enfrentar la vida. En tiempos donde los maestros son cuestionados permanentemente por sus huelgas en reclamo de mejores salarios, donde se los critica por tener "tres meses de vacaciones"-cuando en realidad esto no es cierto debido a los recuperatorios-, en fin: el acento se pone en el lugar incorrecto.
Es oportuno mencionar esta situación en un día donde se dieron a conocer dos casos extraordinarios que están vinculados a este ámbito. No hablamos de las declaraciones del ministro de Educación Esteban Bullrich, quien acusó a los docentes santacruceños de "dejar a los pibes sin clases y de destrozar la escuela estatal", por el contrario, nos referimos a Silvana Corso y Hugo Baricheval. La primera es directora de una escuela pública que fue elegida entre los 50 mejores docentes del mundo para el denominado Global TeacherPrize (Premio Mundial al Maestro)-una suerte de premio Nobel de la docencia-, por su desempeño en una institución, cuya población mayoritaria es de alumnos de muy bajos recursos de Fuerte Apache y otros tantos con discapacidades severas, como la hidrocefalia, parálisis cerebral o la esquizofrenia.
Corso fue seleccionada así entre más de 20.000 nominaciones de 179 países de todo el mundo y representa a Argentina, una de las apenas 39 naciones incluidas en la preselección. La docente luchará por un premio conmemorativo de 1 millón de dólares, cuyo ganador será revelado en Dubai, Emiratos Árabes Unidos, el 19 de marzo de 2017.
Al hacerse pública esta noticia, expresó: "...la clave de esta escuela realmente son todos los docentes. Se reinventan todos los días. Todos los días son un misterio. Nunca sabemos qué va a pasar, qué puede explotar. Hay días en que los chicos se brotan y hay que poner el cuerpo". De eso se trata ser maestro hoy, de convertirse en más que un referente para el niño o adolescente.
Bien lo sabe Hugo Baricheval, quien se encargó de visibilizar la segunda historia de esta semana. Se trata de un maestro que desde hace ya varias décadas trabaja en una escuelita rural cercana a la localidad chaqueña de Pampa del Indio. Una foto que lo dijo todo: un niño llamado Efraín Abel junto a su abuelo-quien lo crió-, lloran de emoción al recibir el diploma por finalizar los estudios primarios. Lo más emotivo de todo, es que este pequeño caminó todos los días seis kilómetros para llegar hasta la escuela. "Y no faltó nunca en todo el año. Es un chico excelente", explicó el maestro de la escuela N° 239, Pedro Inchauspe, quien aprovechó la repercusión de la imagen en los medios para conseguirle una bicicleta que le permita seguir estudiando.
Historias de este tipo hay cientos todos los días en nuestro país, tal vez es hora de que se comience a valorar un poco más el rol del educador argentino y fomentar su actividad, para que se multipliquen las "Silvina" y los "Hugo" alrededor del mundo.
