Una de las películas favoritas en los premios Oscar, que se alzó con tres estatuillas, llega esta semana a los cines mendocinos.Se trata de Whiplash, gran triunfadora en el Festival de Sundance y representante de la escena independiente en los premios de la Academia de Hollywood, donde J.K. Simmons ganó como mejor actor de reparto gracias a su feroz retrato de un profesor capaz de todo por extraer el talento de su joven pupilo.
La cinta, dirigida y escrita por Damien Chazelle –autor del guión de la española Grand Piano (2013)–, narra la historia de un baterista de jazz decidido a alcanzar la perfección a toda costa, bajo las directrices de un implacable instructor.“Ese nivel de exigencia es algo que sólo quieren los masoquistas”, dijo Simmons sobre su personaje. “Como actor, uno debe ser dirigido e incluso empujado a ir más allá, pero la manipulación y los abusos no deberían tener cabida, no ya en cualquier profesión, sino en la vida”, agregó el consagrado actor.
Miles Teller, conocido por sus trabajos en Divergente y The spectacular now, encarna a Andrew Neiman, un tipo ambicioso que desea fervientemente convertirse en el mejor baterista del mundo y dedica todos sus esfuerzos a lograr esa meta, dejando a un lado cualquier tipo de ocio o relación sentimental.“El éxito de un proyecto se basa en la colaboración”, sostuvo Teller. “No quiero un director que me dé una palmadita en la espalda y me diga constantemente: ‘hey, buen trabajo’. Otras veces han estado demasiado encima y no he tenido libertad para tomar decisiones y probar cosas. Necesito a alguien que preste atención a lo que hago, me guíe y me inspire para poder mejorar”, añadió.En Whiplash, sin embargo, esa figura, encarnada por Simmons, cruza todos los límites provocando un debate en el espectador: ¿Hasta qué punto es suficiente?, ¿cómo consigue alguien convertirse en un prodigio?Simmons, de 59 años y conocido como el editor J. Jonah Jameson de la saga El hombre araña de Sam Raimi, interpreta a Terence Fletcher, un hombre conocido por su talento como docente y por sus temibles métodos.El arquitecto de este proyecto es Damien Chazelle y es fácil percibir los tintes autobiográficos que hay en él. Chazelle, de 29 años, fue también un joven baterista en la orquesta de una escuela de jazz, pero el sentimiento que lo acompañaba cada vez que asistía a clase era el miedo. Miedo a fallar en una nota, a perder el ritmo y, especialmente, miedo a su profesor.Con Whiplash, según contó, quería hacer una cinta musical que se asemejara a una obra de guerra o de gánsters donde los instrumentos remplazarán a las armas y donde las palabras sonarán tan violentas como las pistolas.


