En Nordelta

Eduardo Costantini contó que convive con carpinchos

El empresario y su esposa, la modelo mendocina Elina Fernández Fantacci, contaron que conviven en su casa de Nordelta con los carpinchos en el jardín

Por UNO

Eduardo Costantini y la mendocina Elina Fernández, su pareja, aparecieron juntos en televisión en Debo decir, América, y hablaron de los carpinchos que viven en su casa de Nordelta. Además, el empresario se refirió al tema dinero y si es importante o no en su vida.

"La vida no va por la plata, la vida tiene muchas aristas y lo más importante es la humildad y el amor. La plata es un vehículo, un instrumento que te puede dar estabilidad y desarrollar proyectos. Como coleccionista, la plata me sirvió para dar continuidad a proyectos. El arte sube de precio y si vos querés seguir por una colección, todos los museos tienen que adquirir obras. No es la carrera por la plata misma", indicó Costantini.

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Y ante la consulta de Luis Novaresio sobre la plata que tenía, el empresario contó: "Por ahí tengo un orden. Pero por ejemplo, las acciones hoy valen algo y mañana no. Las obras buenas por ejemplo a través del tiempo va subiendo de precio. Yo no vendo las obras, el coleccionista es muy drogadicto: compras y después querés comprar de nuevo. Es fascinante el proceso. Cuando empecé a coleccionar hay obras que las pagué menos de un décimo de lo que valen ahora".

En cuanto a los carpinchos, sentenció: “Nordelta, lo que tiene de espectacular, es que vos creas comunidad. Y es una caja de resonancia. En un país donde hay más del cuarenta por ciento de pobreza, los nordelteños están vistos como una elite. Y se producen un montón de problemas: tuvimos los narcotraficantes de Nordelta, tuvimos la cheta de Nordelta que era una cosa patética...”.

Carpinchos-en-Nordelta

Y aseguró: “Había una población mucho menor de carpinchos. Aparte, antes eran atacados hasta por el ser humano que iba a cazarlos. En cambio, desde que se construyó Nordelta, no hay ningún depredador, por lo que tienen un ecosistema con una taza de crecimiento enorme. Así que, ahora, lo que hay que encontrar es un sano equilibrio de convivencia entre la fauna y la flora y los habitantes”.

Por su parte, Elina comentó sobre los roedores: “Están en la casa como un perro más. Hace tres días tuvieron doce crías, son chiquititos. Porque son dos familias de carpinchos las que tenemos viviendo al lado de casa. Por eso nosotros les vamos a recrear su lugar, con más espacio. Pero son divinos”.

Elina y Eduardo: una historia de amor

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